La palabra del Presidente
A la onceava hora en el debate sobre los límites de la pesca industrial con redes de cerco, recordamos las palabras del presidente Torrijos Espino: "Me metieron un gol". Su intención, su línea, ampliamente difundida a los medios y la ciudadanía en general, era clara y directa. Se restablecerán los límites resguardados en la Ley del Parque Nacional de Coiba. Y es la decisión más lógica, clara y benévola para el pueblo panameño, pues el límite original se acordó en específica atención a los miles de pescadores artesanales que son perjudicados por la pesca industrial cerca de nuestras costas.
Como se discutió ampliamente entre pescadores artesanales, científicos, y los legisladores del área, en una decisión liderada por H.D. Freidi Torres (en ese momento Presidente de la Comisión de Ambiente de la Asamblea) se acordó el santuario de reproducción de pesca alrededor de la isla de Coiba, siempre y cuando la devastadora pesca con redes de cerco se alejara de la costa. Porque, como es evidente, nuestros pescadores artesanales, con su limitado radio de operación, no pueden competir contra las monstruosas embarcaciones industriales que pescan con sus enormes redes de cerco la sardina y atún en sus áreas de reproducción.
Ya es evidente en las comunidades pesqueras que el santuario de pesca está devolviéndole a las comunidades costeras especies que no veían desde hace años; es evidente que el santuario de pesca funciona para la preservación de nuestros ecosistemas y de nuestro aprovechamiento sostenible del mismo. Esto ya no es teoría, es una realidad conocida en todo el Golfo de Chiriquí y la Bahía de Panamá. Es por esto que ahora que los industriales cotizan tanto nuestras aguas costeras, señor Presidente, Honorables Diputados, por favor, no dejen que se traicionen a nuestros pescadores artesanales en nuestra propia orilla. Es el más legítimo deber. No podemos aceptar mutismo ante el cruel desvío de la palabra del Presidente. La pesca industrial tiene un mar entero a su disposición, ¿qué necesidad hay de ahogar el pulmón de nuestros pescadores artesanales, sus familias y sus poblados? Contamos con su palabra. Y la recordaremos siempre.