"La Panamá saudita"
Alguien inventó la frase: "La Venezuela saudita", a raíz de una de las guerras del Medio Oriente cuando el precio del petróleo subió a la estratosfera y los países árabes inundaron el mundo de petrodólares a borbotones. Uno de los más eminentes escritores venezolanos y conspicuo economista, considera un serio problema esa inundación de petrodólares.
Venezuela, después de una administración, no sabiendo qué hacer con los petrodólares, no sólo los consumió con voracidad, sino que se hipotecó. También en esa nación hermana se escuchó de labios de estudiosos profesionales la frase: "Debemos sembrar nuestro petróleo".
Viví nueve años en la península de Paraguará, Estado de Falcón (Venezuela) en Punto Fijo, antes, durante y después de la dictadura del General Marco Pérez Jiménez. Antes de su derrocamiento, dos grandes transnacionales tenían en esa península dos más grandes refinerías de América del Sur. La Creole Petroleum Corporation fabricó lo que creo era el mayor reservorio del mundo para almacenar crudo. Un inmenso embalse de tosca apisonada de dos millones de barriles de capacidad. Los tanques metálicos más grandes eran los de doscientos mil barriles. Esta erección se hizo en un tiempo récord de unos seis meses por una contratista norteamericana.
Es importante saber que el agua potable de los centros urbanos de Paraguaná viene del continente por un acueducto de unos ochenta kilómetros. Esas tierras, de una extensión de mil 500 kilómetros cuadrados, son semiáridas. Allá llueve un par de semanas al año. A los tres días del primer aguacero, la región se cubre de flores y verdor.
Venezuela producía hace poco más de tres millones de barriles diarios de petróleo. De la cuenca canalera actual nuestra, podemos producir setenta millones de barriles diarios de agua, petróleo transparente del futuro. Es la "Panamá saudita". Pero esa agua no se aprovecha mucho para generar energía. Se utiliza parte para el consumo de los centros metropolitanos y la mayor cantidad para pasar barcos.
Si hacemos el tercer juego de esclusas, estaremos derrochando casi su totalidad para pasar barcos. He allí la motivación para imaginar el plan maestro faraónico de acabar con una región y su envidiable riqueza floral y animal. ¡Crimen ecológico intolerable! Unicamente el Canal a Nivel con Ensenadas aprovecharía ese enorme potencial acuático para la vida humana, para la generación de energía y para suplir de vital líquido a las regiones sedientas de la tierra.
Así como el arte y gracia de nuestro canal a esclusas es que opera por gravedad, de igual manera el agua cruda del Lago Gatún podría, desde sus nuevas represas, conducirse por un corto viaducto y acueducto y despacharse por gravedad a los super-tanqueros en el canal a nivel. Para estos super-tanqueros sería doble, completa ganancia. Traerían petróleo y regresarían repletos de agua cruda. Solamente Panamá tendría que abrir sus grifos para despacharla por gravedad.
Si yo fuera presidente de Venezuela ganaría una próxima elección levantando fondos para ayudar a construir el Canal a Nivel con Ensenadas. Antes de que se inaugurara el futuro canal, ya habría construido los reservorios de agua cruda más grandes del mundo en Paraguaná. La agricultura y cría de esa región abastecería todo el Estado Falcón.
Si yo fuera el rey de Arabia Saudita haría que muchos super-tanqueros que utilizaren en el futuro del Canal a Nivel, volvieran llenos de agua del Lago Gatún para fructificar mis desiertos...y contrataría expertos para enseñar a mi pueblo a lograrlo. Ya hubiera donado los primeros mil millones de dólares para iniciar esta portentosa obra para el bien de la humanidad, que haría florecer mis desiertos y que por siglos me surtiría de agua cruda para mantenerlos con vida. Entonces nuestra agua sería verdaderamente envidiable y se confirmaría el lema: La Panamá saudita.
Venezuela, después de una administración, no sabiendo qué hacer con los petrodólares, no sólo los consumió con voracidad, sino que se hipotecó. También en esa nación hermana se escuchó de labios de estudiosos profesionales la frase: "Debemos sembrar nuestro petróleo".
Viví nueve años en la península de Paraguará, Estado de Falcón (Venezuela) en Punto Fijo, antes, durante y después de la dictadura del General Marco Pérez Jiménez. Antes de su derrocamiento, dos grandes transnacionales tenían en esa península dos más grandes refinerías de América del Sur. La Creole Petroleum Corporation fabricó lo que creo era el mayor reservorio del mundo para almacenar crudo. Un inmenso embalse de tosca apisonada de dos millones de barriles de capacidad. Los tanques metálicos más grandes eran los de doscientos mil barriles. Esta erección se hizo en un tiempo récord de unos seis meses por una contratista norteamericana.
Es importante saber que el agua potable de los centros urbanos de Paraguaná viene del continente por un acueducto de unos ochenta kilómetros. Esas tierras, de una extensión de mil 500 kilómetros cuadrados, son semiáridas. Allá llueve un par de semanas al año. A los tres días del primer aguacero, la región se cubre de flores y verdor.
Venezuela producía hace poco más de tres millones de barriles diarios de petróleo. De la cuenca canalera actual nuestra, podemos producir setenta millones de barriles diarios de agua, petróleo transparente del futuro. Es la "Panamá saudita". Pero esa agua no se aprovecha mucho para generar energía. Se utiliza parte para el consumo de los centros metropolitanos y la mayor cantidad para pasar barcos.
Si hacemos el tercer juego de esclusas, estaremos derrochando casi su totalidad para pasar barcos. He allí la motivación para imaginar el plan maestro faraónico de acabar con una región y su envidiable riqueza floral y animal. ¡Crimen ecológico intolerable! Unicamente el Canal a Nivel con Ensenadas aprovecharía ese enorme potencial acuático para la vida humana, para la generación de energía y para suplir de vital líquido a las regiones sedientas de la tierra.
Así como el arte y gracia de nuestro canal a esclusas es que opera por gravedad, de igual manera el agua cruda del Lago Gatún podría, desde sus nuevas represas, conducirse por un corto viaducto y acueducto y despacharse por gravedad a los super-tanqueros en el canal a nivel. Para estos super-tanqueros sería doble, completa ganancia. Traerían petróleo y regresarían repletos de agua cruda. Solamente Panamá tendría que abrir sus grifos para despacharla por gravedad.
Si yo fuera presidente de Venezuela ganaría una próxima elección levantando fondos para ayudar a construir el Canal a Nivel con Ensenadas. Antes de que se inaugurara el futuro canal, ya habría construido los reservorios de agua cruda más grandes del mundo en Paraguaná. La agricultura y cría de esa región abastecería todo el Estado Falcón.
Si yo fuera el rey de Arabia Saudita haría que muchos super-tanqueros que utilizaren en el futuro del Canal a Nivel, volvieran llenos de agua del Lago Gatún para fructificar mis desiertos...y contrataría expertos para enseñar a mi pueblo a lograrlo. Ya hubiera donado los primeros mil millones de dólares para iniciar esta portentosa obra para el bien de la humanidad, que haría florecer mis desiertos y que por siglos me surtiría de agua cruda para mantenerlos con vida. Entonces nuestra agua sería verdaderamente envidiable y se confirmaría el lema: La Panamá saudita.