La patria ante todo
Con este mismo título escribe el educador Santander Tristán Medina un artículo para condenar el acuerdo legislativo META, un "pacto en donde... enemigos irreconciliables, han olvidado el pasado ... (para) satisfacer... ambiciones de poder... y apoderarse de ese gran botín que representa la planilla de la Asamblea Legislativa".
Como psicóloga sé que los seres humanos no somos químicamente puros. Mas tratándose de asuntos de política en los que el acceso al poder, nos guste o no, es un sine qua non para llevar a cabo obras en pro de la comunidad y puede ser abusado. No le estoy descubriendo la pólvora al maestro Tristán. El, como muestra que ha vivido la historia, lo sabe tan bien como yo.
Al contrario de lo que observa el maestro, en el caso del acuerdo META que firmaran dos grupos políticos antagónicos, creo que muchos de los firmantes lo hicieron poniendo por delante "la patria ante todo". El acuerdo compromete a las partes a promover proyectos necesarios para convertir a la Asamblea en un instrumento del bien común.
No se firmó un acuerdo contra nadie, sino a favor del país. Se comprometen los firmantes a promover la gobernabilidad, se le ofrece al Ejecutivo controlar las dos comisiones más importantes con este fin y se invita al gobierno a participar de esta iniciativa. Si la misma señora Presidenta trató de pactar con el PRD, ¿por qué no lo puede hacer otro partido que consideró que esto era importante para el país? Los arnulfistas, que critican el hecho, ¿no sabían que sus dirigentes trataban de hacerlo por otro lado?. ¿Lo criticaron en ese momento?
¿En qué consiste el pecado?. Recordemos que el Poder Legislativo debe mantener su independencia del Poder Ejecutivo, y que la decisión de este acuerdo fue el resultado del ejercicio democrático que tanto el maestro Tristán como yo predicamos, ¿o no?. Estos cuatro años que vienen van a demostrar qué valor tuvo el acuerdo META. Seamos vigilantes críticos a ver si se cumple o no el acuerdo. Si el acuerdo se traiciona, esto afectará el futuro tanto del PRD como el de la democracia cristiana.
Vivir en el pasado nos lleva a anquilosarnos y esto es lo peor que podemos hacerle al país, porque le impide ver el camino que se requiere seguir para lograr un futuro mejor. Esto no quiere decir que olvidemos el pasado. Pero vivir en el pasado nos lleva a perder de vista el presente y el futuro hacia donde debe dirigirse el país. Recuerdo aún a nuestro querido Monseñor Marcos McGrath (q.e.p.d.), cuando en 1990 presidió la Comisión de Reconciliación que contó en esa época con el respaldo del presidente Guillermo Endara, en la cual tuve el honor de participar por invitación del señor Arzobispo. Allí compartimos con personalidades del PRD. Era recién pasada la gestión de los militares que prohijaron el PRD y bajo los cuales muchos panameños tuvimos que soportar grandes sufrimientos. Pero se trataba de reconstruir juntos un Panamá en paz. Han pasado 10 años desde que se formó esa comisión.
No es fácil reconciliarse. En lo personal, fui elegida diputada en 1968 y duré en la Asamblea 11 días, fui detenida cuatro veces, he recibido culatazos; en el Cuartel Central, vi morir a un guardia a consecuencia de un accidente cuando los guardias le propinaban culatazos a universitarios y un rifle cayó disparándose solo. Recibí amenazas. Tuve que separarme de mi familia y vivir fuera de mi país por años. Sé que lo mío fue poco en comparación con lo que pasaron otros. No perdí la vida ni fui torturada. Pero no podemos quedarnos "allá" ni culpar a los que no participaron de ello.
Soy política (creo que todos debiéramos serlo) y nunca he aprovechado un puesto por ello. ¿Por qué he de pensar que los políticos todos son corruptos? Conozco la corrupción dentro y fuera de todos los partidos políticos. Y creo sinceramente que si los que critican la corrupción en la política cumplieran su función ciudadana participando de ella, habría, probablemente, menos corrupción.
Lamento que personas que se dicen honradas no asuman su responsabilidad ciudadana y sólo sirvan para tirar piedras contra quienes, ejerciendo su derecho ciudadano de políticos y con las mejores intenciones, deciden comprometerse con un acuerdo programático. Démosle al acuerdo legislativo un voto de confianza, estemos atentos a lo que pasa en la Asamblea y exijamos su cumplimiento, ¡por el bien de Panamá!.
Como psicóloga sé que los seres humanos no somos químicamente puros. Mas tratándose de asuntos de política en los que el acceso al poder, nos guste o no, es un sine qua non para llevar a cabo obras en pro de la comunidad y puede ser abusado. No le estoy descubriendo la pólvora al maestro Tristán. El, como muestra que ha vivido la historia, lo sabe tan bien como yo.
Al contrario de lo que observa el maestro, en el caso del acuerdo META que firmaran dos grupos políticos antagónicos, creo que muchos de los firmantes lo hicieron poniendo por delante "la patria ante todo". El acuerdo compromete a las partes a promover proyectos necesarios para convertir a la Asamblea en un instrumento del bien común.
No se firmó un acuerdo contra nadie, sino a favor del país. Se comprometen los firmantes a promover la gobernabilidad, se le ofrece al Ejecutivo controlar las dos comisiones más importantes con este fin y se invita al gobierno a participar de esta iniciativa. Si la misma señora Presidenta trató de pactar con el PRD, ¿por qué no lo puede hacer otro partido que consideró que esto era importante para el país? Los arnulfistas, que critican el hecho, ¿no sabían que sus dirigentes trataban de hacerlo por otro lado?. ¿Lo criticaron en ese momento?
¿En qué consiste el pecado?. Recordemos que el Poder Legislativo debe mantener su independencia del Poder Ejecutivo, y que la decisión de este acuerdo fue el resultado del ejercicio democrático que tanto el maestro Tristán como yo predicamos, ¿o no?. Estos cuatro años que vienen van a demostrar qué valor tuvo el acuerdo META. Seamos vigilantes críticos a ver si se cumple o no el acuerdo. Si el acuerdo se traiciona, esto afectará el futuro tanto del PRD como el de la democracia cristiana.
Vivir en el pasado nos lleva a anquilosarnos y esto es lo peor que podemos hacerle al país, porque le impide ver el camino que se requiere seguir para lograr un futuro mejor. Esto no quiere decir que olvidemos el pasado. Pero vivir en el pasado nos lleva a perder de vista el presente y el futuro hacia donde debe dirigirse el país. Recuerdo aún a nuestro querido Monseñor Marcos McGrath (q.e.p.d.), cuando en 1990 presidió la Comisión de Reconciliación que contó en esa época con el respaldo del presidente Guillermo Endara, en la cual tuve el honor de participar por invitación del señor Arzobispo. Allí compartimos con personalidades del PRD. Era recién pasada la gestión de los militares que prohijaron el PRD y bajo los cuales muchos panameños tuvimos que soportar grandes sufrimientos. Pero se trataba de reconstruir juntos un Panamá en paz. Han pasado 10 años desde que se formó esa comisión.
No es fácil reconciliarse. En lo personal, fui elegida diputada en 1968 y duré en la Asamblea 11 días, fui detenida cuatro veces, he recibido culatazos; en el Cuartel Central, vi morir a un guardia a consecuencia de un accidente cuando los guardias le propinaban culatazos a universitarios y un rifle cayó disparándose solo. Recibí amenazas. Tuve que separarme de mi familia y vivir fuera de mi país por años. Sé que lo mío fue poco en comparación con lo que pasaron otros. No perdí la vida ni fui torturada. Pero no podemos quedarnos "allá" ni culpar a los que no participaron de ello.
Soy política (creo que todos debiéramos serlo) y nunca he aprovechado un puesto por ello. ¿Por qué he de pensar que los políticos todos son corruptos? Conozco la corrupción dentro y fuera de todos los partidos políticos. Y creo sinceramente que si los que critican la corrupción en la política cumplieran su función ciudadana participando de ella, habría, probablemente, menos corrupción.
Lamento que personas que se dicen honradas no asuman su responsabilidad ciudadana y sólo sirvan para tirar piedras contra quienes, ejerciendo su derecho ciudadano de políticos y con las mejores intenciones, deciden comprometerse con un acuerdo programático. Démosle al acuerdo legislativo un voto de confianza, estemos atentos a lo que pasa en la Asamblea y exijamos su cumplimiento, ¡por el bien de Panamá!.