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La paz en Medio Oriente


Hay quienes se muestran perpetuamente pesimistas en torno a la posibilidad de la paz en Medio Oriente. Desde argumentos bíblicos hasta el señalamiento de intereses que hacen imposible tales acuerdos, todo parece conspirar contra la posibilidad de que judíos y palestinos logren concordia en su vecindad. Pese a ello, la semana pasada, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pidió a Israel detener el establecimiento de nuevos asentamientos en las zonas ocupadas; y, a Palestina, parar la violencia contra su vecino.

La petición de Obama bien puede valerle una comparación con Don Quijote, aunque en el Medio Oriente los molinos no lanzan viento, sino balas y muertos, y el fundamento de esa guerra casi raya en el fundamentalismo. Nadie niega la validez del esfuerzo de la Casa Blanca, pero es posible que materializarlo requiera de algo más que buena voluntad, y exija, más allá de la palabra de Washington, compromisos y gestiones de la comunidad internacional.

Claro que el señalamiento de Obama posee el valor y el peso de provenir de quien ha sido hasta hoy el principal aliado de Israel en la sostenida batalla por la consolidación de su Estado. Así que bien vale preguntarse, ¿qué ofrece Washington a cambio de esa petición? Porque dado todos los años de un conflicto como ése, seguramente que para terminarlo no basta el carisma ni una recomendación de profeta.

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