La paz y la sed
No hay ninguna razón lógica que obligue a suponer que, o la Procuradora o el Contralor mienten sobre las duras recriminaciones que intercambiaron hace pocos días. Es muy probable que ambos hayan recurrido a la verdad como método conveniente para explicar el pobre desempeño de las instituciones públicas en materia de persecución del delito y lucha contra la corrupción. No hay tampoco ninguna regla de razonamiento que lleve a concluir que el descuido o la lentitud de uno automáticamente justifique la inacción del otro. Esta es una situación en la que, probablemente, ambos tienen razón, pero sólo en lo que se refiere a los señalamientos que hacen del otro.
El hecho de que recientemente se hayan hecho fotografiar juntos en un gesto que no puede llamarse de otra manera que el ritual fumado de la pipa de la paz, no disminuye en nada la gravedad de las acusaciones intercambiadas. Más bien las resalta y vuelve a poner de relieve que la sed de justicia que siente la ciudadanía se acrecienta al final de cada periodo de gobierno.
En ese contexto hay que entender que la consigna de castigar la corrupción es una de las más seguidas por los electores al momento de acudir a las urnas. Desde una perspectiva optimista, cabría afirmar que realmente no sabemos qué ocurrirá con las investigaciones que se tramitan en la Contraloría y el Ministerio Público. ¿Saciarán la sed de justicia?