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La pesadilla de la deuda pública


Una de las razones por las que adversamos la reforma tributaria de Martín Torrijos fue que su gobierno no adoptara controles en sus gastos, lo que provocaría que, al poco tiempo, el incremento de sus ingresos, merced los nuevos impuestos, resultaría insuficiente para solventar sus estimulados egresos; por lo que, en el transcurso de unos pocos años, los contribuyentes nos veríamos de regreso a enfrentar otra reforma igual, de un Estado hipertrofiado y dilapidador.
La experiencia de los últimos tres gobiernos nos da la razón. Tanto los presidentes Ernesto Pérez Balladares como Mireya Moscoso, que precedieron al actual mandatario, adoptaron también su propia reforma tributaria, con el mismo resultado que Torrijos; o sea, más gasto, más endeudamiento y más avidez por nuevos recursos. La razón es sencilla, y es que no hay mayor placer que gastar la plata ajena. Los especialistas advierten que la magnitud de la deuda no es clara, porque hay muchas formas de medirla y enmascarar su magnitud. Para la mayoría, su monto excedió a finales del año pasado los $ 10 mil millones, y lo creemos. En cambio, la Contraloría, que no ha dejado de practicar malabares contables, como en las administraciones previas, sitúan la deuda algunas pocas decenas de millones por debajo. Ya hasta a la devaluación del dólar acuden para maquillar su cuantía.
En cualquier caso, cada vez que se eleva el Producto Interno Bruto, éste y todos los gobiernos se sienten con luz verde para irse hasta el tope de endeudamiento, como si eso fuera su deber o caracterizara una buena gestión, cuando es todo lo contrario. Igual hacen cuando, producto de cada reforma tributaria, aumenta su capacidad de pago. Por eso, nos resulta trágico que para el presente año, a sólo meses de aprobada su reforma tributaria, cuando sus arcas están llenas de recursos adicionales, arrebatados de los bolsillos de los contribuyentes, el Ministerio de Economía y Finanzas nos eche el agua fría de que se ha quedado corto en el presupuesto actual en $224 millones, que obtendrá con más endeudamiento. El incremento de la deuda del país se está tornando peor que irresponsable, en una pesadilla.
Descartó la posibilidad que el Gobierno compare sus cifras con los actuarios independientes.

101 años de Panamá América

 
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