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La piñata del dinero público


Ciudad de México (AIPE)- Son días, estos, de rebatiña por los dineros de los ciudadanos. Es la piñata de recursos públicos de todos los años. Y ya está la "gritocracia" exigiendo más dinero para esto o para aquello. Son días para cuidarse de los "amigos de lo ajeno".
Hace años el periodismo era territorio fértil de eufemismos en letra impresa. No había doctores o médicos sino galenos; no había ladrones o rateros, sino amantes de lo ajeno.
Para bien o para mal, ese prurito del eufemismo ha caído en desuso. Al menos, ya no se usan esos circunloquios añejos y aparecen otros nuevos: antes las prostitutas eran, en el periodismo, "mariposillas nocturnas"; ahora son "sexo servidoras". Del pudor victoriano hemos pasado a la chabacanería utilitaria que cree "dignificar" la prostitución equiparándola a un despacho de cajero automático.
Donde prevalece el recato periodístico, victoriano, es en todo lo que se refiere a la política y al gobierno. Se sigue diciendo Nación o Estado cuando en realidad se habla de los muy particulares dichos y hechos del gobernante en turno; se sigue mimando a los burócratas con el mote de "servidores públicos".
Pero bien vistas las cosas, y sobre todo en estos días en que se ha dado señal de salida a la rebatiña anual por los dineros públicos -léase discusión del presupuesto-, ya sería hora de que les llamáramos, a todos los que se desgañitan para arrancarle un obsequio más a la piñata fiscal, como merecen ser llamados: "amantes de lo ajeno".
Se me dirá que estos señores y señoras que luchan por "su" pedacito de presupuesto no lo hacen para sí o para su beneficio, sino -nobles y generosos- con la vista y el corazón puestos en causas tan nobles como el alivio de la pobreza, la preservación de las culturas indígenas, la soberanía nacional, el fomento desinteresado de la cultura y las artes.
Porque, se me seguirá diciendo, esos señores y señoras "representan" legítimamente a los ciudadanos. Y es que el Estado, que estos señores y señoras tan dignamente encarnan, es fruto de una suerte de "contrato social", mediante el cual -se supone- ciudadanas y ciudadanos decidimos encargarles el cuidado de la cosa pública, de la República.
No diré, como aquél, que jamás he visto tal contrato social, ni que jamás estampé mi firma de asentimiento en dicho contrato para que me quiten un buen porcentaje del fruto de mi trabajo. No. Lo único que diré es que si ellos pueden disponer de esos dineros de todos es porque tienen el monopolio legal de la violencia para obligarnos a pagar.
Lo único que les pediría a todos estos esforzados chiquillos y chiquillas que se afanan por gastar nuestro dinero es un poco de pudor para no atropellar al prójimo cuando se avientan sobre los frutos de la piñata.
También un poquito de respeto a nuestra inteligencia. Ya casi nadie se cree los viejos cuentos de que más dinero para maestros e investigadores se traduce en un pueblo mejor educado; ya casi nadie se traga la leyenda de que más dinero a estados y municipios sirve para que los gobiernos locales se comporten mejor ante sus electores.
Mucho menos hemos de creerles si su manera de pedir es a gritos y sombrerazos, o con chantajes de que "¡ahí viene el estallido social!".
Sean sensatos. La piñata viene un poco más flaca este año. Ustedes habrán de disculpar, pero no ha sido un buen año. Se lo pedimos de buen modo, como debe hacerse cuando uno se topa con un "amante de lo ajeno" que tiene el arma -perdón-, la herramienta legal para pedirnos una colaboración forzosa.
(c)* Analista político mexicano. www.aipenet.com

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