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La pluma divorciada


"La pluma divorciada". Esa fue la expresión que vino mi pensamiento cuando en breve, pero sincera oración, pedí a Dios me orientara en torno a lo que debía escribir para nuestro pueblo o al menos para quienes siguen con sus atentas lecturas nuestras modestas producciones o reflexiones dirigidas al análisis de los problemas patrios y populares.

Confieso que no es tarea fácil escoger, cada semana, cuál será el tema a tratar en el artículo de los viernes. A veces uno transita hasta por los tortuosos caminos de la angustia que afecta la misma existencialidad y luego de meditaciones propias que brinda la soledad o que encontramos en la soledad nuestro propio sino, concluimos que "vanidad de vanidades todo es vanidad", como decía el sabio Salomón.

Qué bueno que se nos recuerda que nuestra pluma debe estar divorciada. Divorciada de los amiguismos políticos, de los amiguismos sociales, de las cuestiones ideológicas que prejuician el análisis que siempre debería ser tan objetivo; divorciada de los interese propios, sean éstos personales o profesionales; divorciada de la cuestión crematística y también de las cuestiones egoístas. La pluma que escribe, entendiendo que es el pensamiento quien la guía, debe plasmar las ideas puras, sinceras, mesuradas, serias, científicas, objetivas, no mediatizadas, tomando en cuenta que ella no es esclava de ningún señor y que no está al servicio de amo alguno. La pluma divorciada no se amarra o aferra a un interés en particular, sino que persigue la defensa del interés general o colectivo sin que ello signifique que haya que respaldar consignas de tal naturaleza plagadas de un irracionalismo perverso y a veces hasta inaccesible; la pluma divorciada debe orientar y no sembrar la ambigüedad o la confusión; debe hacer que germine, allí en donde ha sido regada la semilla de la discordia , el fruto de la paz y no de la guerra o de la diatriba estéril e inútil.

La pluma divorciada es una pluma fecunda; es ella una permanente fuente de ideas pletóricas de optimismos y de esperanzas; no hay en ella hálito de desánimos o de incertidumbres, por el contrario, la seguridad y el rigor de la convicción que hay en cada palabra que ella produce, le obsequia a cada idea una fuerza que puede derrumbar, como el coro de los israelitas en Jericó, el más fuerte e infranqueable muro. No hay, luego, nada del mal que pueda permanecer firme cuando la pluma divorciada fructifica palabras de fe, de verdad y de aliento.

La pluma divorciada, en realidad, desnuda a las almas cubiertas de engaños y de mentiras para hacerlas comparecer ante el sagrado altar de la verdad. Gracias a Dios por darme este concepto de "La pluma divorciada".

silguemo@hotmail.com

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