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La población indígena en el desarrollo nacional


Más de 500 años han pasado desde el descubrimiento, que fue la coyuntura propicia para la conquista española del Nuevo Mundo, y aún prevalecen dos criterios abominables, como factores subyacentes de nuestra civilización, el exterminio de los aborígenes y la explotación inmisericorde de los esclavos.
Estados Unidos, México, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia desataron el exterminio con una saña y un espíritu sanguinario sin precedentes. Cuando ya los grupos étnicos quedaron reducidos considerablemente, los recluyeron en territorios lejanos (reservaciones) y al no brindarles ningún tipo de asistencia, las enfermedades diezmaron a nuestros hermanos, los pioneros, que fueron los primeros en habitar estas tierras ubérrimas cantadas por Rubén Darío.
Los negros, más ágiles y pragmáticos se dieron a la tarea de incorporarse a la mano de obra rural, luego al salario urbano y todavía perduran ciertos residuos repugnantes de racismo entre nosotros.
El Congreso General Extraordinario Kuna Yala ha provocado que la inauguración del Hotel Iskardup en la comunidad de Playón Chico se posponga y continúe cerrado hasta que surja un arreglo con la compañía "Jungle Adventures". El Congreso Kuna ha reglamentado que el turismo solo podrá ser explotado en las áreas indígenas, por los dueños de las tierras que ocupan las nuevas instalaciones.
Sin embargo, se han tratado de llevar a cabo cursos intensivos para capacitar a jóvenes indígenas en la industria hotelera y la asistencia ha sido muy reducida o casi nula. Si no saben, cocinar platos internacionales y hablar el idioma de la gran mayoría de los turistas, (el inglés) el negocio se derrumba por sí solo. Otra dificultad para compromisos de parte de los indígenas a la hora de contraer deudas a largo plazo, es que no son sujetos de crédito y ningún banco les otorga préstamos.
La solución es el entendimiento, la participación laboral y la posesión de un número de acciones para que sean socios con voz y voto en las juntas directivas correspondientes.
Pero este no es el único conflicto: tenemos Cerro Colorado, donde la Corporación Estatal de Desarrollo de Cerro Colorado y la empresa Panacobre, sostienen que puede compararse con el proyecto que trató de implementar el Estado por aquel entonces (años setenta) y que fue rechazado por los chiricanos y grupos ecologistas. Este contrato es más humano.
El Ministerio de Comercio e Industrias garantiza que el contrato aprobado en Consejo de Gabinete, contiene las normas de minería vigentes en la provincia canadiense de Quebec, mucho más estrictas y exigentes que las regulaciones panameñas.
No hay razón alguna para que teniendo el Ministerio de Gobierno y Justicia una Dirección Indigenista, no se haya elaborado un conjunto de requisitos para que los autóctonos y legítimos panameños de todos los tiempos, que son los indígenas, tengan que verse forzados a las protestas y a las medidas de fuerza. Tienen pleno derecho a recibir beneficios del turismo, las bellezas inexplotadas del archipiélago de San Blas deben resultar el motor y el incentivo de un plan turístico bien equilibrado y ajustado a las técnicas del marketing y la alta competitividad que hacen de la industria sin chimeneas la fuente de ingresos más pródiga y estable para los países del Tercer Mundo.
Ningún Estado de derecho puede afianzarse mediante la discriminación y el empobrecimiento dramático de más del 50% de la población. Y este gobierno de Pérez B. como los anteriores, ha perfilado unos 30 proyectos turísticos a lo largo y ancho del país sin que ninguno se haya concretado hasta la fecha.
Con el nuevo enfoque hacia la población indígena, cuyos patrones de conducta pueden cambiar con el turismo, al decir del sociólogo Raúl Leis, debe despegar el esfuerzo de la infraestructura, las carreteras necesarias, de manera que el turismo raquítico, minúsculo, no siga encajonado en el área capitalina.
A lo mejor Don Ernesto, soporte de los privilegiados y flagelo de la clase trabajadora, no ha podido pensar en la cantidad de problemas que resolvería metiéndole el hombro a las áreas indígenas, implementando su demarcación y fomentando un nivel de vida más cónsono para todas las etnias aborígenes.
Dios ha puesto en nuestras manos los recursos fundamentales, podemos crecer más allá de toda dependencia, el aldeanismo nos frena, nos empequeñece, nos descalifica.
Los indígenas a nivel de salud, precaria de educación, obsoleta y desocupación, son uno de esos recursos abandonados, ignorados, que esperan por un gobierno capaz de prometer nuevas inversiones y fuentes de empleo, sin que podamos ver lo uno ni lo otro.

101 años de Panamá América

 
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