La población y los sistemas económicos
La relación entre el control de la natalidad y el sistema económico se ve claramente en el caso de la China. Por varios años, durante la Guerra Fría, China era considerada antisoviética y, por lo tanto, amiga de Estados Unidos, sin importarnos mucho su socialismo.
Tardíamente nos enteramos de la cruel verdad acerca de la brutalidad y represión china, especialmente en lo que respecta a su política de "un solo hijo", cuya consecuencia es la actual escasez de mujeres. Durante al menos dos generaciones, las niñas que nacían eran brutalmente asesinadas bajo presión estatal, para controlar así el aumento de la población.
El control de natalidad y medidas brutales para su cumplimiento forman parte de la noción misma del socialismo, el cual requiere de una planificación central dictatorial. Si admitimos que el estado debe decidir sobre la utilización de los recursos económicos y controlar los medios de producción, ¿cómo se le va a negar el derecho a determinar el tamaño de las familias? Las restricciones al número de hijos provienen de la idea que el gobierno planifica la sociedad en beneficio de todos.
Es cierto que otros gobiernos socialistas como Rumania y la Alemania nazi fomentaban las familias numerosas, pero ninguna de las dos sufrió la intensa pobreza de la China y de la Unión Soviética. Sin embargo, tanto en Rumania como en la Alemania de Hitler se aceptaba que la procreación era decisión del estado y no de los padres, premisa que suele conducir al aborto obligatorio.
Así vemos que el socialismo y el aborto obligatorio son aliados naturales porque los niños son tratados como bienes de consumo: bienvenidos si la "sociedad" los puede mantener, pero prescindibles en caso contrario. La tasa de abortos en Rusia ha decaído desde el colapso de la Unión Soviética.
Según las Naciones Unidas, la tasa de abortos cayó en Rusia de 119,6 por cada 1000 mujeres en 1990 a 68,5 en 1995.
Así vemos como a mayor libertad, menor control gubernamental sobre las decisiones familiares. Cuando el gobierno planeaba la producción industrial, asignaba el trabajo, le decía a la gente dónde podía vivir, también resolvía sobre el número de niños. Era parte integral del dogma socialista.
La gloriosa verdad de la economía de mercado es que trata a cada individuo como un valioso recurso. Es la persona humana el recurso productivo más importante porque su mente, creada a la imagen de Dios, es la fuente de creatividad y de las actividades empresariales que caracterizan a las crecientemente prósperas economías de mercado.
Claro que la economía de mercado se puede basar en el materialismo y desprecio a la vida humana. Pero igualmente claro es que el mayor ímpetu de la eutanasia y del aborto proviene de sectores subsidiados por los gobiernos.
Dos cosas podemos hacer para combatir el aborto. Primero, como sociedad debemos respetar la ética de la vida y rechazar las prácticas médicas que contra ella atenten. Segundo, podemos trabajar unidamente para crear un sistema de desarrollo económico que vea en la gente un valor infinito para la sociedad.
Yo no conozco otro sistema que no sea la economía de mercado, operando dentro de un marco jurídico sano, que valore más la vida humana.
Sacerdote católico, presidente del Acton Institute, fundación dedicada al estudio de la religión y la libertad.
Tardíamente nos enteramos de la cruel verdad acerca de la brutalidad y represión china, especialmente en lo que respecta a su política de "un solo hijo", cuya consecuencia es la actual escasez de mujeres. Durante al menos dos generaciones, las niñas que nacían eran brutalmente asesinadas bajo presión estatal, para controlar así el aumento de la población.
El control de natalidad y medidas brutales para su cumplimiento forman parte de la noción misma del socialismo, el cual requiere de una planificación central dictatorial. Si admitimos que el estado debe decidir sobre la utilización de los recursos económicos y controlar los medios de producción, ¿cómo se le va a negar el derecho a determinar el tamaño de las familias? Las restricciones al número de hijos provienen de la idea que el gobierno planifica la sociedad en beneficio de todos.
Es cierto que otros gobiernos socialistas como Rumania y la Alemania nazi fomentaban las familias numerosas, pero ninguna de las dos sufrió la intensa pobreza de la China y de la Unión Soviética. Sin embargo, tanto en Rumania como en la Alemania de Hitler se aceptaba que la procreación era decisión del estado y no de los padres, premisa que suele conducir al aborto obligatorio.
Así vemos que el socialismo y el aborto obligatorio son aliados naturales porque los niños son tratados como bienes de consumo: bienvenidos si la "sociedad" los puede mantener, pero prescindibles en caso contrario. La tasa de abortos en Rusia ha decaído desde el colapso de la Unión Soviética.
Según las Naciones Unidas, la tasa de abortos cayó en Rusia de 119,6 por cada 1000 mujeres en 1990 a 68,5 en 1995.
Así vemos como a mayor libertad, menor control gubernamental sobre las decisiones familiares. Cuando el gobierno planeaba la producción industrial, asignaba el trabajo, le decía a la gente dónde podía vivir, también resolvía sobre el número de niños. Era parte integral del dogma socialista.
La gloriosa verdad de la economía de mercado es que trata a cada individuo como un valioso recurso. Es la persona humana el recurso productivo más importante porque su mente, creada a la imagen de Dios, es la fuente de creatividad y de las actividades empresariales que caracterizan a las crecientemente prósperas economías de mercado.
Claro que la economía de mercado se puede basar en el materialismo y desprecio a la vida humana. Pero igualmente claro es que el mayor ímpetu de la eutanasia y del aborto proviene de sectores subsidiados por los gobiernos.
Dos cosas podemos hacer para combatir el aborto. Primero, como sociedad debemos respetar la ética de la vida y rechazar las prácticas médicas que contra ella atenten. Segundo, podemos trabajar unidamente para crear un sistema de desarrollo económico que vea en la gente un valor infinito para la sociedad.
Yo no conozco otro sistema que no sea la economía de mercado, operando dentro de un marco jurídico sano, que valore más la vida humana.
Sacerdote católico, presidente del Acton Institute, fundación dedicada al estudio de la religión y la libertad.