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La pobreza de los pobres


La pobreza es, hoy por hoy, el principal problema del mundo, desarrollado, subdesarrollado o por desarrollar. Todos hablan de pobreza, pero sólo la conoce aquel que realmente la vive o la ha vivido. Es el tema principal de las campañas políticas preelectorales y pareciera que lo dijeran con indiferencia porque esa pobreza es ajena a quienes la explotan. Generalmente se trata de buscarle solución con números; sin embargo, olvidan ponerle sentimiento, ponerle lo que realmente hace falta para que se crea en ellos: sinceridad, creer de veras en lo que se dice y en las intenciones que se ofrecen.
La pobreza no se circunscribe a la falta de empleo solamente y su solución a la creación de empleos para mitigar aunque sea el hambre. Eso es sólo un paliativo. Junto con los empleos que, muchas veces esas personas no están ni capacitadas para ejercerlo, hace falta educarlos; enseñarles a luchar contra el conformismo que va creando la persona a falta de poder superar el estado de pobreza. El incentivo que necesita le permite comprender que existen formas de salir de lo que tiene o deja de tener; si no se lo damos, esa persona permanecerá igual el resto de sus días.
¿Evitamos la deserción escolar por falta de facilidades para enviar a esos niños a las escuelas? ¿Evitamos con verdadero sentimiento el trabajo infantil con explotación para que esos niños lleven algunos reales a casa? ¿Cómo obligar a los padres a darles educación en vez de trabajo temprano? Ni los políticos ni la sociedad civil hacemos lo suficiente por los indígenas olvidados, por los campesinos que viven en regiones apartadas, donde la educación, la salud y la buena vivienda no han llegado en el año 2000.
No es fácil, en países como el nuestro, diseminar centros de salud y escuelas en lugares donde la forma de vivir es poco gregaria. No nos llamemos a engaño, que mientras no estudien nuestros niños y jóvenes, no saldrán de la pobreza y les estará vedado para siempre acceder al poder social, económico o político.
Desde que apareció el mentado neoliberalismo, ha aumentado la pobreza en el mundo. Sea lo que sea, sólo ha venido a enriquecer más a los países ricos y a empobrecer más a los pobres. Las IFIS no hacen más que prestar dinero, aún a sabiendas de que los países no podrán pagarlo y que, mientras más se endeudan, más controlan la economía en beneficio de ellos y en perjuicio de los más pobres. La extrema pobreza ha aparecido en Panamá, al igual que las inmensas riquezas, lo que nos muestra la mala distribución de la misma.
Pero, no sólo la pobreza física es problema mundial; lo es también la pobreza espiritual, esa falta de sensibilidad para con las necesidades de los demás, el materialismo exagerado que no permite una mejor convivencia porque, para muchos hoy es más importante tener bienes materiales que ser felices haciendo el bien, ayudando a quienes lo necesitan, siendo honestos, sinceros y creyentes en la bondad divina.
La pobreza, la ignorancia y el materialismo van a acabar con el mundo, evitarán la equidad y la igualdad de oportunidades que sería ideal que estuviera repartida entre más gente. Si continuamos así, millones y millones de personas vivirán en la pobreza sin acceso al poder y a la posibilidad de mejorar su forma de vida, a tener una manera digna de ver crecer a sus hijos y de tener, aunque sea parte de lo que tienen los demás. No habrá incentivo, no habrá futuro abierto; sólo conformismo y resignación subrayarán el sistema de vida de esta gente y sólo Dios sabe si algún día se sublevarán en una revolución que no quisiera presenciar, pero que lo verán mis hijos y nietos.
Pensemos un poco en los demás y construyamos una sociedad digna de ser vivida por todos con felicidad y bienestar.

101 años de Panamá América

 
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