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La pobreza en Panamá


En relación a los complejos fenómenos sociales no se postulan causas únicas, si no factores de riesgo, que incidiendo sobre sujetos susceptibles, en medios ambientes favorables provocan diversos estados específicos. Tal es el caso de la pobreza, que como apellido peyorativo no solicitado, define a casi la mitad de la población de nuestro país.
De acuerdo a mis propias elucubraciones, creo reconocer cuatro factores de primordial importancia en el origen de este mal endémico. Los conceptos: individuo, entorno, oportunidades y grupos catalizadores o de presión, podrían servirnos para entender mejor la condición en referencia. En primer lugar, debo definir que el principal responsable de la calidad y ubicación de su gradación o status social, es sin duda alguna en la mayoría de los casos, el propio individuo. De su permanente e inquebrantable decisión de superarse a través del estudio y del trabajo honesto, dependerá su actitud, competencia y aptitud para superar los múltiples obstáculos que caracterizan nuestro paso por esta vida. Sus aspiraciones, sus sueños e ideales deberán ser elevados para permanecer intocables y como faros le guien, a medida que transita por el diario acontecer. Los casos de miles de seres que han superado incluso sus deficiencias físicas, constituyen los temas de centenares de éxitos de librería y cine. En nuestro país si examinamos dos generaciones anteriores de cualquier ciudadano, seguramente encontraremos a gente humilde iniciando microempresas familiares, que a lo largo de décadas y de esfuerzo sostenido, hoy se han transformado en consorcios poderosos.
Otro grupo de factores que hemos de intentar modificar, es el entorno o medio ambiente familiar y social que rodea a la persona y que en ocasiones malea y aliena a nuestros jóvenes. Entre estos elementos podemos señalar: el hacinamiento, la ignorancia y el analfabetismo funcional, la violencia como conducta habitual de reacción, el consumo de drogas, la delincuencia, la promiscuidad, el desconocimiento e irrespeto hacia los valores morales y la prematura aceptación de quienes antes de intentarlo, ya se consideran derrotados por la concepción que los adultos les hemos transmitido a través de nuestra acción u omisión y que les ha hecho concluir, que sólo a través del juega vivo, es que se puede lograr ser alguien en nuestra república.
Si en nuestro país no continúa la flexibilidad y fluidez de la escalera social que ha permitido durante siglos, que personas de origen humilde puedan por esfuerzo propio alcanzar mejores condiciones de vida para sus familiares, gracias a oportunidades reales para obtener trabajos dignos, bien remunerados, basados en parámetros de capacidad y productividad, entonces estaremos privando injustamente a las grandes mayorías del derecho que también poseen, para usufructuar de los beneficios del crecimiento y desarrollo nacional.
Para terminar recuerdo que en todo Estado Moderno y Democrático, se reconocen claramente, por lo menos cuatro vectores de fuerza, entre los que podemos destacar al Gobierno y los partidos políticos, la empresa privada, las iglesias prevalentes y los sindicatos y gremios. Ninguna de estas fuerzas se espera que permanezca indiferente o inmóvil ante acontecimientos que afectan negativamente al sustrato básico de la sociedad, que es la familia. La pobreza no se combate creando tan solo riqueza, como la desnutrición no se disminuye produciendo o importando alimentos, si no se asegura que este vaya al estómago de todos los ciudadanos que padecen hambre. Todos coincidimos que en Panamá todavía hay espacio y recursos suficientes para que todos vivamos bien. El problema es que aún no hemos desarrollado un sistema social que de manera espontánea o regulada, garantice la repartición equitativa y justa de los bienes y servicios que entre todos producimos. A este respecto, tienen la palabra los cuatro vectores del poder real de la nación.

101 años de Panamá América

 
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