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La pobreza se llama Ana




El Panamá América

Infernal. Ese es el mejor calificativo que puede dársele a el calor que hace en el cuarto No.12 de la casa 8A-39, en la calle 18, de El Chorrillo.
Allí vive una mujer de 82 años de edad, quien "limpiaba un poco" cuando fue sorprendida por la visita de El Panamá América.
La anciana está preocupada porque llega otra Pascua y se acaba otro año, y ella y sus dos hijos siguen en la vieja casa de inquilinato, que está a punto de desplomarse.
A esta edad, la precisa para vivir en tranquilidad rodeado de la familia, doña Ana Bonilla es responsable de un hijo de 50 años, quien sufre de retraso mental.
El otro vástago que también vive con ella está desempleado, por lo que la situación económica de ese hogar es precaria.
A veces paso trabajo para comer, dijo, mientras hacía un gesto con la mano. El remedio es ir a comer en las casas de sus hijas, quienes residen en Los Andes, San Miguelito y Villa Gabriela, Río Abajo.
"Lo malo es que no siempre tengo dinero para transportarme a esos lugares que quedan lejos de El Chorrillo", mencionó Bonilla.
A la señora Ana, la vimos por primera vez cuando Graciela María Vásquez de Barragán nos mostraba una solicitud de vivienda que hizo en mayo de 1995.
Mientras Vásquez nos decía que por la edad "la habían tirado para atrás", Bonilla observaba de lejos.
Después llegamos a su cuarto y lo primero que hizo fue llevarnos al altillo donde hay dos camas, un sofá y un improvisado ropero.
Los muebles están viejos, los tablones no soportan más y lo imperante en el lugar son la oscuridad y una calor insoportable, porque no hay ventilación alguna ante la falta de ventanas.
Ana se refrescaba con un abanico de cartón, de los que el Partido Arnulfista repartió durante la pasada época electoral. La cara sonriente de la hoy presidenta de la República contrastaba con el rostro triste de la anciana.
Es el único abanico con el que cuenta porque el otro, el que tiene aspas hace semanas que se le dañó.
Arriba de la cama observamos una carpeta plástica que tiene como función ocultar las vigas carcomidas por la polilla.
Ana nos mostró uno de los tablones, el que en cualquier momento puede caer sobre la cama de la entrevistada.
Un crucifijo de plástico en la cabecera de su cama es su único guardián.

NO HAY RESPUESTA
La anciana tiene 23 años de vivir en el inmueble, pero sabe que el tiempo de partir ha llegado. Sin embargo, el MIVI no ha respondido a sus solicitudes de traslado, las que ha hecho en varias ocasiones desde 1994.
"Soy pensionada y en los años que hice las solicitudes podía pagar por algo mejor", expresó.
Ahora las cosas son diferentes porque para poder hacerle frente a la enfermedad que primero la atacó a ella y luego a su hija tuvo que hacer dos préstamos.
Entre las dos financieras le sacan a Bonilla 65 balboas quincenales, por lo que su pensión de 87 balboas quedó reducida a 16.50 balboas.
La única vez que sonrió fue cuando nos comentó que se había ganado un televisor en una actividad que hizo la Junta Comunal la semana pasada.
La conversación acabó y la mujer capitalina vuelve a bajar por la escalera cuyo peldaños se mueven para todos lados.
¿No le molesta subir y bajar estas escaleras? Sí, mucho incluso hace años me caí y me fracturé la cadera, dijo Ana; mientras caminaba por el zaguán, donde corren las aguas servidas y se pueden apreciar las heces de los inquilinos del viejo inmueble.

101 años de Panamá América

 
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