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La pobreza tiene el rostro de un anciano


Virgilio Chavéz -llamado cariñosamente Toto- vio realizado un deseo que conocimos luego que fuera recogido por el corresponsal del Panamá América en Santiago de Veraguas y que el expresidente Ernesto Pérez Balladares contestó de forma inmediata. Este anciano de 80 años, salió por primera vez de su precaria casa luego de tres años de esperar una ayuda que había caído en oídos sordos.

Toto, pasa sus días en un cuarto de 2 metros cuadrados, construido con cuatro hojas de zinc que el tiempo han deteriorado. Esta estructura que es sinonimia de hogar, no lo protege de las inclemencias de la naturaleza y por piso tiene a la tierra - testigo silenciosa del sufrimiento y abandono en que vive-. Sus días transcurren, postrado en una cama luego de sufrir una enfermedad que lo incapacitó y lo obliga a sobrevivir de la caridad de las vecinas de Martincito, una comunidad que está a unos 20 minutos de Santiago.

Fue sin dudas, mucha emoción junta para este abuelo, quien en principio no entendía qué estaba sucediendo y cómo pasó "de no tener nada, a tenerlo todo". Además de recibir alimentos, medicamentos, útiles de aseo personal, una cama con colchón y enseres que incluían un plato, cubiertos y vaso para que pueda ingerir sus alimentos con dignidad, se le entregó una silla de ruedas. No olvidaré su reacción cuando el colega Mequiades Vásquez, le dijo: "Toto, mira ahora tienes una silla para salir a visitar a tus amigos", porque en ese momento nos regaló la expresión de un sentimiento de inmensa felicidad y gratitud: la sonrisa más genuina que he visto.

Como Toto, hay miles de ancianos, niños, niñas, hombres y mujeres que suman el 40% de la pobreza en nuestro país. Esta realidad, es antagónica y choca violentamente con la que impera en la cosmopolita ciudad de Panamá, privilegiada con la explosión  de un crecimiento económico sin precedentes y que además comienza a sumergirse en una campaña política tempranera, que en su vorágine nos hace olvidar que un aspirante a la Presidencia de la República, debe comprometer con acciones concretas y sostenibles en el tiempo su Mandato, para sacar a estos compatriotas de la miseria y el olvido.

Lo intangencial, no tiene cabida en un país con tanta pobreza y de dramático contraste. Ni menos aún se mercadean figuras políticas ??"derrochando recurso a manos llenas??" con "slogan" petulantes acompañados de fotos que registran conglomeración de personas en un afán casi infantil por demostrar que está sumando números de votos. Esa victoria desde ahora es pírrica.

La pobreza debe humanizarse. La pobreza tiene el rostro de un niño o una niña. De un hombre o una mujer, que perdieron la esperanza de un mañana mejor.

Los precandidatos y posteriores candidatos presidenciales están obligados a encarar esta realidad y dejar de usar estas experiencias -desgarradoras en muchos casos- como un instrumento de mercadeo político y pasar a respetar la dignidad de estos hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas; asumiendo la tarea de propiciar políticas estatales que los encaminen a construirse una vida digna. Abriendo sus mentes para escuchar este grito de auxilio. Quien dé ese primer paso, estará destinado a ser algo más que un presidente popular.

101 años de Panamá América

 
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