La polonización de Panamá
HACE VEINTE AÑOS los panameños confrontábamos una situación social, política y económica que, para los identificados y beneficiarios del régimen militarista, era aceptable y potable. La dictadura había encontrado un nuevo aliento tras la "aprobación" de las reformas a la Constitución militarista de 1983, llevadas a cabo con el apoyo de la casi totalidad de las cúpulas de los partidos políticos, que en el 2004 repitieron su actitud reformista.
Sin emnargo, la búsqueda de democracia, justicia y libertad, no tardaría en manifestarse en las calles a partir de junio de 1987. La imposición -mediante el fraude electoral- de Ardito Barletta en 1984, el surgimiento de la Coordinadora Civilista Nacional (COCINA) para oponerse a los intentos de aumentos de los impuestos, la reacciones contra las acciones del grupo paramilitar F-8, el asesinato de Serafín Mittroti, la decapitación de Hugo Spadafora Franco, los cambios proyectados a la Ley Orgánica de Educación y las reformas a la Caja de Seguro Social, además de los aumentos de la cuotas-obrero patronales y la elevación de la edad de jubilación y la eliminación del control de precios, fueron causas inmediatas de las protestas que estallarían entonces, luego de las declaraciones del entonces coronel Roberto Díaz Herrera.
Tras la invasión, no hemos cesado de vivir una política gubernamental que se ha destacado por evadir los problemas centrales de la sociedad panameña, y que ha vaciado de todo contenido las opciones de los ciudadanos, para basarse en un denominado "mandato electoral", sin participación activa, sin reflexión ni debate político, donde la pobreza, la desigualdad y el desempleo, alcanzan niveles inaceptables que confirman que los gobernantes, ni atienden las necesidades de los ciudadanos, ni permiten que los panameños se expresen como ciudadanos, con plenos derechos y de manera igualitaria, en el escenario público.
La imperiosa necesidad de construir a través de un proceso constituyente, una nueva legitimidad del Estado panameño, que abandone de una vez por todas las crecientes desigualdades imperantes, y que deje atrás la farsa electoral para poder caminar hacia una verdadera democracia de ciudadanos, continúa siendo rechazada por la casi totalidad de las cúpulas que presiden los factores reales de poder en nuestro país. El mejor ejemplo de lo que antecede, nos ha tocado vivirlo durante los meses que precedieron el pasado referendo sobre la denominada ampliación del Canal de Panamá, cuando se recurrió a todo tipo de instrumentos de manipulación para apoyar la tesis antinacional de un país al servicio del Canal.
Hoy por hoy, Panamá vive una acelerada carrera hacia la desintegración como sociedad. Cada vez menos el ciudadano es considerado como sujeto portador de derechos, las reglas para las relaciones políticas son trastocadas y deformadas por los órganos del Estado, el sentimiento jurídico y el sentimiento constitucional han sido desplazados para favorecer la autocracia y el autoritarismo. Se ha olvidado que, como nos lo recuerda el escritor Carlos Fuentes: "El ejercicio de la democracia es una afirmación de la soberanía de una nación: se requiere de un marco democrático que le devuelva a la noción mermada de soberanía su sentido político prístino: no hay nación soberana en el concierto internacional si no es soberana en el orden nacional, es decir, si no respeta los derechos políticos y culturales de la población concebida no como simple número sino como compleja calidad, no como cantidad de habitantes sino como calidad de ciudadanos".
Todo indica que hemos entrado de lleno en un proceso de "polonización" de Panamá. El neologismo "polonización" significa la desmembración y la desaparición de un país. Literalmente es la acción de dividirlo y entregar sus partes territoriales a otros país.
El concepto en sí, proviene de lo ocurrido con Polonia que, invadida por los ejércitos de la Rusia e la emperatriz Catalina II y por los ejércitos prusianos del káiser Federico Guillermo II. La ocupación militar que reprodujo permitió, en 1795, la repartición del territorio polaco entre Austria (provincias del Sur), Prusia (provincias del Norte) y Rusia (provincias del Este). El Estado polaco se extinguió y la nación polaca no pudo rehacer su unidad estatal hasta 1918.
En lo que a Panamá respecta, la "polonización" se da producto del desgarramiento interno, del divisionismo provocado por las grandes desigualdades sociales, políticas y económicas. Cada día somos menos una sociedad para ser más un lugar donde vive gente. Basta tener presente lo que ocurre con los servicios públicos, llámese agua, electricidad, educación, salud, medio ambiente, transporte, seguridad jurídica. Sin mencionar lo que estamos viviendo con nuestras costas, nuestras islas, nuestras tierras.
Antiguamente los conquistadores vinieron "a robarse las mieles de nuestros panales", hoy ante la actuación antinacional, antidemocrática y antipopular de los que nos gobiernan, estamos guardando un silencio bastante parecido a la estupidez.
Con el presupuesto 2006, el MIVI brindó 5 mil 329 soluciones de vivienda, que han contribuido a mejorar el nivel de vida de 37 mil 200 panameños.
Este año se tiene previsto crear 8 mil 368 socuciones.
Sin emnargo, la búsqueda de democracia, justicia y libertad, no tardaría en manifestarse en las calles a partir de junio de 1987. La imposición -mediante el fraude electoral- de Ardito Barletta en 1984, el surgimiento de la Coordinadora Civilista Nacional (COCINA) para oponerse a los intentos de aumentos de los impuestos, la reacciones contra las acciones del grupo paramilitar F-8, el asesinato de Serafín Mittroti, la decapitación de Hugo Spadafora Franco, los cambios proyectados a la Ley Orgánica de Educación y las reformas a la Caja de Seguro Social, además de los aumentos de la cuotas-obrero patronales y la elevación de la edad de jubilación y la eliminación del control de precios, fueron causas inmediatas de las protestas que estallarían entonces, luego de las declaraciones del entonces coronel Roberto Díaz Herrera.
Tras la invasión, no hemos cesado de vivir una política gubernamental que se ha destacado por evadir los problemas centrales de la sociedad panameña, y que ha vaciado de todo contenido las opciones de los ciudadanos, para basarse en un denominado "mandato electoral", sin participación activa, sin reflexión ni debate político, donde la pobreza, la desigualdad y el desempleo, alcanzan niveles inaceptables que confirman que los gobernantes, ni atienden las necesidades de los ciudadanos, ni permiten que los panameños se expresen como ciudadanos, con plenos derechos y de manera igualitaria, en el escenario público.
La imperiosa necesidad de construir a través de un proceso constituyente, una nueva legitimidad del Estado panameño, que abandone de una vez por todas las crecientes desigualdades imperantes, y que deje atrás la farsa electoral para poder caminar hacia una verdadera democracia de ciudadanos, continúa siendo rechazada por la casi totalidad de las cúpulas que presiden los factores reales de poder en nuestro país. El mejor ejemplo de lo que antecede, nos ha tocado vivirlo durante los meses que precedieron el pasado referendo sobre la denominada ampliación del Canal de Panamá, cuando se recurrió a todo tipo de instrumentos de manipulación para apoyar la tesis antinacional de un país al servicio del Canal.
Hoy por hoy, Panamá vive una acelerada carrera hacia la desintegración como sociedad. Cada vez menos el ciudadano es considerado como sujeto portador de derechos, las reglas para las relaciones políticas son trastocadas y deformadas por los órganos del Estado, el sentimiento jurídico y el sentimiento constitucional han sido desplazados para favorecer la autocracia y el autoritarismo. Se ha olvidado que, como nos lo recuerda el escritor Carlos Fuentes: "El ejercicio de la democracia es una afirmación de la soberanía de una nación: se requiere de un marco democrático que le devuelva a la noción mermada de soberanía su sentido político prístino: no hay nación soberana en el concierto internacional si no es soberana en el orden nacional, es decir, si no respeta los derechos políticos y culturales de la población concebida no como simple número sino como compleja calidad, no como cantidad de habitantes sino como calidad de ciudadanos".
Todo indica que hemos entrado de lleno en un proceso de "polonización" de Panamá. El neologismo "polonización" significa la desmembración y la desaparición de un país. Literalmente es la acción de dividirlo y entregar sus partes territoriales a otros país.
El concepto en sí, proviene de lo ocurrido con Polonia que, invadida por los ejércitos de la Rusia e la emperatriz Catalina II y por los ejércitos prusianos del káiser Federico Guillermo II. La ocupación militar que reprodujo permitió, en 1795, la repartición del territorio polaco entre Austria (provincias del Sur), Prusia (provincias del Norte) y Rusia (provincias del Este). El Estado polaco se extinguió y la nación polaca no pudo rehacer su unidad estatal hasta 1918.
En lo que a Panamá respecta, la "polonización" se da producto del desgarramiento interno, del divisionismo provocado por las grandes desigualdades sociales, políticas y económicas. Cada día somos menos una sociedad para ser más un lugar donde vive gente. Basta tener presente lo que ocurre con los servicios públicos, llámese agua, electricidad, educación, salud, medio ambiente, transporte, seguridad jurídica. Sin mencionar lo que estamos viviendo con nuestras costas, nuestras islas, nuestras tierras.
Antiguamente los conquistadores vinieron "a robarse las mieles de nuestros panales", hoy ante la actuación antinacional, antidemocrática y antipopular de los que nos gobiernan, estamos guardando un silencio bastante parecido a la estupidez.
Con el presupuesto 2006, el MIVI brindó 5 mil 329 soluciones de vivienda, que han contribuido a mejorar el nivel de vida de 37 mil 200 panameños.
Este año se tiene previsto crear 8 mil 368 socuciones.