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La popularidad de Lagos


A lguien me preguntó a qué atribuía yo la popularidad del presidente Ricardo Lagos -ya se empina por sobre el 60 por ciento de apoyo- y le contesté, sin vacilar, que a sus errores y equivocaciones. El pueblo mayoritario tiene una rara predilección por los equivocados.
Todavía nadie ha alcanzado el grado de adhesión que en su tiempo logró el coronel Marmaduke Grove, el más equivocado de todos, hombre fuerte de la República Socialista de 1932. Las calles se llenaban de gente que acudía espontáneamente a vivarlo cuando devolvió a los deudores las especies de la Caja de Crédito Prendario, suspendió el cobro de las deudas bancarias, ofreció todas las empresas a sus trabajadores y proclamó la referida República. Su gobierno, lamentablemente para la felicidad general, duró apenas 12 días. Un adusto coronel llamado Pedro Lagos puso término a la Casa de Orates y, sin que nadie protestara demasiado, recetó reposo en la Isla de Pascua a sus forjadores.
También Salvador Allende, un émulo de Grove, si bien menos resuelto, alcanzó un "peak" de popularidad tras congelar los precios, otorgar grandes reajustes de sueldos, contratar a legiones de personas en los ministerios e imprimir billetes para llenar los bolsillos de todos. Se acercó al 50 por ciento de apoyo, pero le duró poco. La felicidad, en este mundo cruel, no suele ser duradera.
Ricardo Lagos proclamó hace 20 años su propósito de completar el legado de Allende.
Elegido presidente, por suerte ha cumplido sólo muy limitadamente aquel propósito, pero sus equivocaciones le han procurado un creciente apoyo de los chilenos.
Recuerdo que en 2000, cuando el país crecía al cinco por ciento, anunció que al año siguiente lo haríamos al siete. Se equivocó: fue menos de dos. El promedio de estos tres últimos años ha sido dos y medio.
El siempre habla de "la democracia que tanto nos costó recuperar". Otra equivocación. La democracia estaba prevista en la Constitución de 1980, propuesta por el gobierno militar al pueblo y aprobada por éste. El retorno a la democracia se cumplió al pie de la letra, sin que importara lo que dijera, pensara o hiciera Lagos. Pero mucha gente cree que la democracia se la debemos a él.
Hace unos días anunció, con amplia publicidad, un plan para superar las restricciones de gas impuestas por Argentina. Alguien se atrevió a opinar que estaba equivocado, a lo cual respondió no saber si sus críticos hablaban "por tontera o mala fe". Pero sí estaba equivocado: su plan del gas natural licuado es una de las opciones más caras para el abastecimiento energético. Sólo sirve a las empresas que utilizan directamente el gas.
Pero éstas usan poco más de tres millones de metros cúbicos diarios y Argentina nos vende más de 19 millones. Tendría que recortarnos el 85 por ciento de los envíos para que llegara a amenazar el abastecimiento de gas a esas empresas, cosa que es imposible de pensar.
Por tanto, la solución correcta es buscar alternativas al gas para la generación de energía eléctrica y, entre ellas, la del gas natural licuado es de las más caras. Conclusión: sus críticos no son tontos ni opinan de mala fe, sino que tienen razón y él está equivocado.
La lista de equivocaciones es larga y no cabe en este espacio. Y antigua: comenzó cuando en su conocido libro de hace 40 años recetó como la "única solución" a los problemas del país la de traspasar todos los medios de producción a manos del Estado.
Por tanto, efectivamente, tiene títulos suficientes para gozar de una permanente y sobrada popularidad entre los chilenos.

(* Analista político chileno. © www.aipenet.com)

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