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La prensa y lo absurdo


Hay veces que en el análisis de las corrientes y las actitudes políticas en Latinoamérica la prensa mundial, y hasta algunos de los expertos más destacados, se refugian en lo obvio y se permiten caer en lugares comunes que frecuentemente llegan a lo absurdo. Como ejemplo, el prestigioso Financial Times inicia una larga nota sobre la falta de atención a Latinoamérica por parte del gobierno de Bush, citando a Michael Shifter, director del Diálogo Interamericano de Washington: "La mayoría de los gobiernos latinoamericanos no pueden comprender la política exterior de EU". ¡Qué sorpresa! ¿Acaso no es éste el eterno estribillo cuando se trata de la política hemisférica de la potencia más poderosa del mundo?
Más chocante fue oír al comentarista de la National Public Radio (NPR) en sendas entrevistas esta semana con destacados periodistas y académicos de EU, Brasil y México. Merecedor de varios premios de periodismo, dejó deslizar no sólo una patente falta de conocimiento de las relaciones regionales, sino también una total ausencia de nociones elementales de su propia historia. Cuando un periodista brasilero dijo que su presidente Ignacio "Lula" da Silva, regularmente llama a sus homólogos en otros países sudamericanos, el comentarista pregunta con inocencia, "¿Es para darle instrucciones?" -"No, sólo se consultan unos a otros", fue la réplica del periodista con voz incrédula. Por lo demás, el hombre de la NPR se mostró candorosamente incierto sobre el tema, aceptando llanamente la aseveración del director de noticias internacionales de Folha de Sao Paulo de que "Brasil jamás ha participado en una guerra". ¿Será posible que ni el uno ni el otro sabían que Brasil fue el único país latinoamericano que envío un contingente armado a Italia para luchar al lado de los aliados en la II Guerra Mundial (1939-1945)?
A veces son las propias preguntas que crean el problema, como demuestran de tanto en tanto las empresas especializadas en encuestas. "¿Cree Ud. que la guerra es buena?" Es una de las más obvias. ¿Qué esperan, que un 80% se declare a favor de un aniquilamiento nuclear? La labor de los encuestadores, en la mayoría de los casos, parecería ser constatar lo obvio. Y los expertos dicen que esto es importante porque, supuestamente, ennoblece a sus ideas con el manto de "ciencia social". Algunas personas mayores de 50 años sin duda recordarán que a mediados del siglo pasado los grandes nombres del periodismo eran precisamente aquellos que se destacaban por "tomarle el pulso" al público y vaticinar, correctamente, las orientaciones políticas y sociales de sus lectores. Hoy día pocas son las redacciones que aún confían en las "intuiciones" de sus veteranos reporteros políticos, habiendo caído en las manos de las empresas especializadas en el manejo de la opinión pública. Por eso hoy, es común que los candidatos y los partidos políticos gasten millones en crear una maquinaria que les sirva para medir la opinión pública a través de las encuestas. Hasta los periódicos forman alianzas con las redes de televisión para solventar los altos costos de este tipo de consulta.
Jamás he entendido cómo los canales de televisión son capaces de presentar tres o cuatro mensajes comerciales en rápida sucesión, cada uno pregonando una distinta marca de automóvil, cantándo las mil maravillas sin percatarse del caos mercantil que deben estar creando en el público. "¿Acaso no sabe que a través de una serie de encuestas hemos constatado que los vendedores de automóviles ocupan el penúltimo lugar en la escala de credibilidad que gozan las distintas profesiones en el público de EU?" - ¿Y quién ocupa el último?", me aventuré a preguntar. "Los periodistas", me contestó la persona, sin tratar de ocultar una impertinente sonrisa.
En suma: la Declaración de Panamá no da cuenta de la evidente distinción entre el terrorismo y los movimientos de resistencia legítima y nacional y hace tabla rasa de la legislación internacional. Menos cuenta da, por supuesta, de la distinción entre terrorismo internacional y agresión. Sin embargo, la arbitraria tipificación no puede aceptarse sin previo debate a fondo de estos conceptos.
Ahora bien, en la Declaración, los siete presidentes reiteran su apego a la normativa internacional antiterrorista, y ello está bien. Lo que está mal es que ellos deciden "dar pleno cumplimiento" en especial a la Convención Interamericana contra el Terrorismo suscrita el 2 de junio de 2002 en Barbados y "formulan" un "vehemente llamado a toda la Comunidad Internacional para que cumpla, sin condiciones, con dicha normativa internacional y elimine todo vínculo...con dichos grupos terroristas".
La Convención contra el Terrorismo no contempla la tipificación como terrorista de los actos llevados a cabo por movimientos guerrilleros y de liberación nacional. Lo importante es que la citada Convención aún no está en vigor porque a la fecha solamente Canadá la ratificó (12 de febrero de 2003) y la Convención exige que se depositen seis instrumentos de ratificación para su entrada en vigor. De tal suerte que, no estando en vigor y no habiéndola ratificado ninguno de los países firmantes de la Declaración de Panamá, es absolutamente imposible (1) que la Declaración de Panamá invoque una Convención no ratificada; (2) que la Declaración de Panamá sea cumplida por ninguno de dichos Estados al no constituir aún una obligación internacional y (3) que la Declaración de Panamá haga un "ferviente llamado a toda la Comunidad Internacional" a que cumpla exigencias que no se han constituido como obligaciones para la comunidad internacional.
La Convención contra el Terrorismo no ha sido recibida por el Organo Legislativo para su aprobación, porque hasta estos momentos ni siquiera ha llegado al Consejo de Gabinete. Dicha Convención no ha sido ratificada aún por Panamá, y ello abre serias interrogantes en torno a la promesa pública hecha por la presidenta Moscoso de cumplir un tratado que aún no es ley de la República. ¿Y si la Asamblea no aprueba la Convención, o la aprueba con reservas? ¿Cómo quedará la imagen de Panamá?
Por último, advertimos que el senador colombiano Germán Vargas Lleras ha dicho (La Prensa, 20 de febrero de 2003) que: "Ambos organismos (ONU y OEA) emitieron una resolución condenando el ataque contra el Club El Nogal." Le solicitamos respetuosamente a la "mano derecha" del presidente Alvaro Uribe que nos haga saber cuáles son las resoluciones aludidas.
* El autor fue asesor de Política Exterior.
(julioyao@pa.inter.net)

101 años de Panamá América

 
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