La presidenta es la presidenta
Pareciera que el que una mujer esté gobernando este país, haya despertado en algunos miembros de esa desplazada clase política, un sentimiento cobarde aflorado a través de un odio visceral, con dimensiones totalmente misóginas. Y lo más penoso, que la mayoría de ellos y ellas, en su momento tuvieron que ver con la administración de la cosa pública y los recuerdos de sus acciones no son muy gratas. Pero sabemos que el meollo estriba en el despecho que procura estar fuera y sin ningún poder político que sacie intereses mezquinos. Alegremente alaban un cambio de gobierno, por medio del adelanto de las elecciones o un vulgar golpe de Estado, a sabiendas del trasto que constitucional y la secuela de efectos que esto conlleva, en detrimento de nuestro endeble proceso democrático. Pretender olvidar que la presidenta alcanzó el solio presidencial con el aval de la mayoría de los panameños, es una muestra del poco civismo que tanto pregonan y que exigen a los demás. Afortunadamente -debido a la abultada agenda de trabajo- la presidenta, poco o casi ningún caso les hace a esta garulilla de envidiosos e envidiosas.
Aparte del respaldo constitucional -no olviden esto- la presidenta cuenta con un piso político cimentado en una institución partidista de raigambre democrático, cuya membresía no tolerará ningún amago que atente contra el ordenamiento civil y las instituciones que conforman el estado de derecho en nuestro país, incluyendo la Presidencia de la República y su inquilina. Cabe recordarles que los arnulfistas de hoy, estamos en mejores condiciones a aquellos copartidarios de los años "49, "51 ó "68, que el doctor Arias nunca quiso enfrentar ante los oportunistas, mismos del ayer, hoy y siempre.
Las directrices del Ejecutivo, no son antojo de la Señora Presidenta, son decisiones propias de su toga, que por la naturaleza del régimen democrático que defendemos, no pueden agradar a todo el mundo -y menos a los politiqueros oportunistas- y son interpretadas como imposiciones, cuando en el fondo es en beneficio de las mayorías. Otras determinaciones, obviamente que son políticas, pero éstas afortunadamente no las podrá tomar con los que la adversan y/o pretenden sacar provecho propio, que es lo que está sucediendo actualmente en la Asamblea Legislativa, donde reina un ambiente chantajista que entorpece la gobernabilidad. En democracia es aceptable el pugilato político -en la mayoría de las veces con intenciones electoreras- pero lo que no se puede permitir es que un organismo del Estado, por cuestiones politiqueras obstaculice a otro que está dando respuesta al pueblo, especialmente a los más necesitados, tal es el caso del Ejecutivo. La señora presidenta tiene la mejor voluntad de servir, dejémosla trabajar y apoyémosla, al fin y al cabo el pueblo es el mismo. A todos las cabezas calientes, que en pos de buscar protagonismo político, ataquen al Ejecutivo criticando a la presidenta, les recomiendo reorganizar sus desmembrados grupos políticos y esperar las próximas elecciones para que protesten y exijan al pueblo su elección y puedan gobernar democráticamente. Como lo hacen, sólo suman más desprecio del que ya cuentan,pues el pueblo recuerda cuando fueron gobierno y ha sacado sus conclusiones. En democracia se vive mejor.
Aparte del respaldo constitucional -no olviden esto- la presidenta cuenta con un piso político cimentado en una institución partidista de raigambre democrático, cuya membresía no tolerará ningún amago que atente contra el ordenamiento civil y las instituciones que conforman el estado de derecho en nuestro país, incluyendo la Presidencia de la República y su inquilina. Cabe recordarles que los arnulfistas de hoy, estamos en mejores condiciones a aquellos copartidarios de los años "49, "51 ó "68, que el doctor Arias nunca quiso enfrentar ante los oportunistas, mismos del ayer, hoy y siempre.
Las directrices del Ejecutivo, no son antojo de la Señora Presidenta, son decisiones propias de su toga, que por la naturaleza del régimen democrático que defendemos, no pueden agradar a todo el mundo -y menos a los politiqueros oportunistas- y son interpretadas como imposiciones, cuando en el fondo es en beneficio de las mayorías. Otras determinaciones, obviamente que son políticas, pero éstas afortunadamente no las podrá tomar con los que la adversan y/o pretenden sacar provecho propio, que es lo que está sucediendo actualmente en la Asamblea Legislativa, donde reina un ambiente chantajista que entorpece la gobernabilidad. En democracia es aceptable el pugilato político -en la mayoría de las veces con intenciones electoreras- pero lo que no se puede permitir es que un organismo del Estado, por cuestiones politiqueras obstaculice a otro que está dando respuesta al pueblo, especialmente a los más necesitados, tal es el caso del Ejecutivo. La señora presidenta tiene la mejor voluntad de servir, dejémosla trabajar y apoyémosla, al fin y al cabo el pueblo es el mismo. A todos las cabezas calientes, que en pos de buscar protagonismo político, ataquen al Ejecutivo criticando a la presidenta, les recomiendo reorganizar sus desmembrados grupos políticos y esperar las próximas elecciones para que protesten y exijan al pueblo su elección y puedan gobernar democráticamente. Como lo hacen, sólo suman más desprecio del que ya cuentan,pues el pueblo recuerda cuando fueron gobierno y ha sacado sus conclusiones. En democracia se vive mejor.