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¿La presidente o la presidenta?


Tiempos hubo en que los oficios de la mujer se limitaban a los quehaceres domésticos. Todavía a mediados de siglo, en varias naciones de gobierno "democrático", le estaba vedado a la mujer intervenir en política y ocupar puestos de alta jerarquía en la administración pública. Los tiempos han cambiado. Hoy, la participación de las féminas en las ciencias y artes o profesiones liberales es cada vez más creciente, y casi no existe país en donde no se les reconozca capacidad y derechos políticos antes reservados a los hombres. Todo ello ha ido creando la necesidad, en el transcurso de los años y de acuerdo con la idiosincrasia de nuestra lengua, de tipificar el género femenino de una variedad de nombres sustantivos correspondientes a cargos, oficios y profesiones.
Antes, por ejemplo, el diccionario de la Real Academia Española le daba a la palabra Presidenta exclusivamente el significado de "mujer del presidente". Asimismo, la única definición de Ministra, Gobernadora y Alcaldesa era la de mujer del ministro, gobernador y alcalde, respectivamente. Ahora, la mujer es presidente, ministra, gobernadora y alcaldesa por el ejercicio del cargo, más que por relación conyugal. Y a la par de legisladores y concejales, hay legisladoras en la asamblea nacional, y concejales en los consejos municipales.
Con todo, muchas personas tienen dudas y confusiones en torno al femenino de ciertas ocupaciones. Harían bien en consultar un diccionario de la lengua española, preferiblemente la más reciente edición del DRAE (la vigésima primera, sacada a luz en 1992). A propósito, se me hace difícil entender el empecinamiento de ciertas respetables señoras que brillan con luz propia en el mundo profesional, en llamar "jefe", en vez de Jefa, a la mujer que desempeña la jefatura de una oficina, cuerpo o institución; "médico", en vez de Médica, a la que profesa y ejerce la medicina; "abogado", en vez de Abogada, a la que profesa y ejerce la abogacía, e "ingeniero", en vez de Ingeniera, a la que profesa y ejerce la ingeniería. Y viene el caso: leí, en un artículo de prensa, que los cargos u oficios no tienen género. No sé de dónde pudo el autor sacar eso, ni en qué lengua podría ser verdad lo que dice. Lo cierto es que su afirmación no tiene asidero en la gramática de la lengua española. Estoy curado de espanto, pero no puedo pasar por alto el absurdo.
Bueno es tener en cuenta que el sentido que se le da al femenino de ciertas palabras, sigue inalterable en campos de acción donde la mujer no se desempeña aún a fondo. En milicia, por ejemplo, subsisten nombres sustantivos femeninos que no se refieren a actividades propias de la mujer, sino que identifican a los cónyuges de los que tienen el rango. Tal es el caso, por ejemplo, de mariscala, generala, comandanta, coronela, mayora y sargenta; aunque pronto la Academia tendrá que reconocer estos femeninos por derecho propio, también.
Por otra parte, entre los nombres sustantivos que designan ocupaciones, conviene distinguir los de género común de dos. Son los que hacen el masculino y el femenino de manera invariable. En estos casos, el género se identifica por el artículo: el analista, la analista; el centinela, la centinela; el estudiante, la estudiante; el suplente, la suplente. A este grupo pertenece la palabra Gerente; de modo que no se dice "gerente", sino La Gerente.
Ahora bien, se dan casos de palabras que admiten tanto el femenino de género común, como el que se forma con adición de la letra A al masculino, o por conversación de la E en A. Así sucede con Juez y Presidente. Según el DRAE se puede escoger entre decir "la juez" o "la jueza" y "la presidente" o "la presidenta". Ambas formas son correctas.
Una observación final: El femenino de Fiscal (¿la fiscal o la fiscala?) y el de Magistrado (magistrada) brillan por su ausencia en el DRAE.

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