default

La primera inversión de los hijos


Después de una breve y obligada ausencia de este espacio, por motivos de quebrantos de salud, aquí nuevamente estamos hasta que Dios así lo quiera. Mientras preparamos nuestros escritos sobre los hechos que registraron los medios durante nuestra ausencia, hemos decidido escribir sobre "la primera inversión de nuestros hijos", tema de suma importancia como muchos asentirán después de leer las siguientes connotaciones.
La concepción de los hijos cada vez se torna más onerosa para los padres de familia, cualquiera que sea el nivel social al que nos refiramos. El sólo hecho de traer un ser a este mundo ya implica toda una operación económica de grandes proporciones, propio al de cualquier negocio o industria.
Es muy cierto que cuando un matrimonio se aboca a la labor de tener un hijo, lo que se le viene a la cabeza son imágenes de gateos, risitas, primeros pasos y dientes de menos. Los que más se proyectan, ven, o sueñan con, un buen estudiante, un profesional de excepción e incluso un futuro presidente, claro que mejor que los que hemos tenido. Pero son pocos los que piensan en la pequeña fortuna que se aprestan a gastar, aunque, desde el momento mismo de la concepción, los futuros padres comienzan a vivir el preludio de lo que será la inversión más importante y de más largo plazo de sus vidas. La más importante no sólo por lo que significa, sino que por los siderales montos que involucra. Y la de más largo plazo, porque les llevará, a lo menos, 22 años materializarla del todo, incluyendo la educación universitaria, y en otros casos nunca termina.
Los primeros atisbos de lo que se avecina, surgen apenas se ratifica el embarazo, primero con los "tests" y luego con el médico de cabecera. Confirmado el diagnóstico, vienen los controles periódicos y las ecografías que tan sólo es el inicio de lo que vendrá en esta maratón económica.
Además, en esos días se desata uno de los comportamientos que mayor castigo puede llegar a infligir a una cuenta corriente: la chochera prematura. Se trata del primer hijo y hay que recibirlo como Dios manda, lo que para algunos padres es igual que comprar de cuanto existe y "lo mejor para el bebé". "Yo deseo para mi hijo, lo mejor", suelen algunos decir, pero de lo que realmente se trata es de una competencia personal por estar a la altura de los demás y así se adquieren una serie de compromisos que angustian a la pareja. Tanto el padre como la madre se dan a una carrera por la adquisición de cuanto artículo es ofrecido para la distracción del futuro miembro de la familia, aunque éstos no sepan de qué se trata.
Los meses de la espera son bastante onerosos. El departamento para dos rápidamente se hace pequeño y es necesario buscar uno con otra habitación, lo que hace subir el precio del arriendo. Ni hablar del mes de garantía ni del costo de la mudanza. Una vez instalados, llega la hora de adornar la habitación adicional que motivó el cambio: papel de pared, una cuna, una mesa para mudar, un corral, un móvil, los primeros peluches y juguetes, el comunicador entre habitaciones que es lo básico entre una infinidad de posibilidades.
Pero los preparativos recién comienzan. Tomando en consideración que no hay bebé que nazca caminando, el ítem transporte adquiere una gran relevancia y productos como el coche de paseo, el moisés y la sillita para el automóvil pasan a la categoría de imprescindibles y a engrosar la línea de gastos.
Detalles como este se podrían contar por cientos, pero uno que destaca por lo predecible, costoso y siempre ausente de los listados de gastos, es la ropa maternal. No hay armario, por amplio que sea, que esté preparado para el cambio de fisonomía que sufre la futura madre y por muy austera que ésta sea, no se puede esperar que enfrente dicho proceso de transformación con un presupuesto pequeño y si de vestuario se trata, el bebé también ocupa un lugar protagónico. Sólo en las mudas de rigor se va cualquier cantidad de dinero, cifra que crece y crece en la medida que se le agregan que si buzos, pijamas, ropita de salir cuyos precios no se condicen en nada con el tamaño ínfimo que tienen. Y ¡ah!, los pampers, nos olvidábamos de los famosos pampers para el hospital porque si usted no los proporciona entonces se los suministra el hospital y ya sabe usted a que precio.
No deseamos entrar en detalles de los gastos de alumbramiento y, además, mejor no sigo no vaya a ser que me quieran atribuir, injustamente, la responsabilidad de haber privado a alguna pareja de ser los padres de alguno de los futuros presidentes o presidentas de la República.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América