La privacidad...un enfoque confidencial
Hoy, más que nunca, es posible vigilar la vida privada de un individuo sin que éste lo sepa. Es del conocimiento que el teléfono, el fax, el correo electrónico y las tarjetas de crédito, son medios que bien pueden ser usados para espiar a un individuo. En algunos países hay cámaras ocultas de vigilancia que controlan a los viajeros que se desplazan en cualquier medio de transporte. Las cámaras pueden reconocer la cara de una persona determinada, aunque se halle en medio de una multitud de un aeropuerto o de una plaza pública. "Gran Bretaña posee el mayor promedio de cámaras de vigilancia por persona en el mundo: 1 por cada 55 habitantes", según el rotativo The London Observer.
Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, mediante el sistema Echelon (red mundial de estaciones receptoras de señales vía satélite), tienen la capacidad de interceptar -a nivel mundial- comunicaciones vía satélite realizadas mediante el teléfono, fax, Internet y correo electrónico, e inspeccionar su contenido. Este sistema permite seleccionar faxes y mensajes electrónicos específicos, y si cuenta con un programa de reconocimiento de voz, también identifica a la persona que realiza la llamada telefónica. (Tomado del Daily News). Al respecto, el Instituto Watchtower, con sede en Nueva York, informa que: "Por todo el mundo, millones de personas tienen intervenidas las cuentas de Internet y correo electrónico que utilizan en las empresas donde trabajan".
Una encuesta realizada en el 2001 por la American Management Association, reveló que casi tres partes (73,5%) de las grandes empresas de Estados Unidos, graban y revisan las comunicaciones y actividades de sus empleados en horas laborales, especialmente las llamadas telefónicas, el uso del correo electrónico e Internet y los archivos informáticos. Además, el estudio en mención, pone de manifiesto que el FBI dispone del programa Carnivore, que permite interceptar el correo electrónico, los mensajes instantáneos y las llamadas telefónicas digitales de los millones de usuarios.
Greg Palast, periodista del London Observer señala que "Los atentados terroristas que sacudieron al mundo el 11 de septiembre de 2001 modificaron la actitud de numerosas personas en lo que respecta al derecho de los gobiernos a invadir su vida privada. Desde aquel fatídico día, las encuestas revelan que el 86% de los estadounidenses se muestra a favor de una mayor utilización de los sistemas de reconocimiento en general; el 81% quiere un mayor control de las operaciones bancarias y con tarjetas de crédito; y el 68% ve con buenos ojos la creación de un documento nacional de identidad".
Por tanto, la privacidad de millones de usuarios se ve amenazada a diario. Por ejemplo, aquel que busca empleo y coloca su hoja de vida en Internet, sus datos permanecen en la red durante años e incluso puede utilizarse para robarle su identidad.
Algunas agencias de empleo solicitan información personal de los interesados, como el nombre, la dirección, edad, experiencia laboral, y luego la entregan a terceras personas: los anunciantes. Y éstos, por supuesto, la utilizan para bombardear hasta la saciedad a su víctima con anuncios publicitarios engorrosos. Y, aunque la persona se oponga a esta desconsideración, pues la cinta sigue y sigue, hasta cansarle. Con la predisposición de cogerle aversión al producto en venta.
Asimismo, sucede con los teléfonos inalámbricos y los celulares. Si usted está conversando sobre un asunto privado, es más seguro que utilice un teléfono fijo. La señal de muchos de estos artefactos puede ser interceptada por un escáner de frecuencia de radio, y en ocasiones por otros teléfonos y hasta por monitores de bebés. Sin embargo, para los que están al margen de la ley y de la moral, este sistema ayuda grandemente a las autoridades a desenmascarar a los malhechores. Como en el caso de los menores Garrido. Igualmente sucede con la hoja de vida de aquel que solicita un empleo. Se evidencia una vez más que el récord policivo es un documento confiable para el empleador. Siempre y cuando goce de legitimidad. Del mismo modo, si hace alguna compra por teléfono y da el número de la tarjeta de crédito y la fecha de caducidad, quizá alguien escuchó la conversación y lo haga víctima de un fraude. Lo mismo sucede con intimar su tarjeta de crédito a la Internet. ¿A quién o a qué reclamarle? Por supuesto, a nadie.
Sobre esto, Privacy Rights Clearinghouse señala: "Cuando los internautas obtienen información o documentos de varios sitios, es posible registrar numerosas actividades realizadas en la Red, como cuáles son los grupos de noticias, archivos o páginas electrónicas que la persona ha visitado y permite confeccionar listas específicas de personas con gustos y hábitos similares". ¿Garantía de confiabilidad?
Hace mucho tiempo que los seres humanos reconocemos la necesidad de disponer de cierta medida de intimidad. Se hace imperativo el respeto a este derecho. Tan importante es, que la edición en inglés de El Correo de la UNESCO lo llama "la base de los derechos civiles". En cierto modo, todos los derechos humanos son aspectos del derecho a la vida privada. Sin embargo, ante la actual escalada de delincuencia y terrorismo internacional, los gobiernos y los organismos encargados de velar por el cumplimiento de la ley están cada vez más convencidos, de que, para proteger a los ciudadanos se debe romper con las barreras de la privacidad.
Según mi parecer, casi nadie se sentiría cómodo si supiera que alguien vigila sus movimientos, analiza sus pensamientos más recónditos y detecta sus más íntimos deseos. Aunque se usen radares o sistemas de vigilancia de rayos X avanzados, éstos no logran detectar que hay en la mente y en el corazón del hombre. Es allí donde debe librarse la verdadera batalla contra la delincuencia, el odio y la violencia.
(gemiliani@cwpanama.net)
Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, mediante el sistema Echelon (red mundial de estaciones receptoras de señales vía satélite), tienen la capacidad de interceptar -a nivel mundial- comunicaciones vía satélite realizadas mediante el teléfono, fax, Internet y correo electrónico, e inspeccionar su contenido. Este sistema permite seleccionar faxes y mensajes electrónicos específicos, y si cuenta con un programa de reconocimiento de voz, también identifica a la persona que realiza la llamada telefónica. (Tomado del Daily News). Al respecto, el Instituto Watchtower, con sede en Nueva York, informa que: "Por todo el mundo, millones de personas tienen intervenidas las cuentas de Internet y correo electrónico que utilizan en las empresas donde trabajan".
Una encuesta realizada en el 2001 por la American Management Association, reveló que casi tres partes (73,5%) de las grandes empresas de Estados Unidos, graban y revisan las comunicaciones y actividades de sus empleados en horas laborales, especialmente las llamadas telefónicas, el uso del correo electrónico e Internet y los archivos informáticos. Además, el estudio en mención, pone de manifiesto que el FBI dispone del programa Carnivore, que permite interceptar el correo electrónico, los mensajes instantáneos y las llamadas telefónicas digitales de los millones de usuarios.
Greg Palast, periodista del London Observer señala que "Los atentados terroristas que sacudieron al mundo el 11 de septiembre de 2001 modificaron la actitud de numerosas personas en lo que respecta al derecho de los gobiernos a invadir su vida privada. Desde aquel fatídico día, las encuestas revelan que el 86% de los estadounidenses se muestra a favor de una mayor utilización de los sistemas de reconocimiento en general; el 81% quiere un mayor control de las operaciones bancarias y con tarjetas de crédito; y el 68% ve con buenos ojos la creación de un documento nacional de identidad".
Por tanto, la privacidad de millones de usuarios se ve amenazada a diario. Por ejemplo, aquel que busca empleo y coloca su hoja de vida en Internet, sus datos permanecen en la red durante años e incluso puede utilizarse para robarle su identidad.
Algunas agencias de empleo solicitan información personal de los interesados, como el nombre, la dirección, edad, experiencia laboral, y luego la entregan a terceras personas: los anunciantes. Y éstos, por supuesto, la utilizan para bombardear hasta la saciedad a su víctima con anuncios publicitarios engorrosos. Y, aunque la persona se oponga a esta desconsideración, pues la cinta sigue y sigue, hasta cansarle. Con la predisposición de cogerle aversión al producto en venta.
Asimismo, sucede con los teléfonos inalámbricos y los celulares. Si usted está conversando sobre un asunto privado, es más seguro que utilice un teléfono fijo. La señal de muchos de estos artefactos puede ser interceptada por un escáner de frecuencia de radio, y en ocasiones por otros teléfonos y hasta por monitores de bebés. Sin embargo, para los que están al margen de la ley y de la moral, este sistema ayuda grandemente a las autoridades a desenmascarar a los malhechores. Como en el caso de los menores Garrido. Igualmente sucede con la hoja de vida de aquel que solicita un empleo. Se evidencia una vez más que el récord policivo es un documento confiable para el empleador. Siempre y cuando goce de legitimidad. Del mismo modo, si hace alguna compra por teléfono y da el número de la tarjeta de crédito y la fecha de caducidad, quizá alguien escuchó la conversación y lo haga víctima de un fraude. Lo mismo sucede con intimar su tarjeta de crédito a la Internet. ¿A quién o a qué reclamarle? Por supuesto, a nadie.
Sobre esto, Privacy Rights Clearinghouse señala: "Cuando los internautas obtienen información o documentos de varios sitios, es posible registrar numerosas actividades realizadas en la Red, como cuáles son los grupos de noticias, archivos o páginas electrónicas que la persona ha visitado y permite confeccionar listas específicas de personas con gustos y hábitos similares". ¿Garantía de confiabilidad?
Hace mucho tiempo que los seres humanos reconocemos la necesidad de disponer de cierta medida de intimidad. Se hace imperativo el respeto a este derecho. Tan importante es, que la edición en inglés de El Correo de la UNESCO lo llama "la base de los derechos civiles". En cierto modo, todos los derechos humanos son aspectos del derecho a la vida privada. Sin embargo, ante la actual escalada de delincuencia y terrorismo internacional, los gobiernos y los organismos encargados de velar por el cumplimiento de la ley están cada vez más convencidos, de que, para proteger a los ciudadanos se debe romper con las barreras de la privacidad.
Según mi parecer, casi nadie se sentiría cómodo si supiera que alguien vigila sus movimientos, analiza sus pensamientos más recónditos y detecta sus más íntimos deseos. Aunque se usen radares o sistemas de vigilancia de rayos X avanzados, éstos no logran detectar que hay en la mente y en el corazón del hombre. Es allí donde debe librarse la verdadera batalla contra la delincuencia, el odio y la violencia.
(gemiliani@cwpanama.net)