La problemática del transporte público
Luego del incendio del autobús que causo la muerte de varias personas, el gobierno de Torrijos tenía el respaldo total de la ciudadanía y de los partidos de oposición para lograr lo que ningún gobierno se había atrevido hacer: confrontar la cúpula de los sindicatos del transporte, neutralizar sus tentáculos en la Asamblea y sacar a licitación internacional el diseño, financiamiento y construcción de un nuevo y moderno sistema de transporte colectivo que a largo plazo le ofreciera al pueblo panameño un término a sus pesadillas de movilización diaria. Pero la falta de voluntad política, por no decir otra cosa, frustró las aspiraciones de todo un pueblo y se dejó pasar una oportunidad de oro.
Paliativos como la nueva legislación del transporte que no llenó las expectativas mínimas de los usuarios, y ahora el anuncio de la importación de 400 buses, que no se ha definido cómo se van a operar y mantener, nos dejan todavía más dudas sobre el futuro. Se desconoce si será el gobierno, una empresa mixta o una privada el responsable de financiar y administrar el sistema; si los actuales reyes de las calles o "Diablos Rojos" serán los encargados de operar el nuevo transmilenio, ahora sin carriles exclusivos. Recuerden que se había designado unos 70 milloncitos en el presupuesto para estructurar dichos carriles, que bien pudieran servir para comprar los buses.
Mi olfato político me indica que los copartidarios de los transportistas lograron convencerlos que el próximo gobierno vendría con una solución integral de tren ligero o monorriel que reemplazaría a mediano plazo el negocito (precario, según ellos) de los buses. Y que es mejor aceptar algún "ajustito" ahora que pospusiera por unos años, o por lo menos detuviera momentáneamente, el descontento nacional, o se les terminaría el oficio a todos. La respuesta nos la dará en los próximos días la propia cúpula de los transportistas con sus acciones de fuerza, tranques, paros, huelgas, etc., para oponerse o no a este supuesto nuevo sistema colectivo.
Todos sabemos que más de lo mismo (nuevos buses) no resuelve nuestra dependencia del petróleo, ni la contaminación, ni aliviará el flujo vehicular, ni sustituirá los subsidios al combustible, ni producirá bonos verdes; pero, definitivamente, será un paliativo que le hará más difícil al próximo gobierno enfrentar la problemática del transporte público a largo plazo y arrancar de raíz la mala hierba. Amanecerá y veremos.