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La propuesta de incremento de peajes del Canal


La Autoridad del Canal de Panamá está proponiendo un incremento en los peajes del Canal y un cambio en la manera de calcularlos. Por ello celebró una audiencia pública en la cual los usuarios del Canal, en su gran mayoría, se opusieron a la propuesta y algunos panameños que prestamos atención a los asuntos del Canal la favorecimos grosso modo. A continuación comparto los comentarios que formulé a título personal: No me sorprende la reacción de ciertos usuarios internacionales de nuestro Canal a la propuesta. Algunos dicen que el incremento es porcentualmente demasiado alto, o inoportuno en momentos de baja económica mundial, o que no prevé la gradualidad que les permita transferir el costo adicional a sus clientes... Hay reacciones encontradas a la propuesta de diferenciar los peajes según el tamaño de los barcos. No me sorprende incluso que alguno, neoliberal fundamentalista, haya acusado a la ACP de prácticas monopolísticas, desconociendo la realidad de que el Canal hoy más que nunca compite con otras vías de transporte comercial...
Además de normales diferencias de criterio y de interés, hay opiniones adversas de ciertos usuarios como consecuencia de que estos usuarios no han reconocido o aceptado cambios profundos macropolíticos (no de politiquería, sino de política en sentido aristotélico) que la transferencia del Canal a la responsabilidad panameña acarrea inevitablemente. Explico tres de estas repercusiones directas sobre el funcionamiento de nuestro Canal.
Primero, toda la literatura oficial norteamericana destacaba históricamente que el Canal tenía como principal finalidad la seguridad y la estrategia militar de los Estados Unidos de América. El administrador del Canal era entonces a la vez su principal usuario y beneficiario. La Comisión del Canal norteamericana podía mantener las tarifas singularmente bajas, porque lo que dejaba de percibir como ingreso estatal se compensaba con el bajo costo al que obtenía seguridad y ventajas militares, y además beneficiaba la parte de su comercio que pasaba por el Canal. Ahora, sin embargo, el Canal representa para su soberano y administrador, Panamá, que no es su principal usuario-beneficiario, uno de sus mayores, si no su mayor recurso natural, del que tiene derecho según las Naciones Unidas a beneficiarse. El rendimiento económico del Canal adquiere, por lo tanto, una justificación y una importancia que anteriormente no tenía. A este respecto la Asamblea General de las Naciones Unidas, desde el 14 de diciembre de 1962, al aprobar la Resolución 1803, titulada "Soberanía permanente sobre los recursos naturales", declaró en su primer artículo: "El derecho de los pueblos y de las naciones a la soberanía permanente sobre sus riquezas y recursos naturales debe ejercerse en interés del desarrollo nacional y del bienestar del pueblo del respectivo Estado".
En segundo lugar, bajo el régimen de administración por parte de Estados Unidos, la Comisión del Canal no asumía externalidades negativas de su funcionamiento, en materia ecológica y social, por ejemplo, mientras que Estados Unidos se beneficiaba a muy bajo costo de ciertas externalidades positivas en materia de seguridad y estrategia militar entre otras. Ahora, sin embargo, bajo el régimen de administración por parte de Panamá, la Autoridad del Canal ha de proporcionar los medios para asumir la principal responsabilidad por externalidades en materia de ecológica, social e incluso de seguridad, mientras que Estados Unidos no ha dejado de beneficiarse, sin costo alguno, de ciertas externalidades positivas aunque sea a un nivel mucho más bajo que anteriormente, en virtud de los Tratados vigentes. Panamá no podría cumplir con su responsabilidad en este aspecto si el rendimiento del Canal no lo hiciera posible.
En tercer lugar, bajo la administración norteamericana la filosofía institucional del Canal era la de un ente burocrático que se esforzaba por gastar todo su presupuesto de manera a justificar un incremento en el mismo. Bajo la administración panameña, sin dejar de ser un ente público el Canal trata de introducir, en la medida de lo posible y beneficioso, criterios de productividad y rendimiento, puesto que Panamá, país relativamente pobre, tiene un enorme déficit social por cubrir, así como una enorme necesidad de inversiones que creen más y mejores empleos.
Estas tres repercusiones explican el fondo de la propuesta panameña de incremento de peajes. Pero debemos tener un sentido de sensatez. El rasgo actual del funcionamiento del Canal es su carácter no monopólico, sino competitivo. No debemos, por lo tanto, tratar de aumentar su rendimiento al punto en que suscitemos el abandono del Canal por sus usuarios. Debemos por ello perfeccionar nuestra capacidad de medir la elasticidad del mercado con respecto a los servicios del Canal y prevenir cualquier efecto negativo. Además, conviene que adoptemos en esta materia una política de largo plazo, lo más transparente posible, desprovista de sorpresas y lo más sujeta a consulta que se pueda, para mantener la confianza razonable de nuestros usuarios y buscar sin traumas un equilibrio entre los intereses de los usuarios y los del pueblo panameño.
En aras de la sinceridad sugiero que nos encaminemos en la oportunidad del centenario de la República a un cambio en el lema de nuestro escudo nacional: en vez de "por el beneficio del mundo", proclamemos "por el beneficio de Panamá a través del servicio al mundo."
(ariyan@sinfo.net)
"Estos jóvenes no ven qué papel pueden desempeñar en un futuro y las metas de ellos son a muy corto plazo, por ejemplo nunca encontramos en esos estudiantes que desertan metas como: "yo quiero ser médico". Por el contrario, ellos dicen yo quiero trabajar, quiero comprarme ropa y zapatos, quiero ayudar a mi familia, quiero comer".
La experiencia, de 28 años en el sistema, le indica que los primeros tres meses los muchachos no desertan sino luego del primer semestre porque están fracasados, no estudian por falta de motivación y vienen de hogares desintegrados, reafirmó.
Sugiere que se forme un equipo interdisciplinario ya sea en las direcciones regionales o en las zonas escolares o el Ministerio de Educación, con trabajadores sociales para que investiguen por qué el estudiante se va, por qué no quiere volver a la escuela.
Sofocado por el calor y el ruido de la calle, Pedro no sabe cómo entrar hoy al aula. Otra vez llega tarde y, para colmo, arrugado, cosa que desagrada a su profesor. Ese día Pedro sentía que algo pasaba. El corazón quería salírsele del pecho porque ya no tenía excusa ni defensas para su condición. Tomó un respiro y entró al aula.
El maestro asumió otra actitud. Preocupado por el extraño comportamiento del niño y porque nunca se separaba de una bolsa, esa tarde decidió abordarlo. Pedro llegaba arrugado porque guardaba su uniforme en esa bolsa durante el día, mientras trabajaba.
Pedro era un niño huérfano y para sobrevivir debía trabajar. El trabajo en las calles lo alejó de las aulas. Su maestro le dio seguimiento y trató de ayudarlo hasta la secundaria, pero la pobreza y las carencias de ese niño, que ahora es un joven, le impidieron seguir estudiando.
Sólo llegó hasta el cuarto año. Ahora Pedro trabaja en las calles. Fue una estadística de la tasa de deserción y ahora es otra del subempleo. Cada Navidad Pedro se acuerda de su maestro, se acerca al balcón de su casa y le dice: Maestro, ¡feliz Navidad!
Juan era muy callado, pero violento. Ya había estado en tres escuelas. Su profesor advirtió su problema. La comunicación y el calor humano eran importantes en este caso. Decide ayudarlo y descubre un mundo de problemas, frustraciones y ansiedades. Aunque se ganó su confianza, era muy difícil ayudarlo. Su agresividad y problemas de arrastre lo ahogaron. Juan dejó la escuela: su futuro está a merced de la calle.

101 años de Panamá América

 
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