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La protesta con o sin propuestas


Desde la caída del muro de Berlín no ha existido en el mundo una revolución triunfante, llevada en andas por la insurrección popular. Lo que vemos hoy en países como Bolivia y Ecuador, son golpes de Estado revestidos de una mínima legalidad, promovidos por las facciones políticas en pugna, utilizando el descontento popular con el sistema neoliberal imperante. En ninguno ha surgido un gobierno que promulgue romper con el sistema de forma abrupta, después de las renuncias presidenciales conocidas.
En Latinoamérica, las vías para acceder al poder desde la izquierda han sido una discusión de casi todo el siglo 20, cuyo resultado ha sido bastante traumático al intentar ejecutar algunas de esas posiciones. Así, la actuación de algunos movimientos guerrilleros en Sudamérica entre los 60 y 70, de alguna manera crearon condiciones ideológicas para la represión brutal que terminó en la imposición de dictaduras de derecha en gran parte de esos países. En Centroamérica, la revolución sandinista, triunfante en 1979, alentó la lucha armada para asaltar el poder contra las dictaduras ya existentes y por eso tuvo un relativo éxito que no ha podido ser sostenido por la combinación de varios factores, tales como la resistencia armada e ideológica del "stabhisment" y la derrota del socialismo en la guerra fría, además de graves errores, reconocidos por sus principales dirigentes.
Sergio Ramírez, ex vicepresidente sandinista de la revolución nicaragüense ha escrito, un par de décadas después, que "la revolución se ha quedado sin cronistas en este fin de siglo de sueños rotos, después que tuvimos tantos en los años en que estremecía al mundo". Obviamente, la causa objetiva es que muchos prefieren olvidar en vez de estudiar los errores cometidos.
En el acceso al poder en el marco de una globalización que amenaza con destruir a más de la mitad de la humanidad desde el punto de vista económico, ecológico y aún militar, es evidentemente la protesta con propuestas que la población acepte porque saben que no tienen otra alternativa, aún en torno al poder político. Los cambios en Argentina, Chile, Brasil, Uruguay y Venezuela, entre otros, no dejan lugar a dudas acerca de ello. La extrema izquierda no garantiza ni el acceso al poder, ni la solución a los problemas de la población. Por ello, se hace necesario poner al descubierto los "planes ocultos" de estos sectores equivocados que ven en coyunturas como la protesta por las reformas a la ley Orgánica de la CSS, la excusa para la insurrección general que lleve al poder a los que no se atreven a luchar en las elecciones populares, por temor a ser rechazados por la población.
Algunos pensamos que en las actuales circunstancias se puede acceder al poder político a través de la votación popular; apostamos a candidaturas populares como la de Leandro Avila, para cambiar cosas desde el poder. Creemos que no hay que huirle a las elecciones y disfrazar en cada coyuntura el interés por acceder al poder político, sino obtener la mayor cantidad de espacios de poder a través del voto popular, para mejorar la situación del país desde el poder mismo.
Soy testigo de los importantes cambios introducidos al proyecto de ley de reformas a la CSS por Avila, en consulta con los sectores sindicales que decidieron aportar al debate en vez de enfrentarlo con cero tolerancia, lo que obviamente no hubiese ocurrido sin él participando del poder como Diputado. He allí la diferencia del resultado acerca del diferendo de cómo acceder al poder.
Si se hace un balance de la situación, concluiremos que los sectores intransigentes del movimiento sindical dirigidos por la ultraizquierda fallida en toda la historia de América Latina, han obtenido hasta ahora: dos semanas de huelga (con subsisdio de huelga o sea, casi sin ingreso para sus familias); cientos de detenidos; varios heridos; el repudio de la sociedad que no apoya la violencia verbal, ni la diatriba, ni los tranques de calles (descalificando ante la población este tipo de lucha en el futuro); ninguna contribución a mejorar la ley de la CSS; el sabotaje a la educación de los hijos de la población que asiste a las escuelas públicas (las privadas han dado clases normalmente); sabotaje a la atención médica de los que asisten a los hospitales de la CSS y del Ministerio de Salud (las clínicas privadas siguen funcionando) o sea, sabotaje al pueblo que se dice defender y ningún resultado positivo.
Del otro lado, el lado de la protesta con propuesta, se ha logrado dialogar para mejorar la Ley 17 antes y después de su nacimiento, en una demostración de sensatez que combinado con la participación de diputados salidos de las entrañas populares, han logrado mucho más por el futuro de los asegurados que la intransigencia ultraizquierdista que desconoce sus errores históricos y por lo tanto los repite una y otra vez.
ayalaabogado@hotmail.com

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