La proximidad panameña
EL CÉLEBRE filósofo francés, Jacques Derrida, tras el esfuerzo de edición de Anne Dufourmantelle, también filósofa francesa, pronunció en enero de 1996 una serie de conferencias en torno a la hospitalidad, que hoy nos resultan conocidas. Por fuerza tuvo que abordar, dentro de esa temática, asuntos relacionados con la ceguera, la locura, la violencia, la afectación de la actual tecnología en la vida privada y la invasión de lo público en lo privado. Derrida filosofa en torno a la hospitalidad que se le brinda al extranjero y advierte que el extranjero siempre es el "otro". Sin embargo, "el otro" siempre nos mira por el amparo que le brindamos y, no sólo eso, sino que penetra investigando nuestro propio desamparo; averigua qué ha acontecido con nuestras leyes y el por qué somos dominados por las leyes injustas y por qué desconocemos las leyes buenas, justas. En realidad, lo que Derrida hace no es otra cosa que atender, desde la perspectiva filosófica, las realidades de actualidad y así evoca paradigmas del pasado que, en una u otra medida, representan lecciones para nosotros. Ejemplos de paradigmas del pasado que aún recordamos con asombrosa admiración: Sócrates que por respetar el contenido de la Ley injusta muere dentro de la ley; Edipo que muere fuera de la Ley y Antígonas que no puede explicarse o entender la nefasta sentencia del Rey Creón respecto a cómo dar sepultura a su hermano y se sorprende de cómo las leyes de la Tierra contradicen las leyes naturales y divinas.
Lo cierto es que en el análisis que Derrida brinda del término hospitalidad se ve, también, forzosamente obligado a tratar lo relativo a la proximidad. Si no podemos estar en un punto cierto y determinado por mucho que nos afanemos; si no es posible predicar que "estamos en la posición que anhelamos" o que "somos lo que queríamos ser", vale entonces la palabra "proximidad" como lo cercano a lo apetecido; como lo inmediatamente allegado a lo querido, se trata de "estar a un paso de", "tan cerca de " o "cercano de lo cercano".
Panamá, como nación, territorio, Estado y República, también como población, ha venido deseando la proximidad a algo; sin embargo, el grave defecto de lo apetecido es que no tenemos bien definido en qué consiste "ese algo" al que deseamos aproximarnos. Obsérvese que para culturas y naciones de mayor edad que la nuestra, v.gr. Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Japón, etc., siempre ha existido una aspiración de llegar a "algo" o a ser "el alguien querido o apetecido" -ha jugado siempre un papel fundamental la apetencia por la democracia- y todo cuanto han movido, pensado, conjeturado, proyectado ha estado en función de querer, efectivamente, llegar. Se trata de un claro y casi perfecto desarrollo de la teoría filosófica de la proximidad.
En nuestras naciones, todo intento de proximidad se ve perturbado por una gama de factores que inciden desde "adentro" y desde "afuera". Los que más daño le hacen al deseo de los panameños de buscar la proximidad hemos sido los propios panameños y no "los otros", "el extranjero". Ellos no hacen otra cosa que poner en evidencia nuestra propia flaqueza, nuestras debilidades y falencias. Todo intento de robustecer el deseo de proximidad en Panamá debe nacer, emanar de iniciativas propias, de planes y programas nuestros. Para que así suceda hay que depurar, entre los que generan opinión y hacen planes, quiénes realmente tienen buenas ideas, iniciativas adecuadas para nuestro país.
El falsacionismo, el ilusionismo, la utopía, los malabaristas de la política criolla, los fantasmas del acontecer nacional, dañan todo buen intento de aproximación y tergiversan las buenas ideas; todo lo tuercen, parecen picapleitos oficiosos; pero, cuidado, que no lo son, siempre sus actuaciones obedecen a patrones de una proximidad egoísta, es decir, aquella que tiende al egoísmo, a lo malsano, y que se entreteje con la mezquindad, la alevosía, el disparate fugaz y furtivo. De allí que impera en nuestra sociedad una subcultura de perversión y que ha logrado mermar y mellar la sana conciencia de no pocos panameños que hoy se ven victimizados por una tendencia de materialismo y consumismo inconsecuentes con las bondades del espíritu humano.
¿Será cierto que en la búsqueda permanente de la proximidad: hacia el desarrollo social, la bonanza pública, la prosperidad de los pobres y el mantenimiento de la tranquilidad empresarial de los ricos y famosos, entre otras cosas, hemos sido atosigados por otros espíritus de "los demás"? Las respuestas a estas reflexiones derridanianas y que hacemos nuestras conforme se expone, nos llevan a concluir que en Panamá estamos prestos, sedientos, por una proximidad. El problema consiste, para todos por igual, que no nos hemos puesto de acuerdo en el contenido ni en el concepto de "¿Qué es lo próximo?". Esto permite comprender, el por qué el discurso de la clase empresarial, que se ha sentido golpeada y atacada por las reformas fiscales, nunca logró movilizar el sentimiento de solidaridad arraigado en el pueblo y que sólo se activa cuando las fuerzas sociales de una nación, como la nuestra, encuentra que los interlocutores del discurso realmente tienden hacia "lo próximo", como lo bueno y positivo para la nación entera.
(stekrakri@hotmail.com)
Lo cierto es que en el análisis que Derrida brinda del término hospitalidad se ve, también, forzosamente obligado a tratar lo relativo a la proximidad. Si no podemos estar en un punto cierto y determinado por mucho que nos afanemos; si no es posible predicar que "estamos en la posición que anhelamos" o que "somos lo que queríamos ser", vale entonces la palabra "proximidad" como lo cercano a lo apetecido; como lo inmediatamente allegado a lo querido, se trata de "estar a un paso de", "tan cerca de " o "cercano de lo cercano".
Panamá, como nación, territorio, Estado y República, también como población, ha venido deseando la proximidad a algo; sin embargo, el grave defecto de lo apetecido es que no tenemos bien definido en qué consiste "ese algo" al que deseamos aproximarnos. Obsérvese que para culturas y naciones de mayor edad que la nuestra, v.gr. Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Japón, etc., siempre ha existido una aspiración de llegar a "algo" o a ser "el alguien querido o apetecido" -ha jugado siempre un papel fundamental la apetencia por la democracia- y todo cuanto han movido, pensado, conjeturado, proyectado ha estado en función de querer, efectivamente, llegar. Se trata de un claro y casi perfecto desarrollo de la teoría filosófica de la proximidad.
En nuestras naciones, todo intento de proximidad se ve perturbado por una gama de factores que inciden desde "adentro" y desde "afuera". Los que más daño le hacen al deseo de los panameños de buscar la proximidad hemos sido los propios panameños y no "los otros", "el extranjero". Ellos no hacen otra cosa que poner en evidencia nuestra propia flaqueza, nuestras debilidades y falencias. Todo intento de robustecer el deseo de proximidad en Panamá debe nacer, emanar de iniciativas propias, de planes y programas nuestros. Para que así suceda hay que depurar, entre los que generan opinión y hacen planes, quiénes realmente tienen buenas ideas, iniciativas adecuadas para nuestro país.
El falsacionismo, el ilusionismo, la utopía, los malabaristas de la política criolla, los fantasmas del acontecer nacional, dañan todo buen intento de aproximación y tergiversan las buenas ideas; todo lo tuercen, parecen picapleitos oficiosos; pero, cuidado, que no lo son, siempre sus actuaciones obedecen a patrones de una proximidad egoísta, es decir, aquella que tiende al egoísmo, a lo malsano, y que se entreteje con la mezquindad, la alevosía, el disparate fugaz y furtivo. De allí que impera en nuestra sociedad una subcultura de perversión y que ha logrado mermar y mellar la sana conciencia de no pocos panameños que hoy se ven victimizados por una tendencia de materialismo y consumismo inconsecuentes con las bondades del espíritu humano.
¿Será cierto que en la búsqueda permanente de la proximidad: hacia el desarrollo social, la bonanza pública, la prosperidad de los pobres y el mantenimiento de la tranquilidad empresarial de los ricos y famosos, entre otras cosas, hemos sido atosigados por otros espíritus de "los demás"? Las respuestas a estas reflexiones derridanianas y que hacemos nuestras conforme se expone, nos llevan a concluir que en Panamá estamos prestos, sedientos, por una proximidad. El problema consiste, para todos por igual, que no nos hemos puesto de acuerdo en el contenido ni en el concepto de "¿Qué es lo próximo?". Esto permite comprender, el por qué el discurso de la clase empresarial, que se ha sentido golpeada y atacada por las reformas fiscales, nunca logró movilizar el sentimiento de solidaridad arraigado en el pueblo y que sólo se activa cuando las fuerzas sociales de una nación, como la nuestra, encuentra que los interlocutores del discurso realmente tienden hacia "lo próximo", como lo bueno y positivo para la nación entera.
(stekrakri@hotmail.com)