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La proyección de France Field


El gobierno del presidente Guillermo Endara lo logró con la construcción de la presa alta de La Fortuna, en plena crisis económica, con los créditos internacionales bloqueados, a punta de ahorros acumulados bajo la férrea mano del contralor Rubén Carles.
La Administración de Ernesto Pérez Balladares puede a su vez felicitarse por la construcción de los corredores privados, Norte y Sur, y sobre todo por el ensanche de la Interamericana, sin excluir la privatización y modernización de los puertos de Balboa y Cristóbal, y la construcción del puerto de Moinsa en Coco Solo.
La presidenta Moscoso, en cambio, ha preferido una multitud de pequeñas obras sociales, que le ha valido muchos frutos en el campo político, pero dudosa trascendencia histórica, porque los problemas económicos del país ahogan sus modestos esfuerzos. France Field, sin embargo, puede hacer la diferencia.
En la última década, Panamá ha venido dando pasos muy firmes dentro de la estrategia de desarrollo marítimo internacional. Si se quiere, esa es nuestra respuesta al reto de la globalización. El Canal, los modernos puertos terminales actuales, el aeropuerto de Tocumen y el nuevo ferrocarril transístmico, se mueven en esa dirección.
La licitación y construcción del nuevo aeropuerto internacional de France Field sería igual, una movida maestra. Imaginemos la enorme ventaja que tendría nuestra Zona Libre de Colón, si los empresarios y clientes extranjeros pudieran volar desde sus países directamente hacia Colón, aterrizando en France Field, sin tocar Tocumen. Para empezar, se acabarían los asaltos durante el trayecto por la carretera Transístmica. Además, sería muy positivo que Tocumen, que se piensa privatizar, cuente con un buen competidor en la Costa Atlántica.
El aeropuerto de Howard también sería una pieza clave, aunque por su inmediación a Tocumen, su papel podría estar orientado más bien hacia la industria y la exportación, que al manejo de pasajeros. Igual hay que agregar en favor de la misma estrategia, la construcción de la autopista Panamá-Colón, paralizada supuestamente por la potencial falta de clientela, no revelada en los estudios previos de la concesionaria.
La autopista hacia Colón debe ser ejecutada, si es posible con más de cuatro carriles, aptos para tránsito pesado de camiones y contenedores. Es una obra estratégica, complementaria a nuestro Canal, aquejado por la estrechez.
Por último, ojalá el ferrocarril tenga capacidad de expandir sus servicios hacia un tren bala, de esos que circulan por Europa y Japón a más de 400 kilómetros por hora. En quince minutos se estaría en Colón y viceversa. Y si eso compite con la autopista, hagámosla pública, cobrando peajes como en la de Chorrera. Hay que pensar en grande, porque igual de grande es la competencia extranjera; y a nuestra clientela internacional hemos de brindarle una abrumadora cantidad de opciones para todas las preferencias, tierra, mar, rieles, aire y ductos entre dos océanos.

101 años de Panamá América

 
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