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La pseudociencia del periodismo


La pseudociencia, divulgada en los medios y de mano de periodistas, fomenta la superstición y el pensamiento mágico. Ufólogos, parapsicólogos, astrólogos y cultivadores de lo esotérico encuentran en los diarios, radio y televisión sin excepción, el lugar idóneo para hacer publicidad de sus arengas, libros y consultas: la auténtica ciencia de la ciencia-basura.
La astrología disimulada en las páginas de pasatiempos en la prensa escrita, aparece en forma de horóscopo, como si fuera algo inofensivo. Puede que lo sea para mucha gente. Pero, dividir a los casi tres millones de panameños en doce grupos zodiacales y que los haga depender de vaguedades y decisiones, es un absurdo. Hay un sector de la población en que el horóscopo funciona de guía, que lo lee con fe y que hasta puede tomar decisiones importantes para su vida según las indicaciones de las estrellas. Evidentemente, los medios pueden escudarse tras el parapeto de que se trata de un mero pasatiempo, pero eso no es, a mi juicio, más que una manera de justificar que, como los horóscopos tienen su público, prefieren evitarse problemas y seguir fomentando la superstición.
Desde mediados de los años 80, algunos diarios estadounidenses incluyen junto al horóscopo esta advertencia: "Las siguientes predicciones se deben leer solamente como entretenimiento. Estas predicciones no tienen bases fundamentadas en ningún hecho científico". La misma precaución aparece en las revistas esotéricas: "Más Allá", "Año Cero", "Enigmas" y "Karma.7".
Resulta habitual encontrarse en algunas emisoras de radio y de televisión programas que tienen un espacio donde un "presunto" especialista de la salud habla de la homeopatía, del poder anticancerígeno del cartílago de tiburón y de hechos no demostrados o refutados por la ciencia. Esas entrevistas suelen estar a cargo de un profesional de prestigio y en las mismas se recomienda reiteradamente algún tipo de producto del que el entrevistado es -¡qué casualidad!- fabricante, distribuidor o vendedor. En fin charlatanes.
Hay que ser extremadamente cautos a la hora de dar noticia de nuevos tratamientos para enfermedades hoy por hoy incurables, para no sembrar falsas esperanzas entre los afectados. De ahí que sea necesario que todo profesional de la información conozca algunas herramientas básicas y a quién dirigirse en caso de duda sobre el auténtico carácter de algunas afirmaciones.
La publicidad disfrazada cuestiona seriamente la ética de los profesionales del periodismo que se avienen a practicarla. Estos informadores ponen su credibilidad al servicio de productos más que cuestionables sin advertir, en ningún momento, de que les pagan por cantar sus excelencias. Están, por consiguiente, engañando al público desde el momento que le venden publicidad como si fuera información objetiva. Este mal es fácil de detectar y demuestra la ausencia de ética de unos profesionales y unas empresas a las que el afán de lucro lleva a disfrazar la publicidad del producto informativo.
Para cualquiera que haya tenido oportunidad de ver a alguna echadora de cartas, de piedras y de la pirámide de la suerte, en un canal televisivo local, resulta evidente que nos encontramos ante un subproducto que sólo puede engañar a quienes ya han sido engañados. Pero lo cierto es que fomentan la superstición. ¿Cómo se explica que estos "charlatanes" y de los ingenuos que pican el cebo, trabajen y no vivan retirados en una isla del caribe tras haberse llevado un premio millonario de un juego de azar? La publicidad de los farsantes en la pequeña pantalla tendría sus días contados si existiese una ley que prohíba todo anuncio que afecte el comportamiento humano y que inciten a la violencia o a conductas antisociales, que apelen al miedo o a la superstición o que puedan fomentar abusos, imprudencias, negligencias o conductas agresivas.
Se hace urgente incrementar la cultura científica de la población. Es importante para el desarrollo social, económico y político de los pueblos frenar las supercherías disfrazadas de ciencia, aumentaría la capacidad crítica de los ciudadanos, derribaría miedos y supersticiones, ignorancia y haría a los seres humanos más libres y más audaces. El periodista tiene como obligación informar verazmente al público y sacar a la luz estafas, engaños y desenmascarar a estos vendedores de mentiras. Obviamente, esto sería lo deseable en el caso de todos los profesionales, pero resulta imposible para aquellos que, aunque conlleve sacrificar la verdad al negocio, han convertido la divulgación de lo paranormal en un modo de vida o carencia de escrúpulos. Ante estos casos y con falta de ética profesional de algunos periodistas, poco se puede hacer.
(gemiliani@cwpanama.net)

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