La psicología como ciencia del alma: un testimonio real
La psicología como ciencia del alma: un testimonio real
Habrá muchas definiciones de alma, pero hay una que une la ciencia y la espiritualidad: el alma es el centro vital radical y profundo del cual depende la persona para ser y comportarse como tal. Para los creyentes en el alma se da la unión entre Dios y nosotros. El psicólogo bueno, el que tiene vocación descubre por su propia intuición iluminada, por su preparación académica, por las herramientas científicas que miden ciertos aspectos de la conducta, por meterse en el alma del paciente, rasgos fundamentales que provocan reacciones determinadas. E intenta sanar, aliviar, dar pistas para la recuperación de la persona, lograr su estabilidad emocional y mental.
Ha habido grandes psicólogos: William James, Sigmund Freud, Carl Jung, Carl Rogers, Víctor Frankl y muchos otros. Hay una persona que conocí profundamente y admiré mucho que se llama Geraldine Emiliani, mi hermana, psicóloga con 48 años de servicio a la gente. Por ella sé una diferencia entre el médico y el psicólogo. El primero puede operar un hígado y salvar a una persona. Y eso es maravilloso. Sin él muchas personas no hubieran pasado de 20 años de vida. Pero permanece normalmente fuera del fuero interno del paciente. El psicólogo entra dentro del alma: vive los traumas, fobias, complejos, resentimientos, el dolor de la frustración y el drama de la depresión de la persona tratada. Está conectado con el alma del paciente. Por el desarrollo controlado de la empatía se sumerge en el interior del individuo e intenta captar lo que palpita en el hondo ser de la persona. Por eso se desgasta de tanto vivir el drama del ser humano.
Geraldine aún muy entrada en los 76 años y hasta dos meses antes de morir atendió a pacientes. No podía rechazar a nadie que llegara con su drama humano. Y vivía muchas veces la tragedia del paciente atendido y lo llevaba a la oración. Ese es el detalle que hace al psicólogo completo: elevar al corazón de Dios la persona del paciente y dar el toque magistral que perfecciona la obra. La sanación viene de lo alto cuando la persona comprende su miseria, su dolor, su angustia, su trauma y acepta que algo espiritual debe suceder. Geraldine sabía eso. Pero también que no podía pasar nunca una frontera sin el permiso del paciente. La religión no está dentro del servicio del profesional. Pero sí iluminar algunos aspectos de la trascendencia humana. Saber que necesita paz, darle sentido a su vida, leer su historia desde algo más que la materia, el poder del pensamiento…en fin, cientos y cientos de pacientes dan gracias a Geraldine que está en el cielo por su trabajo. Gracias por tu testimonio hermana mía.