La PTJ bajo el paraguas de la Corte
La señora presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Mirtza Franceschi de Aguilera, ha exteriorizado su opinión, que es compartida con otros de sus colegas magistrados, de que la Policía Técnica Judicial (PTJ), debe ser administrada por el máximo tribunal. El mismo concepto ha sido manifestado también por nosotros en esta misma columna y en El Pulso de Panamá. En cada ocasión hemos aludido a la experiencia propia de nuestro país y de nuestra vecina Costa Rica.
La Policía Secreta fue el antecedente más lejano de nuestra PTJ, que más tarde evolucionó hacia el Departamento Nacional de Investigaciones (DENI). Ambos estuvieron adscritos a la Fuerza Pública, llámese en su momento Policía Nacional o Fuerzas de Defensa.
Otra característica compartida por la Policía Secreta y el DENI, es que fueron usados como instrumentos de represión política y tortura a las órdenes de los gobiernos de turno. Este hecho histórico pesó para que, tras la caída de la dictadura militar, la sucedánea PTJ, fuera adscrita al Ministerio Público, dándosele un perfil técnico de organismo especializado en la investigación científica de los delitos, a inspiración del costarricense Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
La OIJ tica es para los panameños de muy grata recordación. Gracias a su tremenda eficiencia técnica, se desenmascaró la patraña urdida por Noriega para achacar el asesinato del doctor Hugo Spadafora Franco a gente que operaba en el vecino país. El siniestro dictador había hecho que sus agentes arrojaran el cuerpo decapitado de Spadafora en un arroyo en territorio costarricense.
En menos de un mes comparecieron ante los medios internacionales miembros de ambos sexos de la OIJ y desentrañaron la trama del tirano panameño. El doctor Spadafora había sido muerto en Panamá por militares panameños y echado su cuerpo a Costa Rica, todo ilustrado por fotos, testimonios, huellas dactilares y del vehículo con sus ocupantes. Jamás tuvimos aquí tanta precisión y efectividad en un caso similar. Noriega subestimó a la OIJ y pagó caro su error. Ese fue el principio del fin del dictador que desde entonces inició su descenso en picada.
Tras la caída del dictador creamos y asignamos la PTJ al Ministerio Público, copiamos a los ticos, pero ignoramos su historia. Ellos habían tenido una sangrienta guerra civil que terminó en la abolición de su ejército en 1949. Con su OIJ tuvieron el cuidado de evitar la excesiva concentración de poder y la pusieron bajo la directa dependencia de su Corte Suprema.
Los panameños quisimos ser más lógicos y optamos por poner nuestra PTJ directamente bajo el mando del Procurador General de la Nación, a través de un director que le debía ciega obediencia. Los resultados no fueron nada buenos, por la concentración de poder. Y cuando quisimos romperla y darle autonomía, nos fue igual de mal. El conflicto Moncada - Sossa lo ilustra a la perfección. La PTJ debe estar bajo el paraguas de la Corte, aunque sirva como auxiliar del Ministerio Público.
La Policía Secreta fue el antecedente más lejano de nuestra PTJ, que más tarde evolucionó hacia el Departamento Nacional de Investigaciones (DENI). Ambos estuvieron adscritos a la Fuerza Pública, llámese en su momento Policía Nacional o Fuerzas de Defensa.
Otra característica compartida por la Policía Secreta y el DENI, es que fueron usados como instrumentos de represión política y tortura a las órdenes de los gobiernos de turno. Este hecho histórico pesó para que, tras la caída de la dictadura militar, la sucedánea PTJ, fuera adscrita al Ministerio Público, dándosele un perfil técnico de organismo especializado en la investigación científica de los delitos, a inspiración del costarricense Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
La OIJ tica es para los panameños de muy grata recordación. Gracias a su tremenda eficiencia técnica, se desenmascaró la patraña urdida por Noriega para achacar el asesinato del doctor Hugo Spadafora Franco a gente que operaba en el vecino país. El siniestro dictador había hecho que sus agentes arrojaran el cuerpo decapitado de Spadafora en un arroyo en territorio costarricense.
En menos de un mes comparecieron ante los medios internacionales miembros de ambos sexos de la OIJ y desentrañaron la trama del tirano panameño. El doctor Spadafora había sido muerto en Panamá por militares panameños y echado su cuerpo a Costa Rica, todo ilustrado por fotos, testimonios, huellas dactilares y del vehículo con sus ocupantes. Jamás tuvimos aquí tanta precisión y efectividad en un caso similar. Noriega subestimó a la OIJ y pagó caro su error. Ese fue el principio del fin del dictador que desde entonces inició su descenso en picada.
Tras la caída del dictador creamos y asignamos la PTJ al Ministerio Público, copiamos a los ticos, pero ignoramos su historia. Ellos habían tenido una sangrienta guerra civil que terminó en la abolición de su ejército en 1949. Con su OIJ tuvieron el cuidado de evitar la excesiva concentración de poder y la pusieron bajo la directa dependencia de su Corte Suprema.
Los panameños quisimos ser más lógicos y optamos por poner nuestra PTJ directamente bajo el mando del Procurador General de la Nación, a través de un director que le debía ciega obediencia. Los resultados no fueron nada buenos, por la concentración de poder. Y cuando quisimos romperla y darle autonomía, nos fue igual de mal. El conflicto Moncada - Sossa lo ilustra a la perfección. La PTJ debe estar bajo el paraguas de la Corte, aunque sirva como auxiliar del Ministerio Público.