La publicidad del gobierno
Siempre he creído que la publicidad bien dirigida es un arma muy efectiva. La industria, la agricultura, el comercio y los gobiernos la utilizan como parte permanente de sus actividades. Es práctica común su empleo en los sistemas políticos-económicos de libre empresa. Aún las autoridades en los países comunistas o socialistas radicales la emplean para vender sus ?slogans? o destacar hechos o circunstancias que están dentro de sus normas y objetivos. No obstante, la publicidad con enfoques mal dirigidos resulta muy contraproducente.
Últimamente se ha divulgado las inversiones que el Gobierno hace en propaganda. Se ha señalado que ese gasto ascendió a casi B/. 26 millones en el 2006. Aunque, a simple vista, parece un gasto excesivo, ello no sería del todo criticable si se hiciera con un propósito específico y no se utilice la misma para exaltar el personalismo.
Al proyecto de ampliación del Canal se le destinó algo más de 2 millones de balboas en propaganda divulgativa. Su efecto fue muy positivo. La ampliación fue aprobada por amplia mayoría al conocer el pueblo panameño en detalle los beneficios que la misma tendría para el país.
No sé quién o quiénes, ni me interesa saberlo, manejan la publicidad del Estado.
Como todo lo que atañe a la publicidad me atrae sobremanera, me tomé el trabajo de prestarle atención muy cuidadosa a la propaganda que el Estado hace en estos días en los distintos medios de comunicación, en especial en la radio. Es, francamente, intolerable, abusiva, cansona y excesiva. Flaco favor le están haciendo los publicistas a quienes pretenden beneficiar, con la propaganda que hace el gobierno, la cual se puede considerar que es contraproducente a los fines que persigue.