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La punta del iceberg


El 20 de febrero, publicamos en El Panamá América un artículo titulado "Deuda externa y algo de historia". El propósito del artículo era hacer énfasis sobre los siguientes aspectos que nos parecieron suficientemente inquietantes: la gravedad del problema social en Panamá, la urgencia de conseguir la condonación de la deuda externa a efecto de que el Estado contara con recursos con los cuales desactivar la bomba de tiempo que, para todos, representaría la explosión social que se anuncia, y destacar que la misma no sólo afectaría el servicio público internacional que presta el Canal de Panamá, sino la propia gobernabilidad del país.
A propósito de la deuda externa nos pareció oportuno reproducir, en el referido artículo del 20 de febrero, la opinión del reputado economista John Kenneth Galbraith, quien, sobre el particular, resumió en 1986 el panorama universal de la deuda externa, en la sentencia que sigue:
"Bancos pocos sensatos, hicieron préstamos poco sensatos, a gobiernos pocos sensatos", concluyendo que tales bancos "tendrán que estirar los plazos, reducir las tasas de interés y, en algunos casos, perdonar" (La Prensa, 10 de marzo de 1986).
En ese mismo artículo decíamos que, afortunadamente, Panamá contaba con suficiente fundamento jurídico, político y moral para justificar la condonación de su deuda externa, y, lo que era más determinante, la condonación de la deuda no sólo era el interés nacional del país, sino, también, el interés nacional de los grandes países usuarios de la vía interoceánica, cuyos gobiernos son, de paso, los que deciden si condonan o no y a favor de qué países. ¿Por qué -decíamos- que la condonación de la deuda no sólo era el interés nacional de Panamá, sino del interés de los países que tenían en sus manos el poder de condonar o no la deuda? La explicación que expusimos fue la siguiente: el tránsito regular, seguro e ininterrumpido de naves por el Canal no sólo era el interés nacional de Panamá, sino igualmente del interés nacional de los grandes países usuarios de la vía. Y, agregábamos, que siendo el Canal de Panamá un canal urbano, éste no tenía cómo escapar a los efectos de la onda expansiva de la explosión social cuando ésta se produjera a consecuencia, precisamente, de la acumulación de los problemas sociales que el país confronta en sus distintos frentes.
Los delicados sucesos vividos en la ciudad capital el 9 de mayo, con motivo de la marcha convocada por las organizaciones sindicales contra el aumento del pasaje en el servicio de transporte público en la ciudad capital y sus alrededores es, en nuestra percepción, sólo la punta del iceberg del gran problema social que Panamá confronta. Lo dicho significa que, aún resolviéndose satisfactoriamente el problema que motivó la movilización del 9 de mayo, el grave problema social panameño permanece intacto. Ciertamente, la fórmula arbitrada para capear el temporal del transporte público en nada altera los índices de desempleo y subempleo, los de pobreza y de pobreza extrema, los de delincuencia e inseguridad, la precariedad de los servicios públicos básicos y de las inversiones.
Naturalmente, la condonación de la deuda, total o parcial, no comportará, necesariamente, la solución integral del problema social panameño, pero sí constituirá recurso importante para los primeros auxilios que el país necesita para desactivar esa bomba de tiempo que representa la explosión social. El problema social panameño únicamente se reducirá a niveles aceptables como resultado de una política económica y social, necesariamente concertada entre el gobierno, los trabajadores y los empresarios, que convenza a todos los segmentos importantes de la economía nacional que hemos optado por una política nacional de desarrollo, la cual, frente al hecho cumplido y finalmente temporal de la globalización, más bien se oriente a explotar las ventanas que ésta ofrece para una economía nacional de exportación.
En ese punto, es importante señalar que si bien el gobierno no puede escapar a la responsabilidad que le plantea el grave problema social panameño, la solución no es responsabilidad exclusiva del gobierno. La solución, bien sea dicho, es responsabilidad de todos los panameños y, de manera especial, de los segmentos más importantes de la economía; gobierno, empresarios y trabajadores. La solución al problema social panameño pasa inevitablemente por la concertación de una política económica y social de carácter nacional, necesariamente concertada. Definitivamente, todos estos segmentos de la economía nacional tendrían mucho que perder o mucho que ganar y, también sea dicho, mucho que aprender: la paz social no es gratis y su precio, si se paga oportunamente, siempre será inferior al que represente, en el mejor de los casos, el caos institucional, la violencia social y la inseguridad colectiva. ¡Señores: para mañana es tarde!.

101 años de Panamá América

 
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