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La punta más mala


No hay necesidad de enumerar todos los escándalos en que se han implicado a “amigos” del presente desgobierno, comenzando desde el propio ápice, es decir, la punta del iceberg. Todos los conocemos y ya sabemos que no ha habido pruebas, por lo tanto, todos los presuntos perpetradores de delitos y sus cómplices son ángeles de la caridad.
El escándalo de la casa de reposo presidencial en Punta Mala tiene mayor vigencia. En varios de estos casos, la primera mandataria expresó con infantil ingenuidad que todo era morbo y en varias ocasiones afirmó que sufragaría los gastos pertinentes de su propio bolsillo. Ejemplos, los Cartier y la Casa de Punta Mala. Los Cadillac prometió venderlos, y así sucesivamente.
Pero la casa de Punta le ha resultado una de las más malas.
Todos recuerdan que ha repetido hasta la saciedad que esos terrenos se los “birlaron” a su abuelo; que allí ella jugaba de niña; que la iba a vender para acabar con el “morbo”. No obstante, de seguido decía, negaba y repetía, que tenía interés en la bendita casa y que presentaría su cotización en el proceso de venta. Después de varias vueltas aseveró que no optaría en su compra.
No se puede desechar que el viejo edificio construido por los gringos fue reformado con dineros del Estado, aunque Mireya dijo que ella había invertido en muebles, etc. Ahora, Antonio Domínguez y otros “altruistas” arnulfistas van a cotizar con el propósito de hacerle un regalo a la mandataria saliente.
No recuerdo quién me comentó que el proceso sería abrir la licitación por unos $650,000; luego esto se declararía nulo o desierto (cualquiera que sea la palabra leguleya); se licitaría de nuevo por unos $400,000 y de nuevo se anularía esta etapa del proceso; finalmente, la casa terminaría vendiéndose por unos $200,000. No importa cómo termine, este caso es un claro conflicto de interés.
Puntualizo, todo esto es una predicción o especulación de lo que podría suceder. Sin embargo, ¿cuántos ciudadanos creen que esto es posible? Obsérvese que me he abstenido de mencionar nombres de cotizantes porque no quiero aburrir con periódicos de ayer, aunque se mantendrán vigentes por mucho tiempo.
Y así como éste, hay muchos escándalos que se asemejan. Eso sí, sin pruebas sumarias. ¡Viva el leguleyismo!
Me permito presentar otro ejemplo muy sencillo y que no creo que requiera pruebas más allá de una duda razonable. La presidenta nombró una Comisión Contra la Corrupción. La misma contaba con miembros prestigiosos como la Dra. Aura Emérita Guerra de Villalaz y el Dr. Carlos Iván Zúñiga. No creo que haya que probar que el informe de la comisión sólo fue recibido. El gobierno no hizo intento alguno por analizar y poner en ejecución las recomendaciones de la citada comisión. Simplemente las echó a un lado.
Sólo estos dos ejemplos me hacen temer que la caricatura de democracia que padecemos, de arrastre, desde antes de la narcodictadura y la invasión, no ha mermado, sino que se ha afincado.
Temo que las elecciones generales del 2 de mayo de 2004 sufran el trato autoritario que se ha dado a numerosos escándalos. Lo peor de todo ha sido el desfachatado irrespeto a la opinión pública. (De seguro será inolvidable el dedazo en la convención arnulfista).
Creo que el país entero debe estar consciente de esta situación que se ha repetido una y otra vez.
Una buena amiga me comentó que ella no se atrevía a adelantar opiniones acerca de quién sería el próximo presidente de la República. Pienso preguntarle sus razones.
Como sea, por los antecedentes de todos conocidos, pienso que el Partido Arnulfista va a arrastrar a todos sus acólitos a la derrota.
Lo antes expuesto es sólo una pequeña muestra -no es prueba sumaria- de por qué creo que me asiste la razón. Si me equivoco, no sería la primera vez...ni la última.
Después de todo, lo importante es dar la cara por Panamá.

101 años de Panamá América

 
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