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La quiebra de valores estudiantiles


Por segunda vez en menos de tres meses, estudiantes de dos colegios oficiales, el Artes y Oficios y el Fe y Alegría protagonizaron una multitudinaria reyerta de la que resultaron varios acuchillados y decenas con heridas contundentes. La Policía reportó que un bus que transportaba alumnos del último, resultó destruido.
Tras la intervención de los agentes del orden, los artesanos procedieron a bloquear la Vía Simón Bolívar. A pocas cuadras del lugar, donde sus mayores, del Consejo Nacional de Unidad Sindical (CoNUSI), hicieron lo mismo, reventando el parabrisas de un vehículo particular y agrediendo a conductores que intentaban abrirse paso a través del bloqueo de una importante arteria vehicular.
En ambos casos el medio empleado fue el mismo, la violencia callejera e irracional, aunque el fin varíe. Los del Artes volvían a sus andadas de siempre, rivalizando por el color del uniforme, cortes de cabello o cualquier otra estupidez; y los del CoNUSI, por enésima vez, queriendo imponer por la fuerza sus opiniones, obligando a la ciudadanía ajena a sus reclamos a permanecer paralizada en las calles, atrapada en sus vehículos. ¿Alguna conexión entre ambos? Creemos que sí, por la vía del mal ejemplo. Cualquiera cierra hoy una calle porque le cortaron la luz. Vivimos en total anarquía.
Otro ángulo del problema es el que ilustra el extraño caso del Ciclo Básico de Monte Oscuro de Capira, cuyo internado para niñas de escasos recursos, ha tenido que ser suspendido por quince días merced la práctica de ritos satánicos, algunos de los cuales consisten en auto provocarse desmayos y convulsiones, mediante la prolongada presión del pecho, que sobrecarga el sistema cardiopulmonar.
Lo patético es que el propio director del citado centro escolar, atribuye los desmanes al excesivo ocio. Y he allí el principal problema. Hay demasiados descansos, demasiados feriados entre los jóvenes que debieran ocuparse de actividades constructivas y edificantes. Se requiere de más cursos de orientación, más deporte, más trabajo en huertos o talleres escolares o servicio comunal, más recreación sana.
Además, hay que reimplantar en los estudiantes los ideales de antaño, el espíritu de solidaridad social y sentido nacional que caracterizó a generaciones tales como la del Frente Patriótico de la Juventud y el movimiento institutor del 9 de enero de 1964.
Las generaciones actuales han rendido sus ideales ante la moda pasajera, la superficialidad, la vulgaridad y el consumismo ostentoso. Abandonaron sus valores tradicionales y renunciaron a ser reserva moral de la Patria. Sólo así se explica el auge de las drogas, el pandillerismo y la reyerta fratricida, en lo que antes era una misma voluntad y una sola sangre entre hermanos de distinto uniforme, que compartían los más nobles ideales.


101 años de Panamá América

 
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