default

La quinta papeleta como opción y mandato


He seguido, hasta donde me ha sido posible, el debate sobre la enorme responsabilidad que implica el reemplazo de nuestra actual Constitución Nacional. Ha sido notorio, que las diferentes fuerzas políticas coinciden en que la actual Carta Magna requiere una reforma integral, no sólo en cuanto a ciertos temas que han acaparado la atención ciudadana recientemente, sino en cuanto a otros que el país demanda para ir en busca de un mejor y más apropiado modelo de Estado de cara a todos los retos y oportunidades que debemos enfrentar en este nuevo siglo. En el "cómo" ha estado centrado el debate, aproximándose cada vez más al método más conveniente.
El Foro 2020, en su nueva dinámica, ha planteado la opción de aprovechar el próximo torneo electoral para que todos democráticamente nos pronunciemos respecto a dicho cambio y han sugerido la introducción de una papeleta adicional que le pregunte al pueblo en torno a si lo desea vía una Asamblea Constituyente. Con esta fórmula, entiendo, se quiere evitar que la modificación integral se surta a través de los métodos contemplados en la actual Carta, los cuales, por razón del desgaste y falta de credibilidad en los actuales y futuros legisladores, plantea la duda de si éstos serán capaces de tomar todas las decisiones que nos lleve a una nueva y diferente Constitución, cónsona con el real cambio que la sociedad entera reclama respecto del agotado modelo de Estado que tenemos. He allí el dilema y las opiniones a favor y en contra no se han hecho esperar. Sin embargo, en reciente encuesta, el porcentaje favorable es abrumador.
La Nación requiere la adopción de reformas profundas e integrales que generen cambios reales hacia el futuro respecto de los patrones que han distinguido la conducción del Estado en los últimos tiempos. Los actuales esquemas no gozan de credibilidad y el abultado número de cargos a puestos de elección, así como los nefastos privilegios e inmunidades, tan mal concebidas como utilizadas, han dado al traste con la poca credibilidad de nuestras instituciones.
Hemos visto suceder de todo en los últimos años. Es difícil pensar y mucho menos creer que los mismos protagonistas de tantos desaciertos y escándalos van a ser los que motivarán o propiciarán los cambios para enrumbar mejor el destino del país.
El sistema está agotado y sólo producirá más de lo mismo, por lo que esperar milagros es pecar de ingenuo. Por ello, creo yo, el Foro 2020, en donde en principio están representadas todas las fuerzas políticas y civiles organizadas del país, ha hecho la propuesta, la cual encuentro sensata y realista. APEDE ha trabajado también en un borrador de Constitución, lo cual es bueno, ya que se ha ido más a los detalles que al esbozo de principios generales, lo que contribuirá al debate en el momento en que haya que trabajar en el proyecto final.
Claro está que nadie que participe del actual estatus quo la puede ver con buenos ojos y saldrán a continuar diciendo que este método de consulta puede traer desasosiego e inestabilidad en las instituciones que elijamos en el 2004, que detendrá las inversiones, que el país se paralizará y que, en fin, la consulta al pueblo y la decisión que éste adopte puede ser sinónimo de anarquía institucional. Desde esta perspectiva hay que identificar a tales voceros, los cuales, además, han vivido bien del sistema y les resulta difícil perder eventuales canonjías personales, las cuales, no necesariamente vienen casadas con los puestos de elección popular sino que siempre, en gobierno o en oposición, encuentran un acomodo para vivir usufructuando la cosa pública vía asesorías, suplencias a legislador, representantes, alcaldes, magistrados, jueces, etc., por citar algunas formas de beneficio personal.
Comparto el punto de que la consulta per se no es la solución, si la misma no viene precedida de claras reglas del juego que le den certeza y seguridad al camino a seguir después del 2 de mayo de 2004. No comparto la idea de que esa Constituyente pueda dar por terminados períodos previamente definidos por la elección o reducir los mismos, ya que no creo que sea la mejor fórmula para lograr apoyos respecto de la gran tarea que se impone. Sin embargo, sí debe sentar pautas claras respecto a la forma como se designarán a los dos nuevos procuradores y futuros magistrados de la Corte y demás funcionarios del Organo Judicial y de otras vitales instituciones, que, poco a poco, irán buscando su nueva conformación de acuerdo con las nuevas reglas de escogencia. El escalonamiento en la vigencia de ciertos métodos de elección parece sensato, pero de seguro habrá planteamientos al respecto.
Hay también una necesidad reclamada en torno a los temas inherentes a la transparencia y lucha frontal contra la corrupción que deben verse, introduciéndose reglas y normas que contribuyan a que el pueblo tenga mecanismos de consulta y de información mejores que los que tenemos hoy, los cuales, además, han demostrado ser totalmente inoperantes, respecto de la conducta y manejo de sus gobernantes. Se impone la vigilancia ciudadana sobre la función pública.
Otro aspecto no menos importante es todo lo relativo a las normas de desconcentración y descentralización de la administración pública. Son temas complejos que menciono sólo como ejemplos de muchos que requieren el debate sereno y profundo, habida cuenta los cambios que pueden introducirse en la vida política y administrativa del país.
El sistema actual ha demostrado con creces su colapso y seguirá así. Las elecciones no serán el remedio a tan profunda enfermedad. No esperemos ni confiemos, con cheques en blanco a favor de nadie, que los cambios los van a hacer calmadamente una vez lleguen al poder. Si no existe el mandato claro y que tenga la misma fuerza y legitimidad que el otorgado para renovar los actuales órganos políticos del Estado en las próximas elecciones, nada van a realizar y saldrán los mismos defensores del estatus quo a decir que no se puede porque se detiene el país, como si no estuviera detenido ya desde hace varios años mientras esperábamos "el cambio" prometido.
Hay que presionar y darle al poder ciudadano su justo valor, de lo contrario, sentémonos a esperar ya que aunque el nuevo Presidente lo desee hacer -Guillermo Endara es el único que se ha manifestado a favor- no veo cómo los nuevos legisladores se pondrán coto a sí mismos. Hasta allá no llegará su renovación, cuando muchos a lo que aspiran es a llegar o a seguir disfrutando y abusando de esa desmesurada condición.
Felicito al Foro 2020 por la valiente sugerencia. Ojalá se haga realidad y el 2 de mayo otorguemos también este mandato adicional y comenzar a ponerle fin a los vicios y defectos del sistema agotado que nos rige. Es positivo que el Tribunal Electoral no se ha opuesto a estructurar dicho proceso, advirtiendo la necesidad de decidirlo pronto, dado el escaso tiempo que resta. Es un proceso novedoso y hasta radical, si se quiere, pero las condiciones se han encargado de definir su futuro y tendrá el pueblo una participación efectiva en la definición de su propio destino. ¡Apoyemos la quinta papeleta!

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América