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La razón del ciudadano


La jornada cumplida por el Tribunal Electoral durante las elecciones de mayo de 1994 fue muy llena de responsabilidad, de civismo, de ecuanimidad y de vocación democrática al punto que la ciudadanía, con gran acierto, consideró como ejemplar esta contienda, mediante la cual, el Partido Revolucionario Democrático, capturó las riendas de la dirección del país.
Y es que los señores Magistrados, de ese entonces, actuaron con espíritu cívico y patriótico, libres de intereses partidistas para llevar adelante una gestión que hoy todos recordamos.
Es esa misma posición la que el pueblo panameño espera de los actuales magistrados, Eduardo Valdés Escofery, Erasmo Pinilla y Denis Allen, frente a las consultas del CMA y de la figura de la Reelección, dos hechos de gran trascendencia en la vida nacional, a fin de asegurar que todos los panameños con derecho al voto y ubicados en el rincón más apartado de la geografía nacional, tengan la oportunidad de participar y decidir lo que mejor conviene al futuro de la nación.
Muy a pesar de que el Tribunal Electoral ejecuta una labor de equipo muy eficaz y de compromiso con los principios democráticos, de libertad y de la defensa de la voluntad popular, atendiendo a declaraciones de su presidente Eduardo Valdés Escofery al Círculo de Columnista de los diarios de la capital, grandes sectores nacionales tienen el temor de que intereses políticos partidistas y ambiciones personales, estén dañando la imagen en momentos en que es más urgente una organización electoral en donde sólo haya la consigna de la honradez y de la imparcialidad que propicien la celebración de torneos eminentemente cívicos y honestos.
El pueblo panameño espera que de llegarse al referéndum del Centro Multilateral Antidrogas y al de la Reelección, el Tribunal electoral juegue el mismo papel o mejor que en las elecciones de 1994 y en el referéndum del 27 de enero de 1991, porque de ello dependerá en gran parte, el resultado de los comicios en el año 1999.
La posición del Tribunal Electoral debe ser firme frente a los embates de la politiquería y de las ambiciones de partido, porque su importancia en la vida de la nación así lo demanda; debe continuar realizando una eficiente labor de divulgación con miras a lograr un ambiente de verdadera democracia y de libertad en los torneos que han de celebrarse en el presente año y tener, muy en cuenta, que como institución se debe al pueblo panameño y por ningún motivo debe servir a intereses partidistas.
Estamos seguros que una gestión así conformada y ejecutada, ha de contar con el respaldo total de la ciudadanía que aspira vivir en democracia y que exige de sus más altos funcionarios el cumplimiento de sus deberes con plena conciencia de sus responsabilidades ciudadanas.

101 años de Panamá América

 
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