La reapertura del Salón de Oro
Excelente noticia es la reapertura del Salón de Oro del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, una buena manera de celebrar la recuperación de la mayor parte de las trescientas piezas del precioso metal que fueran hurtadas meses atrás. Hay personas detenidas que todavía no confiesan ni cooperan y otros todavía ocultos permanecen tras la sombra del código de silencio. Nuestro sistema judicial penal requiere importar del derecho anglosajón mecanismos que incentiven en mayor grado la colaboración de los delincuentes.
Hubo otro caso curioso, el de uno de los ladrones que, quizás atacado por escrúpulos de conciencia, devolvió parte de las piezas restantes, entregándolas a través de su abogado, al procurador Sossa, aunque guardando reserva de su identidad al amparo del secreto profesional. Ojalá quienes todavía retengan las 22 piezas que faltan usen el mismo mecanismo para restituirlas. Si hubo entre alguno de los delincuentes algún escrúpulo de ese tipo, el país aún puede salvarse.
Es inconcebible que ciudadano panameño alguno atente de ese modo contra el legado histórico cultural que da cimiento a su país, que también es el de sus padres, hijos y abuelos. Es robar en su propia casa y, si se quiere, a sí mismo. Porque de algún modo estamos perdiendo la conciencia y dañando la única patria que tenemos; la que nos cubre con su bandera y ampara bajo su historia e instituciones. Alguna tara o bloqueo de inteligencia hemos de tener para atracar a los mismos turistas que nos dan trabajo y nos alimentan, para contaminar con basura las riberas y aguas de los ríos y playas que son nuestras y para afear nuestras calles y aceras arrojando basura.
¿Qué virus de estupidez o mutación genética nos impulsa a desvalijar las escuelas cada verano y tener que invertir todos los años los mismos o más millones que son también nuestros para reemplazar sanitarios, computadoras, puertas y mobiliario que sirven a la educación de nuestros hijos o de nuestros seres queridos?
Sí, hoy celebramos la reapertura del museo pero con cautela. La justicia no ha hecho su trabajo completo y tiene una deuda con la comunidad, a la que se debe. Este no es un caso cerrado. En buena medida es lo mismo que ocurre con el desfalco de B/.800 mil en el Banco Nacional, en el que el Procurador se ha quejado de obstáculos de gente poderosa, que no quiere que las investigaciones vayan más arriba. El robo del disco de la computadora del administrador del museo es mala señal. No se hizo para mantener oculto a los criminales que faltan por descubrir, sino para revelar los secretos de la nueva seguridad del establecimiento. Van a intentarlo de nuevo.
Ojalá mis apreciaciones del pasado se entierren como un simple escrito de un autor alejado de la realidad en Panamá; sin embargo, esta desmentida final queda en las manos de los actores de nuestro gobierno. Por ello hago esta aclaración. Si ella contribuye a que cesen las acusaciones y la politiquería que mi correo electrónico causó, para que así el gobierno y la sociedad científica se puedan sentar a confeccionar la ley y el plan de manejo de este patrimonio de la humanidad, quedaré satisfecho y como panameño me doy por bien servido.
Hubo otro caso curioso, el de uno de los ladrones que, quizás atacado por escrúpulos de conciencia, devolvió parte de las piezas restantes, entregándolas a través de su abogado, al procurador Sossa, aunque guardando reserva de su identidad al amparo del secreto profesional. Ojalá quienes todavía retengan las 22 piezas que faltan usen el mismo mecanismo para restituirlas. Si hubo entre alguno de los delincuentes algún escrúpulo de ese tipo, el país aún puede salvarse.
Es inconcebible que ciudadano panameño alguno atente de ese modo contra el legado histórico cultural que da cimiento a su país, que también es el de sus padres, hijos y abuelos. Es robar en su propia casa y, si se quiere, a sí mismo. Porque de algún modo estamos perdiendo la conciencia y dañando la única patria que tenemos; la que nos cubre con su bandera y ampara bajo su historia e instituciones. Alguna tara o bloqueo de inteligencia hemos de tener para atracar a los mismos turistas que nos dan trabajo y nos alimentan, para contaminar con basura las riberas y aguas de los ríos y playas que son nuestras y para afear nuestras calles y aceras arrojando basura.
¿Qué virus de estupidez o mutación genética nos impulsa a desvalijar las escuelas cada verano y tener que invertir todos los años los mismos o más millones que son también nuestros para reemplazar sanitarios, computadoras, puertas y mobiliario que sirven a la educación de nuestros hijos o de nuestros seres queridos?
Sí, hoy celebramos la reapertura del museo pero con cautela. La justicia no ha hecho su trabajo completo y tiene una deuda con la comunidad, a la que se debe. Este no es un caso cerrado. En buena medida es lo mismo que ocurre con el desfalco de B/.800 mil en el Banco Nacional, en el que el Procurador se ha quejado de obstáculos de gente poderosa, que no quiere que las investigaciones vayan más arriba. El robo del disco de la computadora del administrador del museo es mala señal. No se hizo para mantener oculto a los criminales que faltan por descubrir, sino para revelar los secretos de la nueva seguridad del establecimiento. Van a intentarlo de nuevo.
Ojalá mis apreciaciones del pasado se entierren como un simple escrito de un autor alejado de la realidad en Panamá; sin embargo, esta desmentida final queda en las manos de los actores de nuestro gobierno. Por ello hago esta aclaración. Si ella contribuye a que cesen las acusaciones y la politiquería que mi correo electrónico causó, para que así el gobierno y la sociedad científica se puedan sentar a confeccionar la ley y el plan de manejo de este patrimonio de la humanidad, quedaré satisfecho y como panameño me doy por bien servido.