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La rebelión de los kurdos


Encajonados entre las fronteras de Turquía, Irak, Irán y Siria; despojados del derecho a la libre determinación; carentes, en fin, de los derechos más elementales de un pueblo moderno, los kurdos están diseminados por Europa y el mundo entero, como una etnia errante sin solución a la vista para sus problemas seculares. Cálculos recientes estiman que la población kurda asciende a veinte millones de personas que aspiran a encontrar un hogar propio en las montañas al norte de Irak.
En medio de las aflicciones que padecen desde tiempo inmemorial, surgió una luz de esperanza encargada en el líder carismático Abdulabh Ocalan, entregado a la causa de combatir contra los turcos y los iraquíes para obtener un espacio territorial estable y aceptado. Pero si Ocalan es para los kurdos un dirigente nacionalista que lucha contra un adversario superior en fuerzas, para los turcos es un vulgar terrorista que no trepida en usar la violencia. Se le responsabiliza por la muerte de numerosos ciudadanos turcos en acciones calificadas como terroristas. En un movimiento desesperado por llamar la atención de la comunidad internacional, los kurdos han salido a las calles de las capitales europeas, han tomado locales diplomáticos y hasta han llegado a reacciones patéticas, como prenderse fuego, en protesta por la prisión de Ocalan.
Como estado represor de los reclamos kurdos, en similar situación está Irak, que los combate con armas químicas. Para impedir el genocidio kurdo, las potencias occidentales han impuesto una zona de exclusión en la tierra de la etnia.
Frente a un problema que ha tomado proporciones internacionales, el ingreso de Naciones Unidas se presenta como una medida aconsejable, como un primer paso que explore las opciones de solución al caso kurdo. A fines de la primera guerra mundial las potencias vencedoras rehusaron por diversas razones el debate de una fórmula de solución al autonomismo kurdo. Como la República Arabe Saharaui, como Kosovo, es el caso de un pueblo sin hogar, sin territorio propio y autónomo, sometido incesantemente a las incursiones de vecinos bien armados.
Apresados en Nairobi con engaño, transportado a Turquía con procedimiento violatorio del derecho de asilo, Ocalan requiere garantías procesales más solventes que las del gobierno turco que le acusa de traición por su rol dirigente en el separatista Partido de los Trabajadores. Este es el momento para la mediación diplomática de la ONU.


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