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La reelección es una blasfemia


Terminando las últimas parrafadas de un discurso, uno más a su cuenta regresiva, en medio del escenario y la coreografía de un espectáculo televisivo, Ernesto Pérez Balladares, no hace nada más que controlar todos los órganos del Estado y ponerlos al servicio de su tránsito de tropelías y exabruptos para lograr la reelección.
Los factores sociales explosivos, el auge del narcotráfico, establecieron en Washington la necesidad de apoyar a los gobernantes fuertes tipo Fujimori y por esa ruta fatal andan también Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; Carlos Menem, de Argentina y otros en el olimpo latinoamericano.
En tiempos de inestabilidad, alto desempleo, corrupción galopante, el "heredero" cree poseer al Jefe de Policía incondicional que proyectará su imagen enérgica, su represión sin blandenguerías.
Elude sistemáticamente el tema, pero persigue a los auténticos torrijistas que se preguntan: "¿Si en Panama tuvimos gobiernos aceptables que nunca se reeligieron, por qué apoyar las monstruosidades de esta aberrante realidad?" Las víctimas de esta aplanadora ya son bien numerosas, "hay que tragarse este purgante cinco años más? ¿A dónde va Panamá, sin disponer ya de las ventajas económicas del canal?
Pero el Toro prosigue su peregrinar, impertérrito, tan ajeno al país, que se hace decorar el avión que pagó el Estado para que continúe su itinerario turístico. Lápiz y papel en mano, sumados los fondos de gastos confidenciales, el combustible y las grandes comitivas que se encargan de abanicarlo, perdón, acompañarlo, revisado el presupuesto de la Asamblea Legislativa, sueldos, gastos de representación, secretarias, empleados de confianza, choferes, escoltas y un largo etcétera, estamos ante el gobierno más costoso de América en un país que todavía no ha logrado, como lo hiciera las Filipinas con las bases Subic y Clark, transformar en áreas industriales los terrenos que ocupaba la Zona del Canal, y que han ido pasando al Estado panameño, al punto que más del 70% de las instalaciones militares y civiles están ya bajo jurisdicción istmeña.
Pérez Balladares no ha conseguido las inversiones fabulosas que estuvo pregonando hasta 1996, sus manipuleos con la firma taiwanesa Hutchinson le crearon serias protestas de los inversionistas que no se prestaban a sus irregularidades. Por denunciar estos manejos y el monopolio de la televisión, tropa de avanzada en su campaña reeleccionista, el periodista Gustavo Gorriti del diario "La Prensa"-- obstáculo insolente para Pérez Balladares-- estuvo a punto de que lo expulsaran de Panamá.
Un gabinete fracasado, reajustes, reformas, conflictos con las jubilaciones especiales, es el gobernante más anti-obrero, más ajeno a las urgencias sociales, a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, a la explotación miserable de los jóvenes panameños que cada día entran al mercado laboral.
Tenemos dudas con amplio inventario de buenas razones para defender la tradición anti-reeleccionista del pueblo panameño.
Lo que un gobernante moderno, bien organizado, laborioso, no logra en cinco años, tampoco lo conseguirá en su segundo quinquenio.
La sostenida campaña de descrédito contra los rangos más humildes de las desaparecidas Fuerzas de Defensa y el nombramiento del cubano José Luis Sosa como Jefe de la Policía, retratan de cuerpo entero al Toro y a su cuadrilla.
No hay otra respuesta, los panameños no tenemos a mano otro instrumento que la unidad que ya combaten solapadamente los personajes que controlan desde tiempo inmemorial la riqueza nacional.
Los que combaten la unidad, son cómplices del Toro, son traidores a la patria y habremos de combatirlos de frente, señalando sus nombres propios, para no reincidir en unas elecciones de grupos minoritarios que por último pare este desastre ignominioso.
¡Unidos... más que nunca! No es hora de partiditos ni de oportunistas. La reelección es una blasfemia. Que no se repita en Panamá el triste episodio del príncipe árabe Boabdil, cuando su madre al verlo derrotado por la caída de Granada, le dice: "Ahora no caben lágrimas, no llores como mujer lo que no supiste defender como hombre".

101 años de Panamá América

 
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