La reforma del Código de Trabajo
La Contraloría General de la República viene a confirmar lo que era una percepción generalizada reflejada en todas las encuestas y en estudios privados independientes, que el desempleo está aumentando en el país dramáticamente desde 1999, cosa que había sido negada por el ministro del ramo Joaquín Vallarino.
El índice de desempleo que reporta es de 15%, colocándose en orden de gravedad, de mayor a menor, las provincias de Colón, Panamá y Chiriquí. Lo de la primera siempre es paradójico, porque es de las que más inversión privada recibe, aunque muy focalizadas en ciertas áreas especializadas y automatizadas, como los puertos.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), atribuye precisamente parte del problema a lo que llama la "centralización" que a su juicio existe en las actividades agropecuarias e industriales, sin dar mayores explicaciones. A nuestro juicio, puede que haya centralización, algo así como lo que ocurre con el banano en Bocas del Toro y Armuelles, con toda la secuela de pobreza que genera la decadencia internacional de esa agroindustria. Igual fenómeno tiene lugar con el café.
En otras naciones, la centralización, entendida como la excesiva dependencia de masiva mano de obra en una sola actividad, ha producido tragedias. Ese fue el caso del salitre al norte de Chile. No menos traumático fueron, en el mismo país, la caída del cobre; y en Cuba, la del azúcar. Omar Torrijos nos embarcó por los años 70 en esa aventura, estimulado por un coyuntural alza de precios del azúcar, que hizo incursionar al Estado en esa industria. Cuando vino la baja, ocurrió el desastre. Maquinaria y tierras fueron vendidas a precio de chatarra y quema.
El trabajo requiere diversidad, estabilidad jurídica, flexibilidad de sus leyes e inversión. La flexibilidad que pregona el sector empresarial puede ser conveniente según su dosis.
Pueden darse extremos que conducen a la semiesclavitud, pero también es posible adoptar fórmulas que permitan que más gente sea contratada y lleve a su casa algún sueldo, que aunque bajo sea mejor que nada.
Pueden introducirse fórmulas muy antiguas en otros países, como por ejemplo, la validez del convenio de rebaja de salarios cuando la fuente de trabajo está en peligro, eso permitió la supervivencia de la fábrica de Ford en Brasil, cuyo mercado se había contraído por la crisis en el Cono Sur. Por otra parte, no se debe seguir permitiendo, que un solo trabajador lleve a la quiebra a una empresa por cobrar salarios caídos en períodos en que laboraba en otra empresa tras su despido de la primera. La flexibilización debe empezar por abrir la mente a todas las alternativas.
El índice de desempleo que reporta es de 15%, colocándose en orden de gravedad, de mayor a menor, las provincias de Colón, Panamá y Chiriquí. Lo de la primera siempre es paradójico, porque es de las que más inversión privada recibe, aunque muy focalizadas en ciertas áreas especializadas y automatizadas, como los puertos.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), atribuye precisamente parte del problema a lo que llama la "centralización" que a su juicio existe en las actividades agropecuarias e industriales, sin dar mayores explicaciones. A nuestro juicio, puede que haya centralización, algo así como lo que ocurre con el banano en Bocas del Toro y Armuelles, con toda la secuela de pobreza que genera la decadencia internacional de esa agroindustria. Igual fenómeno tiene lugar con el café.
En otras naciones, la centralización, entendida como la excesiva dependencia de masiva mano de obra en una sola actividad, ha producido tragedias. Ese fue el caso del salitre al norte de Chile. No menos traumático fueron, en el mismo país, la caída del cobre; y en Cuba, la del azúcar. Omar Torrijos nos embarcó por los años 70 en esa aventura, estimulado por un coyuntural alza de precios del azúcar, que hizo incursionar al Estado en esa industria. Cuando vino la baja, ocurrió el desastre. Maquinaria y tierras fueron vendidas a precio de chatarra y quema.
El trabajo requiere diversidad, estabilidad jurídica, flexibilidad de sus leyes e inversión. La flexibilidad que pregona el sector empresarial puede ser conveniente según su dosis.
Pueden darse extremos que conducen a la semiesclavitud, pero también es posible adoptar fórmulas que permitan que más gente sea contratada y lleve a su casa algún sueldo, que aunque bajo sea mejor que nada.
Pueden introducirse fórmulas muy antiguas en otros países, como por ejemplo, la validez del convenio de rebaja de salarios cuando la fuente de trabajo está en peligro, eso permitió la supervivencia de la fábrica de Ford en Brasil, cuyo mercado se había contraído por la crisis en el Cono Sur. Por otra parte, no se debe seguir permitiendo, que un solo trabajador lleve a la quiebra a una empresa por cobrar salarios caídos en períodos en que laboraba en otra empresa tras su despido de la primera. La flexibilización debe empezar por abrir la mente a todas las alternativas.