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La reforma del Estado


SON TIEMPOS de grandes complejidades. El entorno socio-económico plantea mares de contradicciones. El político, presagiando un camino hacia lo inédito. Nuestro país avanza, cierto, pero el sistema que lo rige y administra, poco a poco va colapsando y no parece esta realidad llamar la atención de muchos. Permítanme esbozar algunas ideas personales.
He manifestado en distintos tiempos y oportunidades que se hace urgente que los panameños hagamos un alto serio en el camino para pensar un poco el país en el que aspiramos vivir. No se trata de pensar en una comisión más o en otra mesa de concertación. Ni por un minuto piensen que por allí va la cosa, ya que el tiempo nos viene dando la razón respecto de lo cosmético que han resultado este tipo de esfuerzos y de las frustradas expectativas que han generado. No, se trata de impulsar un proceso de real análisis de los más grandes temas nacionales y con un liderazgo definido -que ojalá exista del 2009 en adelante- plantear con gran sensatez y realismo una integral reforma del Estado que ponga el país, su marco legal y sus instituciones a trabajar en conjunto con todas las fuerzas organizadas en una misma y coherente dirección.
Bastante se ha hablado y bajo distintos matices de la "Asamblea Constituyente". Personalmente, mucho pensamiento le he dado por años al tema, sobre todo cuando veo que, so pretexto de vender la imagen de una "patria nueva", hacen del país y sus instituciones, una gran colcha de retazos. O se reforma al Estado integralmente o simplemente se continuará legislando de la manera como se ha venido haciendo, creando leyes absurdas, en su mayoría, para resolver problemas cuya solución dista mucho de la fórmula planteada vía la Asamblea Nacional, inmersa de por sí, en el más lamentable de los desprestigios.
Todas las instituciones requieren revisarse y la fórmula constituyente como propuesta hay que estudiarla. ¿Por qué? Porque plantea la posibilidad de modificar bajo reglas claras de participación y representatividad democrática el marco constitucional actual y hacer de una nueva constitución el punto de partida de esa gran reforma. Basta con leer la actual Constitución para darse cuenta que es la contravía de la realidad actual en todos los órdenes. Los invito a leer, como he manifestado antes, el capítulo sobre la economía nacional para darse cuenta de lo desfasado que está respecto de lo que todos los días pasa y se hace en materia económica nacional e internacionalmente. La llevada y traída -a veces a conveniencia- "seguridad jurídica" tiene que encontrar su principal sustento en una constitución acorde con los tiempos, que realmente establezca instituciones fuertes, regidas por funcionarios capaces y probos, en donde el centralismo de paso a la desconcentración y la modernidad política se imponga para realmente comenzar a avanzar, por lo menos, hacia un segundo mundo. Lo que tenemos colapsó, y sólo quienes se benefician del casi agotado status quo pueden decir, argumentar y sustentar que, porque se usa el Internet para contratar o para darle seguimiento a los trámites en la Contraloría o en otras entidades, ya el Estado está "modernizado". Así cualquiera hace una "patria nueva", sin mayor imaginación ni sentido de dirección en el tiempo.
Las organizaciones deben adaptarse, las civiles y las políticas. Mis diarias vivencias políticas me lo confirman. Es imposible pretender administrar el auge que tenemos, y que parece que continuará por varios años más, pensando en el corto plazo. ¿De qué sirve la ampliación del Canal si los dineros que genera y generará no revierten coherentemente en el real desarrollo social del país? ¿Qué se está haciendo con la educación para que lo garantice? ¿O es que creen que andar repartiendo plata en becas es la solución educativa o la manera como todos los panameños sentirán que del Canal algo les toca?
El gobierno actual -con los años que le quedan, como dice la canción- ha fracasado rotundamente en la estructuración de su prometida "patria nueva". Sus tres pilares principales de campaña son hoy un gran fiasco. El país, es cierto, disfruta hoy de una gran bonanza económica; pero, ¿llega a todos con equidad? ¿El "boom" inmobiliario, descontrolado y absurdo en muchos casos, no será la causa del pronto colapso total de nuestro "urbanismo"? El clima de inseguridad ciudadana que sufrimos todos, ¿no da la impresión de que el país está sin dirección ni control en tal vital asunto?
Trato por todos los medios a mi alcance, y con las limitaciones propias de quien no puede hacer mucho más de lo que ya hago, de comprender y estudiar el país para poder, en función política, como miembro de un partido político, coadyuvar en la formulación de un programa de gobierno realista y coherente que se tome el tema de la reforma del Estado y de la Constituyente como una bandera idónea para avanzar con rumbo y sentido de Nación en el tiempo. Dije hace unos días que hay que comprender el país al que aspiramos gobernar. Lo reitero hoy, es un compromiso que creo insoslayable. O hacemos un alto y enrumbamos nuestro norte, o todos sufriremos las consecuencias antes de lo que pensamos.
Como dije al inicio, grandes complejidades. Es imposible pretender seguir viviendo en dos países: el que cotiza el metro cuadrado de construcción y lo vende a más de US$ 2, 000 y el de Curundú, la noche del último fuego causado por la delincuencia sin control. El que no reflexionó al ver esas imágenes de TV, no entiende el problema que tenemos en su real dimensión.
Son ideas muy personales y en borrador. O reformamos esto o el descontrol puede ser causa o bandera de otras luchas. Es una responsabilidad de todos.

101 años de Panamá América

 
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