La reforma del Estado panameño
Así como no se pone vino nuevo en odres viejos, ni se coloca un motor nuevo en una carrocería vieja, las nuevas concepciones y nuevas ideas que surgen con el avance de la ciencia, la tecnología, la sabiduría en general, no pueden ser puestas en práctica dentro de un patrón obsoleto de leyes y reglamentos.
La profusión de nuevas disposiciones legales que se van insertando en el anticuado andamiaje del Estado panameño, cuya arquitectura ha cambiado poco y modernizado menos, van poco a poco haciendo más difícil la ya casi imposible tarea de manejar los asuntos trascendentales del gobierno.
Nuevas disposiciones aunadas a las antiguas estructuras, más personal, menos espacio físico. Más requisitos y menos sentido común. Más centralización y menos diligencia. Actos gubernamentales que toman meses en completarse. Más comités, autoridades, juntas directivas, centralización, requisitos, fiscalización, etc., y el Estado gordo, lento como una tortuga no se mueve, no produce, y se hacen cortos los 5 años de gobierno para siquiera dejar una obra de gobierno coherente y fructífera.
Todo lo anterior lo podemos colegir cuando vemos que cada vez que se hace difícil, casi imposible manejar una institución o un proyecto para la estulticia burocrática, casi Kafriana, que nos envuelve; surge la brillante idea, repetida una y varias veces de crear un ¡Patronato!. Entonces se busca a personas y colectivos que coadyuven con sus luces, su trabajo arduo y serio y se salva la situación.
La otra brillante idea es la de semi-independizar a las instituciones anquilosadas, dándoles patrimonio propio, que manejen sus entradas y gastos y que administren con una directiva escogida para sacarla del marasmo gubernamental.
Parecería que se está creandoun quasi-estado corporativo. Hace falta cambiar por completo el sistema de servicios gubernamentales, y sobre todo, la mentalidad del servidor público. Las nuevas tecnologías deben ser la piedra de toque, para eliminar de una vez los perversos procesos obsoletos que asfixian al ciudadano y lo hacen víctima de la arrogancia basada en la ignorancia de quienes piensan que ser servidor público lo autoriza a hacer difícil, lo que debe ser sencillo y expedito.
Tenemos que reformar muchas cosas; pero la tarea principal es la de reformar el Estado panameño.
La profusión de nuevas disposiciones legales que se van insertando en el anticuado andamiaje del Estado panameño, cuya arquitectura ha cambiado poco y modernizado menos, van poco a poco haciendo más difícil la ya casi imposible tarea de manejar los asuntos trascendentales del gobierno.
Nuevas disposiciones aunadas a las antiguas estructuras, más personal, menos espacio físico. Más requisitos y menos sentido común. Más centralización y menos diligencia. Actos gubernamentales que toman meses en completarse. Más comités, autoridades, juntas directivas, centralización, requisitos, fiscalización, etc., y el Estado gordo, lento como una tortuga no se mueve, no produce, y se hacen cortos los 5 años de gobierno para siquiera dejar una obra de gobierno coherente y fructífera.
Todo lo anterior lo podemos colegir cuando vemos que cada vez que se hace difícil, casi imposible manejar una institución o un proyecto para la estulticia burocrática, casi Kafriana, que nos envuelve; surge la brillante idea, repetida una y varias veces de crear un ¡Patronato!. Entonces se busca a personas y colectivos que coadyuven con sus luces, su trabajo arduo y serio y se salva la situación.
La otra brillante idea es la de semi-independizar a las instituciones anquilosadas, dándoles patrimonio propio, que manejen sus entradas y gastos y que administren con una directiva escogida para sacarla del marasmo gubernamental.
Parecería que se está creandoun quasi-estado corporativo. Hace falta cambiar por completo el sistema de servicios gubernamentales, y sobre todo, la mentalidad del servidor público. Las nuevas tecnologías deben ser la piedra de toque, para eliminar de una vez los perversos procesos obsoletos que asfixian al ciudadano y lo hacen víctima de la arrogancia basada en la ignorancia de quienes piensan que ser servidor público lo autoriza a hacer difícil, lo que debe ser sencillo y expedito.
Tenemos que reformar muchas cosas; pero la tarea principal es la de reformar el Estado panameño.