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La reforma tributaria


En varios escritos anteriores me he referido a la necesidad urgente que existe en nuestro país de hacer justicia en lo que se refiere a la distribución de riquezas, ya que somos uno de los peores países de América Latina en este aspecto.
Deseo llamar la atención sobre un tema que se utiliza sólo como punto de referencia, pero cobardemente, por las implicaciones políticas que tiene, no se profundiza en él. Sin embargo, la consecuencia inmediata de esa mala distribución de las riquezas que es la pobreza, está permanentemente en los labios de personajes políticos, intelectuales, sociólogos, teólogos, etc. Seamos serios, no existe una estrategia que elimine en corto plazo la pobreza. Sólo una buena distribución de las riquezas mejora sustancialmente la pobreza a mediano y largo plazo.
La pobreza es un diagnóstico de una enfermedad social y como tal tiene varias causas y entre las más importantes está la falta de educación en un pueblo y la escasez de recursos que existe para dedicarlos tanto a la pobreza como la educación. Nótese que hablo de un binomio, porque dedicar todos los recursos a la pobreza y descuidar la educación es populismo ineficaz y hacer lo contrario sería injusto con los pobres que ya no pueden ser salvados de ese flagelo social a través de la educación.
De pobreza todos los días se habla, pero de educación lo único que se escucha por parte de los educadores es sobre las Jubilaciones Especiales y por parte de las autoridades, sólo se ve el derogar Leyes del gobierno anterior que eran los primeros y tímidos pininos que se hicieron para una mejor educación. De la escasez de recursos se habla, pero para desprestigiar al gobierno anterior, sin embargo, al mismo tiempo, planean como gastarse los 1300 millones del Fondo Fiduciario, el 49% de las acciones de Cables and Wireless, que son otros 1000 millones más y reciben más 30 millones de dividendos de las empresas privatizadas. Recursos hay, lo que debemos decidir es si lo invertimos con sentido de patria o los dedicamos a obras que compitan con el gobierno anterior, a politiquear o hacer buenos negocios.
Pero a pesar de que existen recursos, las necesidades originadas por la falta de distribución de riquezas sobrepasan las posibilidades, de allí que el país requiere que todos hagamos el esfuerzo humano, cristiano y justo de aportar lo que en justicia tenemos que aportar, y esos son los impuestos. Junto con otro país, somos los ciudadanos que menos impuestos pagamos, esto nos quita la autoridad ética para hablar de pobreza. Mi propuesta no es crear impuestos nuevos, lo que proponemos es cobrar, a todos, los impuestos. Todos pedimos más carreteras, más y mejores escuelas, hospitales, centros de salud, viviendas, aumento de pensiones y a la vez, pedimos exoneraciones, condonaciones, aranceles de protección, etc. y cuando se obtienen préstamos de las IFIS se critica. Habría que preguntarse, de dónde van a salir los recursos para solucionar problemas. Tengo la impresión que muchos creen que del cielo.
En este tema de la mala distribución de las riquezas quiero sumarme a las pocas felicitaciones genuinas que ha recibido el Señor Federico Humbert, quien valientemente puso el dedo en la llaga. A los días vino la reacción negativa y cataclísmica de los empresarios. En todos los países desarrollados esta es una de las estrategias que se ha empleado para vencer el subdesarrollo. Si este gobierno inicia las reformas y el próximo no las cambia, entonces sí estamos pensando en las nuevas generaciones y no en las próximas elecciones. Con las declaraciones de F. Humbert, el Ministerio de Economía y Finanzas se llenó de valor e hizo la propuesta de Reforma Tributaria. Esto sería un fracaso si al final sólo se hace una reforma politiquera para eliminar impuestos. En un país serio todo ciudadano paga impuestos según sus ingresos. Estamos de acuerdo en que los que no ganen ni para la canasta básica no deben pagar impuesto, y que los pobres aporten menos, pero que los que ganamos más seamos justos y aportemos más.
Que se combata y castigue ejemplarmente con cárcel, tanto la evasión de impuestos como la corrupción. Esto es necesario para que los contribuyentes vean que su sacrificio tributario tiene repercusión positiva en la comunidad.
También iríamos por el camino equivocado si pensamos que esa reforma, que va afectar a los de mayores ingresos, se puede hacer de espalda al sector productivo y de manera abrupta, económicamente sería poco viable. Creo prudente hacerlo en 5-6 años escalonadamente, pero hacia arriba, hacia lo justo.
Algunos me dirán que esto no es político y estoy totalmente de acuerdo, pero nadie puede decir que no es necesario, esa es la diferencia.

101 años de Panamá América

 
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