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La reingeniería de los partidos


Muchas veces, ahora lo repito, he conversado sobre la necesidad de cambiar, la mentalidad primero y luego la organización de los partidos políticos porque la época exige una nueva modalidad de llevarlos por caminos modernos y diferentes. El caudillismo debe desaparecer porque está demostrando ser un fracaso en la dirección de los partidos y sólo refleja el deseo de poder absoluto y no de liderazgo; ese exceso de poder lleva a cometer equivocaciones en la dirigencia por tener sólo en su mente, el interés personal de posesión de haberes logrados sobre la base de ese poder. Ofrecen hasta la vida de sus copartidarios a cambio de prebendas, siendo para ellos las primeras y más jugosas. Todavía lo vemos, pero los votantes les darán su premio castigo en las elecciones de mayo.
Igualmente debe cambiar la personificación de las candidaturas que llevan a votar por individuos y no por ideologías o por plataformas políticas que conllevan el fondo de un verdadero significado para la población. Existe un candidato que trata de que no vean su persona o su nombre, imposible de obviar, pero busca que los electores se fijen más en las palabras y frases en las que basa su campaña; una de ellas es la honestidad que fue probada anteriormente y que ha continuado demostrándola a través de los años. Esa fase de persuasión ante el ambiente de corrupción en que se ve envuelto nuestro país con el gobierno a la cabeza y alcanza a toda la sociedad, le va captando más adherentes cada día por el cansancio de la repetición y la persistencia de los mismos errores.
Se dicen entre ellos que, si los dos grandes partidos se dividen esa corrupción perdonándose mutuamente por la alternabilidad del poder, habrá que cambiar la figurita y olvidarse de las repetidas que representan la continuidad y la marcha atrás cuando se exige un cambio, una reingeniería absoluta, sobre todo de la manera de pensar como base para modificar el resto. No es posible continuar votando por personajes; hay que hacerlo por ideas, por programas diferentes para componer el país y sacarlo del marasmo en que se encuentra y, sobre todo, debe votarse por quien ofrece lo que buscamos desde hace mucho tiempo: honestidad, trabajo, no compromisos políticos, lo que permite llevar al gobierno personas no comprometidas y con capacidad para manejar la cosa pública.
En las próximas elecciones debe privar la objetividad para estudiar correctamente quién ofrece ese cambio al cual me refiero. Si buscamos la prolongación de un pasado que ha demorado lustros y lustros porque viene de hace muchos años, estaremos destinados a persistir en el mismo fango. Para encontrar la inversión de las viejas costumbres, debemos también transmutar nuestro patrón cultural y nuestra mentalidad, así como la forma de ver los movimientos políticos. Si la política es la base para llegar al poder, pues hagamos de ese poder la manera correcta de manejar la cosa pública para dar a los ciudadanos gobernados una vida digna de ser vivida sin vicios del pasado, con una verdadera guía de parte de los gobernantes que den ejemplos para seguirlos con la tranquilidad de que encontraremos la paz, la concordia y la justicia que nos lleve a reforzar la democracia que cada vez se debilita más por los malos manejos de los gobernantes.
Es importante analizar, no la edad, no las caras bonitas sino ejemplos edificadores que ya nos dieron esos candidatos y que, de repetirse lo harán con más experiencia, nuevos conocimientos adquiridos a través de auto análisis y de aprendizaje de lo que se les dice y de lo que ven, porque los candidatos deben saber escuchar y colocarse en el lugar donde están sus electores. Me encanta el optimismo con que hablan ciertos candidatos que están seguros de llegar a la Presidencia, impulsando en la gente la idea positiva de triunfo.
Los panameños sabremos por quién votar que llene las condiciones que he enumerado porque retrata a un candidato diferente, no tradicional, moderno y exento de vicios pasados.

101 años de Panamá América

 
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