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La religión y la política


Es un tema álgido, por ello quiero reflexionar sobre los líderes de distintas religiones que se han involucrado en la fiesta electoral. He observado la propaganda publicitaria de pastores y reverendos que aspiran a un cargo de elección, y he escuchado opiniones políticas de presbíteros en eventos sensibles del acontecer nacional, y hasta macro concentraciones televisadas dirigidas por grupos religiosos, netamente políticas, que dejan un gran signo de interrogación para quien analiza esto.
Los múltiples mecanismos que ellos utilizan para interceder en los acontecimientos electorales, es lo que me preocupa. Cuando persiguen lograr la armonía y paz entre los ciudadanos panameños, lo acepto y apruebo; si es para que como líderes religiosos guíen en fraternidad a los fieles de las religiones que profesan, es un deber ineludible que está enmarcado en preceptos de amor bien fundados. Desarrollar acuerdos entre los grupos políticos para que se conduzcan de forma honorable, lo considero una iniciativa necesaria. El problema es cruzar la delgada línea de ser líder religioso, usar esta investidura y entrar en el ámbito público con pasiones que distan mucho del fin que tienen los que profesan ser catalizadores de las creencias morales y espirituales de los hombres. Ahora más que nunca se debe implementar el antiguo aforismo: "Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios". La situación es más controversial cuando directamente se convierten en agentes partícipes de los vaivenes políticos.
La religión y la política, a través de distintas épocas, han demostrado, salvo excepciones esporádicas, que caminan mejor paralelamente, ya que cuando se cruzan se rompe el orden natural y se incurre en anomalías. Indicar a sus fieles por quién votar o utilizar su posición con la esperanza de lograr un escaño en el gobierno, pervierte la esencia que busca la salvación de las almas de los feligreses a través de una vida terrenal virtuosa y se convierte en una batalla en el fuego de las pasiones que buscan el poder.
En esta época se critica tanto a líderes religiosos como a políticos. Profesar con el ejemplo es un clamor de todos. La imagen a escala mundial de los que han adoptado como norma de vida ser guías espirituales, se ha desgastado por actos de unos pocos.
En el Panamá de hoy, ¿cómo será el proceder de los líderes religiosos que se conviertan en líderes políticos? Es casi como ponderar la crónica de una muerte anunciada; sufrirán el desgaste natural de la exposición en los pasillos del poder. ¿Qué pasará cuando se tenga que aplicar la revocatoria de mandato para quien no acate una dirección partidista que pueda encontrase en contraposición con los intereses de sus fieles? Inclusive, sería un tema de debate si, en efecto, los ministros religiosos pueden postularse, por considerarse un acto inconstitucional. El artículo 42 de la Constitución señala: "Los ministros de los cultos religiosos, además de las funciones inherentes a su misión, sólo podrán, ejercer los cargos públicos que se relacionen con la asistencia social, la educación o la investigación científica". No sé en cuál de estas tres categorías encaja el cargo de legislador.
Los gestores intelectuales de muchos de los hechos más importantes de la historia patria y del mundo, han tenido una relación directa o indirecta con la religión, ya que ella es parte fundamental de todos los hombres y mujeres que creemos en un Ser Supremo, pero esto no implica que los individuos a quienes les depositamos nuestra confianza como asesores en los cultos religiosos, deban evocar una dualidad y convertirse en activos conductores de las decisiones gubernamentales.
Estamos en un punto histórico en el que apremia reforzar los valores de conducta; vivimos en un mundo que ser más tolerante, contradictoriamente se vuelve uno más insensible y materialista. No podemos darnos el lujo de un éxodo de los obreros religiosos a las canteras de la administración pública; la separación del Estado- Religión se debe mantener, sino se pierde autoridad, perspectiva, y hasta la integridad.
Es hora de una sana introspección que nos permita identificar cuáles son las carencias que enfrenta nuestra sociedad y cuál es el verdadero papel que juegan los que profesan ser timón de una determinada religión. Todos, independientemente de nuestras convicciones, podemos convivir en armonía.

101 años de Panamá América

 
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