La renovación de la clase política
Los nuevos rostros en la política no son un bien de éxito garantizado, pero son una respuesta ante la crisis de desgaste y agotamiento que caracteriza al actual modo de hacer política.
Estamos cansados de los políticos que abusan de las arcas del Estado, de los que sólo buscan su engrandecimiento personal, de los que tienen causas criminales pendientes en tribunales nacionales o extranjeros, de los quejosos de siempre con, eso sí, una larga trayectoria de nunca haber hecho nada; de los que son mudos cuando tienen que dar explicaciones en público y locuaces cuando se trata de reunirse en privado a planear cómo se burlan de las demandas ciudadanas.
Estamos cansados de los que siempre quieren ser gobierno y de los que pareciera que nacieron para ser oposición para así no tener que hacer nada. En este contexto, los rostros nuevos nos llenan de esperanza de que, a lo mejor, ahora sí encontraremos gente comprometida con la democracia y el Estado de derecho, gente dispuesta a promover la participación de la gente y tiene interés en golpear a la corrupción, el clientelismo y la incompetencia. Será una esperanza ingenua quizás, pero las elecciones deben servir para eso, para posicionar a los agentes de cambio en los lugares donde están las palancas de transformación.
Quizás los resultados de las primarias nos fortalezcan en este esperar de la política, de que es posible elegir a gente que logrará que la sociedad cambie para bien.