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La renuncia del Secretario General


No soy partidario de identificarme ante los lectores en función de los cargos que he desempeñado. Esta vez lo hago de manera excepcional, por razón del tema y porque hasta fecha muy reciente representé a Panamá en este organismo regional. Después de transcurridos 56 años, y de varios intentos fallidos, un representante de la región centroamericana alcanzó la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos. Desde la creación del organismo continental, en 1948, todos los ocupantes del cargo fueron suramericanos: Lleras Camargo, Colombia; Carlos Dávila, Chile; José A. Mora, Uruguay; Galo Plaza, Ecuador; Alejandro Orfila, Argentina; Joao Baena Soares; Brasil; y César Gaviria, Colombia.
Aunque en la OEA no existe regla escrita al respecto, y tampoco la práctica de las Naciones Unidas de rotar la Secretaría General entre las diferentes áreas geográficas, cuando tocaba suceder al colombiano César Gaviria, se generó la tendencia de favorecer el "turno" del GRUCA, el grupo regional integrado por Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y la República Dominicana. Sin embargo, ello no evitó que varios países suramericanos, discreta o abiertamente, también adelantaran aspiraciones. A la postre, sólo Chile formalizó la candidatura de Miguel Insulza, pero la retiró ante la ventaja insuperable conseguida por el expresidente Rodríguez, que contaba con el apoyo del Caribe (15 votos), de casi todo el GRUCA y de varios países suramericanos.
Aparte de Miguel Angel Rodríguez, en la región centroamericana, hasta donde se sabe, hubo otros dos precandidatos: el excanciller Eduardo Stein, de Guatemala, conocido en nuestro país por haber residido entre nosotros como funcionario de un organismo internacional, y el entonces presidente de El Salvador, Francisco Flores. Eduardo Stein finalmente no corrió, porque el candidato a la presidencia, Oscar Berger, lo escogió como compañero de nómina. Hoy es Vicepresidente de su país. La candidatura de Flores se mantuvo latente pero nunca se oficializó. Y antes de la asamblea de la OEA de Quito, anunció que no sería candidato.
En esa asamblea, en junio pasado, fue electo, por unanimidad, Miguel Angel Rodríguez. Como delegado de Panamá tuve la oportunidad de ser testigo de esa elección. Hubo consenso en que se había elegido a un magnífico candidato y que su papel al frente de la Secretaría General sería positivo para el futuro de la OEA. Lo ocurrido después es conocido y los efectos de su renuncia todavía serán objeto de muchos y variados comentarios. Por ahora, quiero señalar algunos de ellos.
La renuncia del nuevo Secretario General se hizo necesaria, dada la imposibilidad que tendría para desempeñar con efectividad el cargo. La OEA requiere de un Secretario General que contribuya, desde el primer día, a levantar se deteriorada imagen y las circunstancias en las que se encuentra envuelto el expresidente Rodríguez, sin prejuzgar sobre su culpabilidad, hubieran sido un lastre insuperable para su gestión. En ese sentido, la decisión que finalmente ha tomado tiene un efecto positivo.
El efecto negativo inmediato de la renuncia del Secretario General, es que Centroamérica, después de haber esperado por 56 años para llevar a un representante de la región a esa elevada posición está en peligro de perder esa conquista. Ya han surgido algunos aspirantes de otras regiones, especialmente la suramericana.
Centroamérica enfrenta el reto de proponer, y cuanto antes mejor, una candidatura de consenso, que sea una figura de intachable trayectoria y reconocido prestigio. Si por diferencia intraregionales se dilata la selección del candidato o candidata, se corre el riesgo de perder una oportunidad que no se repetirá con facilidad.
Los presidentes de la región deben asumir un protagonismo central y seleccionar por consenso un nuevo candidato de Centroamérica. Si la región se pone rápidamente de acuerdo e inmediatamente se solicitan los apoyos necesarios, especialmente de la Comunidad del Caribe, que le brindó un respaldo irrestricto y decisivo al candidato costarricense, el éxito es posible.
Creo que el caso amerita una reunión, a muy corto plazo , de los presidentes de la región. Y Panamá, por ocupar actualmente la presidencia del Consejo Permanente de la OEA, debe asumir el liderazgo para coordinar ese esfuerzo.

101 años de Panamá América

 
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