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La resonancia de un olvido


La noticia es trágica: los símbolos que nos identifican como panameños, es decir, la primera Bandera, cuyo izada en rebeldía hace 103 años celebramos hoy; el Escudo, y la partitura original del Himno Nacional, están en camino a ser material de deshecho. Este lamentable suceso fue registrado en la portada de este rotativo el día ayer, y no era para menos.
El abandono en que se encuentran dichos emblemas no es otra cosa que un escándalo, y representa una campanada más sobre la índole de administradores de la cosa pública durante los últimos años, y más aún de la agenda de los gobiernos, que han dejado de lado valores espirituales fundamentales para concentrarse en objetivos crematísticos e inmediatistas, cuando no en sus propios intereses.
Se olvidan del ser panameño, que debiera entenderse como el eje y pivote de la política; de la familia, de la importancia de la educación y, como vemos, de la riqueza de la historia como surtidor de valores patrióticos y de vectores que marquen rutas y parámetros en la conducta cívica.
Esta preferencia por el corto plazo no es exclusiva de nuestros gobernantes. Es que la sociedad en pleno no hace otra cosa que reaccionar a coyunturas, es poco creativa y previsora, y responde a los acontecimientos mediante esquemas sensoriales. Es incapaz de entender valores abstractos que darían sustento a proyectos de mayor alcance en el tiempo, y fundamentaría un país moderno y poderoso, pues sus bases estarían puestas no en cosas, sino en el recurso humano y en principios trascendentes.
He aquí el gran significado de este olvido al que están sometidos nuestros primigenios símbolos patrios. No es nada más la pérdida de la tela, el papel o el óleo como piezas artísticas e históricas. Se trata del quebranto de la memoria, situación cruel para un país. Sobre todo para uno como Panamá, tan rico en efemérides que nos definen como pueblo.
Hoy más que nunca hace falta ese acervo de valores cívicos. Panamá requiere de ese combustible espiritual capaz de mover montañas, pues los compromisos humanos, económicos y políticos presentes y futuros son inmensos. Si nos mantenemos así, ajenos a la riqueza de nuestra historia y las divisas que dieron luz los panameños de 1903, pronto habremos perdido mucho más que esas cosas viejas, habremos perdido el alma y el futuro de la patria.

101 años de Panamá América

 
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