La responsabilidad
Habitualmente se dijo que la sociedad posee una responsabilidad ineludible en la formación y el forjamiento de las generaciones de relevo; es decir, en esos pinos nuevos que vienen creciendo y que inexorablemente asumirán, en algún momento, la dirección del país.
Es innegable que parte de esa tarea se está cumpliendo pese a las serias amenazas y tentaciones que rodean a esas nuevas generaciones.
Sin embargo las imágenes y las informaciones cotidianas evidencian distorsiones que podrían estar colocando en riesgo el futuro mismo de esta sociedad que ha costado tanto forjar. Es cierto que la mayoría de nuestros jóvenes obedece todavía a sanos patrones de conducta, resultado de un entorno familiar que se resiste a perderlos en ese mar de ofertas diabólicas que a menudo se observan en distintos escenarios. ¿Pero hay acaso un muro de contención que ayude a mantener esa realidad?
Casi hasta la adolescencia nuestros muchachos responden al escudo familiar o a la incidencia escolar pero, luego, ese nato deseo de encontrarse a sí mismos, los convierte en una especie de caldo de cultivo de comportamientos irregulares, muchos de los cuales resultan inexplicables para los propios padres.
Hay quienes sostienen que el mercado ha sometido de tal manera a la sociedad que hasta el tiempo que los padres deben dedicar a sus hijos corre a la suerte de la oferta y la demanda, en lo que deviene en una especie de atrofia social, porque el ejemplo que no recogen en el hogar lo copian de modelos callejeros. Y allí hace crisis el viejo lema del insigne argentino José Ingenieros cuando afirmaba que "la energía juvenil crea la grandeza moral de los pueblos". La energía les está dada naturalmente por su desarrollo biológico, pero la "grandeza moral" depende en gran medida del ejemplo de sus padres y de las autoridades, del contacto y los intercambios permanentes, sobre todo en una sociedad que, como la de hoy, está permanentemente acosada por un sinnúmero de mensajes que, no todo el tiempo, contribuyen al forjamiento positivo de esa generación relevo por la que, quizás, el Estado y la sociedad debieran preocuparse un poco más.