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La responsabilidad de los panameñistas


El Panameñista es el partido de más larga tradición en nuestro país, ya que sus orígenes se remontan a la década del 20 del siglo pasado con el Movimiento de Acción Comunal. Es, además, el colectivo más grande de la oposición en la actualidad, con el mayor número de inscritos y de funcionarios electos por votación popular.
Así que, cuando se habla de la necesidad de contar con un efectivo contrapeso al gobierno y de unificar a la oposición, el partido al que pertenezco le cabe una enorme responsabilidad en la tarea de alcanzar dichos objetivos.
Por lo antes anotado, las diferencias internas en el Panameñismo, que hoy día se ventilan públicamente, son o deben ser de interés para todo aquel que se preocupa por el futuro de la democracia panameña. Y es que sin partidos fuertes, sin partidos de gobierno y de oposición bien estructurados, corremos el riesgo de caer bajo el control de políticos autoritarios con discursos populistas, al estilo de algunos de los que hoy gobiernan en Suramérica.
Durante la pasada campaña interna fui candidato a la presidencia del partido sobre una propuesta fundamentada en cuatro puntos: Construir la unidad partidaria, a través de un presidente de partido que no pretendiese ser candidato a la Presidencia de la República; fortalecer nuestro rol opositor, a través de un liderazgo que diera la cara; consolidar la unidad opositora, promoviendo la figura de la primaria interpartidaria; y por último, reinventar el Panameñismo, mediante un profundo debate sobre la identidad ideológica de nuestro colectivo. Al final, decliné mis aspiraciones a favor de Juan Carlos Varela, por razones que ya he explicado en un artículo que fue publicado en aquel momento.
Lamentablemente, transcurridos poco más de siete meses desde que en la Convención Nacional se escogió al presidente del Partido, la unidad partidaria sigue siendo un reto por alcanzar y el rol opositor del Panameñismo ha sido duramente cuestionado, algunas veces de manera injustificada.
A mi juicio, los dirigentes panameñistas tenemos una enorme responsabilidad por delante y por ello, la prudencia debe constituirse en uno de nuestros principales atributos. Debemos tomar decisiones con cabeza fría y no producto de emociones pasajeras. Las bases del partido ven con estupor cómo dirigentes nacionales del mismo emplean más tiempo en atacarse entre sí que en cuestionar las promesas incumplidas, la corrupción rampante y la ineficiencia administrativa del actual gobierno.
El camino de construir un Panameñismo fuerte, que se convierta en ente catalizador de una gran unidad opositora, no pasa ni por las actitudes tipo "después de mí, el diluvio" ni por la pretensión de hacer "borrón y cuenta nueva".
El Panameñismo ha logrado sobrevivir a casi un siglo de agitada historia, precisamente porque tiene una trayectoria de sacrificios y de realizaciones, de fracasos y éxitos, que forma parte de una herencia que nos identifica a los panameñistas. Pretender olvidarse de todo eso y renegar de nuestro pasado, es atacar precisamente una de nuestras principales fortalezas. La reinvención del panameñismo implica partir de nuestro pasado como base, no tumbar esa base para construir algo totalmente nuevo, que ya no sería panameñismo.
Desde estas páginas, hago un llamado respetuoso a todos los dirigentes de nuestro partido, a los miembros de la Junta Directiva, a los directores nacionales, a los ex presidentes del colectivo y a los miembros de la bancada panameñista para que juguemos el rol que nos corresponde en esta difícil coyuntura.
El país necesita un Partido Panameñista fuerte, democrático, que realice un amplio debate interno, sobre la base de ideas y propuestas, no de descalificaciones personales; que se enfrente a las pretensiones totalitarias del PRD, como lo hemos hecho en el pasado; que sea el facilitador de una alianza opositora, que defina su candidato de la manera más democrática posible, es decir, a través de los votos, al estilo de la Concertación en Chile.
Lo que el país no necesita ni los panameñistas merecen es un Partido Panameñista sacrificado en el altar de los egos y las diferencias personales.

101 años de Panamá América

 
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