La revolución cubana
En la madrugada del 1/1/1959 mis padres me despertaron; me dijeron que Batista había huido y que nos íbamos para casa de Ramona, la tía de mi padre. Despertamos a Ramona y su hija Edita, que empezaron a llorar de alegría cuando conocieron la noticia. Un hijo de Ramona, René, había sido uno de los principales dirigentes del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en la Habana; desde hacía unos ocho meses se encontraba en la Sierra Maestra.
René de los Santos Ponce fue un cercano colaborador de Fidel Castro, desde los tiempos en que ambos militaban en el Partido Ortodoxo. Siendo jefe del M-26-7 en Guanabacoa, era uno de los más buscados por los cuerpos represivos de la tiranía, a tal punto que uno de los peores criminales, Esteban Ventura Novo, había dado la orden de matarlo en el lugar donde lo encontrasen.
Guanabacoa (Habana) y Sagua la Grande (Las Villas) fueron las únicas ciudades que el 9/4/1958 estuvieron en poder del M-26-7, con motivo de la huelga general. Al fracasar la huelga, la tiranía comenzó la cacería de los revolucionarios. René se escondió en casa de mis tías paternas. Hacía tiempo que no veía a René, pero recordaba sus discusiones con mi padre, que siempre se opuso a la violencia. Antes de hacer la acostumbrada visita dominical a mis tías, mis padres me insistieron en que no podía decir nada relacionado con René; esa advertencia estaba de más, yo sabía lo que le pasaría si lo encontraban. Siendo un niño, ya había aprendido que tenía que ser discreto, más aún en presencia de policías, soldados y desconocidos. A los pocos días, la Policía cercó la casa. René pudo salvar la vida gracias a que se ocultó en un pozo hecho en el traspatio.
Después de recibir la autorización de Fidel Castro, René pudo escaparse y llegar a la Sierra Maestra, donde después de participar en innumerables combates, fue nombrado comandante del Ejército Rebelde, jefe de la Columna 10 y segundo jefe del III Frente Santiago de Cuba.
Cuando estábamos hablando con Ramona y Edita, no sabíamos si René vivía. Al poco tiempo, llegaron la esposa de René y sus tres hijos. A media mañana, cuando no cabía más nadie en la casa, llegó un vecino con la noticia de que en una alocución radial que había hecho Fidel, ordenaba que le buscaran a René de los Santos. Empezamos a gritar de alegría. Ni Fidel Castro ni nosotros sabíamos que al frente de la columna 10, René había capturado el cuartel Moncada -la segunda fortaleza de Cuba- sin hacer un disparo.
Nunca he visto tanta alegría como la que se vivió en Cuba en esos días. Había triunfado una revolución comprometida con la justicia social, que terminaba con casi siete años de tiranía. Pronto se empezó a conocer que en otros países también despertó las simpatías de millones de personas.
Como expresó el escritor Jesús Díaz: "La Revolución Cubana significó el momento más alto de la esperanza latinoamericana desde la independencia".
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